Dispenser

Dispenser2Por Ana Navia

En casa necesitábamos ese soporte con canilla, para el bidón de agua, pero no queríamos pagar por uno. Un compañero del trabajo me dice que si se lo pedimos al hombre del agua seguro me lo regala. El hombrón, un morocho altísimo, simpático y de vozarrón de repartidor. Le pedimos y accede, yo tenía en la mano una de mis historias, y le ofrezco un trueque, acepta el cuento a cambio del “dispenser”. Lo lee ahí mismo. Dice que es muy bueno, y que le recuerda una época pasada en la que vivía al costadito de las vías, y las historias bravas que el tren traía. Cuenta que una madrugada escucha gritos, y sale de su casa a ver qué pasaba. Y ahí los ve, un grupo de hombres mareados cargando con las partes, los trozos de otro, arrollado hacía instantes. Era como el amanecer de los zombies, dice riendo. Me hiciste acordar….

A veces nos cruzamos, él bidón al hombro, yo fumando un pucho en la puerta o caminando por los pasillos, me pregunta si sigo escribiendo, y recomienda repartir los cuentos en la sala de espera, y que la gente se lea.

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