Audiencia 42 / Inicio de la causa Las Lajas y otras

09-11-17 / Una jornada con numerosos testimonios. Por un lado, se trató la detención ilegal de Marcelo Straniero y la de un grupo de armeros; todos recluidos en el D2. Por otro, con la declaración del sobreviviente Emilio Luquese inició el análisis de la causa Las Lajas. Asimismo, se escuchó al cuñado del desaparecido Osvaldo Zuin y a María Rosario Carrera. Por Mauricio López, atestiguó su hermano Carlos.

Texto e imágenes por: Colectivo Blog Juiciosmendoza

(https://juiciosmendoza6.wordpress.com/)

ESTADO CREPUSCULAR
La Semana Santa de 1981, Marcelo Straniero fue al aeropuerto a recibir a su hermano que regresaba de Panamá. Cuando revisaban el equipaje hallaron “libros prohibidos” y ambos fueron detenidos en ese mismo momento. De allí fueron trasladados y alojados en los calabozos del D2, un lugar “frío y oscuro”, dijo el testigo.

Preguntado por torturas psicológicas y físicas dijo que le dieron patadas en los pies y fue sometido a una luz muy fuerte mientras lo interrogaban.

Asimismo, fue indagado por la Fiscalía sobre su paso por el D2 y si había reconocido a alguien. Al respecto respondió que tenía un estado crepuscular de conciencia, por lo que no pudo aportar más datos.

La Fiscalía intentó que evocara un episodio declarado con anterioridad, acaecido en la Plazoleta Alem (lugar donde el imputado Usinger tenía un puesto de antigüedades). Tampoco pudo confirmar esos dichos.

Finalmente, sugirió le tomen declaración a su padre que recordaba con mayor claridad lo sucedido a él y a su hermano. Dada la avanzada edad de Hugo Straniero, el Tribunal acordó constituirse en horas de la tarde en el domicilio para cumplir su cometido.

El testigo-víctima permaneció en el D2 entre el jueves y el domingo de semana santa, desde donde fue liberado.

LAS LAJAS
En este VI juicio se busca dilucidar lo acontecido en Las Lajas, campo de tiro de la Fuerza Aérea donde unos pocos sobrevivientes dieron cuenta de la presencia de desaparecidos/as. Hay indicios de que podría ser destino final, lugar de exterminio de víctimas del terrorismo de estado, en Mendoza.

Emilio Alberto Luque estuvo detenido en “Campo Las Lajas” en octubre de 1976. Luego fue trasladado a San Luis y liberado en esa provincia, el 18 de diciembre de ese año. En la jornada de hoy brindó testimonio sobre su paso por dicho centro clandestino de detención y sobre las otras personas allí alojadas.

Luque comenzó narrando que en el año 1976 se mudó a San Luis para estudiar Geología. Se hospedaba en una pensión con otros dos estudiantes. En una ocasión, la dueña los reacomodó en otras habitaciones y compartió brevemente cuarto con Santana Alcaraz. Tiempo después se enteraría que era miembro de la organización Montoneros.

Dos meses más tarde, por una mala situación económica y anímica, decidió regresar a Mendoza. El 28 de octubre, dos individuos se presentaron en su domicilio familiar y lo interrogaron con la excusa de un “censo estudiantil”. Las dos personas regresaron ese mismo día, le mostraron un arma y lo introdujeron en un Falcon.

Fue llevado con la cabeza baja a punta de pistola pero reconoció haber atravesado el Departamento de Las Heras y haber doblado a la derecha a la altura del Barrio Municipal. En ese momento supo que lo trasladaban al campo de tiro de la Fuerza Aérea: lo conocía por haber jugado en esa zona siendo niño. Una vez allí, lo condujeron a una carpa donde fue atado a una camilla. Fue torturado con picana e interrogado acerca de su estancia en San Luis, especialmente sobre Santana Alcaraz. El testigo reconoció dar “nombres falsos” de “personas verdaderas pero limpias” y recordó un mesón con varios individuos sentados que hacían las preguntas.

Luego lo condujeron a una construcción de chapa donde había muchas sillas con personas vendadas y atadas, dispuestas en un gran círculo. De a ratos, inclinando su cabeza hacia atrás, podía mirar por debajo de la venda: calculó que se trataba de unas quince personas, algunas de las cuales hablaban. Así supo que uno de los detenidos era salteño, mientras que otro lloraba temiendo su asesinato por haber participado del atentado en el que murió el cabo Cuello.

También a un interrogador que se hacía llamar “el cura” porque se jactaba de “crucificar” a quienes mentían.

Un día más tarde, el 29 de octubre, lo trasladaron a San Luis, atado de pies y manos, en el baúl de un Fiat 125 que logró identificar a través de la venda.

Allí, permaneció detenido hasta su liberación, en diciembre de ese año. Dijo no haber sido interrogado con picana y supone que puede haber intercedido por él el Capitán Plá, con quien jugó al rugby en su breve paso por dicha provincia.

El 18 de diciembre fue liberado en un descampado sobre la ruta. Le dijeron que hiciera la denuncia por extravío de documentación en la seccional policial de Río Cuarto. También le entregaron algo de dinero. Así lo hizo y desde un hospedaje pudo comunicarse con su familia. Supo después la intensa búsqueda que había emprendido su madre con ayuda de un tío suboficial retirado de la Fuerza Aérea: presentaron habeas corpus ante la Justicia Federal, en comisarías. Según el testigo, dada la situación, su tío “se jugó la vida”.

Nolberto Sellei Mellado es el esposo de Elba Zuin. Fue convocado para que relatara cuanto supiera sobre el secuestro y desaparición de Osvaldo Zuin.

Al respecto el hombre relató que, días después de que allanaran la vivienda de los padres de Zuin, Osvaldo tomó contacto con su hermana, a la salida de la escuela donde trabajaba. Recordó que conversaron rápidamente. Él le manifestó que saldría del país y le dejó un dinero para que Elba lo entregara a otra mujer. Esa fue la última vez que lo vio.

Dijo que durante décadas supusieron que Osvaldo estaba en el exterior hasta que, por una nota periodística, conocieron que fue visto en Campo Las Lajas. Recordó que el 28 de mayo de 2004, el diario Los Andes publicó las declaraciones del sobreviviente Ferreira en las que señalaba que había compartido cautiverio con el profesor Mauricio López y Osvaldo Zuin, en el CCD Las Lajas.

En relación al allanamiento en casa de sus suegros, Sellei manifestó que fue en 1977. Agregó que en el procedimiento actuaron muchas personas; reventaron la puerta en busca de su cuñado y “se robaron todo”, dijo.

Asimismo señaló que Osvaldo trabajaba en YPF y se dedicaba al teatro. Sobre su militancia señaló que repartía panfletos del ERP, por lo que suponía pertenecía a esa corriente.

María Rosario Carrera, Mariú, compartía militancia y elenco teatral con Osvaldo Zuin. Ambos habían comenzado a militar en Buenos Aires en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) “llevando el arte a donde nunca llegaba”: las villas y barrios más humildes.

Allí formaron el “Grupo de Teatro Testimonial” y más tarde el elenco “La Pulga” junto con Rubén Bravo y Raquel Herrera, quienes permanecen desaparecidos/as. Además, participaban de la Asociación Argentina de Actores. La testigo afirmó que Osvaldo llegó a desempeñarse como su responsable político.

Ya de vuelta en Mendoza, Osvaldo había logrado escapar del domicilio de Blanca Santamaría, durante su secuestro, con ayuda de un vecino. Desde dicho episodio supo que era perseguido y que no podía regresar a la casa de su familia en Maipú, como le relató a Carrera.

Ella aseguró haberse reunido con él una vez más en la casa de su hermano Marcelo cuando su esposo y compañero de elenco, Rubén Bravo, ya había sido detenido y el PRT se encontraba disuelto en Mendoza. Finalmente, tanto Zuin como Marcelo Carrera y su esposa, Adriana Bonoldi, fueron secuestrados y desaparecidos.

Pasados los años, Carrera, miembro de Familiares de Detenidos Desaparecidos, pudo reconstruir a través de los testimonios de otras personas, que Osvaldo Zuin se había trasladado a Córdoba por seguridad, en enero de 1977, donde siguió militando en la organización. Allí conoció a María Celeste Seydell, quien aseguró que fue detenido en el mes de abril cuando volanteaba en una fábrica, momento en el cual recibió un disparo en la pierna. Posteriormente, fue conducido al Centro Clandestino de Detención “La Perla” de esa provincia.

Justamente, una sobreviviente de La Perla, de apellido Meschiatti, declaró haber visto a Zuin herido en dicho CCD y aseguró que fue trasladado a Mendoza. Por investigaciones posteriores se supo que Zuin había estado detenido en Las Lajas en el mismo momento que Mauricio Amílcar López.

Finalmente, relató que parte de la familia de Osvaldo pensaba que permanecía en el extranjero. No así su padre, quien le comentó que tenía la certeza de que su hijo estaba detenido.

Carlos Alberto López brindó testimonio sobre la detención de su hermano Mauricio.

Mauricio Amílcar López estudió Filosofía en Mendoza. Ejerció la docencia y se desempeñó durante 15 años como Secretario General del Concilio Mundial de Iglesias en Suiza. Se doctoró en Teología y Filosofía en la Sorbona. A su regreso de Europa fue nombrado Secretario General de la Juventud Americana por la ONU y tuvo a su cargo la recepción de exiliados chilenos por el golpe militar en ese país. En 1973 asumió el cargo de primer rector de la nueva Universidad Nacional de San Luis que ejerció hasta su remoción producto de las transformaciones políticas.

Además de una reseña de la vida de su hermano, Carlos explicó que a las tres de la madrugada del primero de enero de 1977, luego de los festejos de fin de año, apareció una persona en la casa de la familia López con la excusa de entregar un telegrama. Poco después, varios individuos rompieron la puerta e ingresaron directamente al primer piso donde dormía Mauricio. Lo obligaron a vestirse, ataron a la cama a su madre y su hermana y lo subieron a un auto sin patente. Todo esto fue relatado por su sobrino, que pudo refugiarse en el techo de la vivienda y observó los tres vehículos y la gran cantidad de personas que participaron del operativo. No estaban uniformados pero hablaban como tales.

Al día siguiente, su hermano Raúl, presentó un Habeas Corpus. Tiempo después, la familia recibió una carta timbrada en Chile y escrita de puño y letra por Mauricio López, en la que aseguraba estar bien y buscaba tranquilizarlos. Según el testigo, lo interpretaron como una maniobra para despistar sobre su paradero.

Posteriormente, una persona que estuvo detenida en Las Lajas y que luego se radicó en Córdoba, aseguró haber hablado mucho con Mauricio durante el cautiverio en este CCD. Después de años de silencio absoluto se animó a declarar. Carlos afirmó haber conocido a este sobreviviente hace unos diez años en un acto homenaje.

Por último, aseguró que el propio embajador de Holanda vino a Mendoza tras la detención de López a intentar obtener información, pero luego de varias entrevistas y tratativas, no consiguió nada.

Una vez finalizada la indagatoria de la Fiscalía,el presidente del Tribunal, Daniel Cisneros, consultó a la defensa si tenía preguntas. El defensor particular de Santamaría, Carlos Benavidez, entre otros interrogantes, se interesó por el sobrino de López y le planteó preguntas fuera de lugar. Interpeló al testigo acerca de por qué había huido y se había ocultado en el techo cuando llegaron los captores. Si el joven estaba implicado o participaba en algo. Realmente asombroso e improcedente.

LA NOCHE DE LOS ARMEROS


Fue Mario Lorenzo Cascarano el primero en declarar lo que sucedió a partir del 26 de abril de 1979. El testigo tenía una armería y siempre trabajó de eso como comerciante. La noche de aquel día fue secuestrado por dos personas, una de las cuales conocía personalmente y era el oficial Siniscalchi del D2.

Fue llevado a ese centro clandestino, donde estuvo detenido con Carlos José Mauri, Kaisaló, Mosas -armeros también-, Banco que era mecánico de autos y un chileno cuyo nombre no recordó. Cascarano era muy amigo de Mauri, un militar retirado de unos 70 años que también se dedicaba a la armería; eran colegas. Estando en cautiverio, él le comentó al testigo que le habían pegado. Un día “le hicieron algo” y lo llevaron al Hospital Militar. No lo vio nunca más.

Además, aclaró sobre aquel hombre chileno que estaba en muy mal estado. Contó que un día lo bañaron y lo vistieron para dárselo a un obispo. En realidad se refería a Oscar Miguel Pérez pero no sabía su nombre. Y fue liberado por las tratativas del cónsul del país vecino.

El testigo estuvo en el D2 aproximadamente un mes, lo citaron a declarar al Comando y luego lo trasladaron junto con Banco a Caballería de la policía de Mendoza. Ocho meses después fue alojado en la cárcel de Mendoza hasta que el juez Garguir le dijo que se fuera, en abril de 1981. Aunque cree haber tenido una causa en la justicia federal, nunca supo la razón de su detención.

Gabriela Irene Mauri, hija de Carlos José Mauri, relató que su papá había sido militar y se había retirado muy joven. Conservó su oficio de mecánico armero y se dedicaba a eso. Vivían ella, su mamá y su papá en una casa del barrio Unimev.

El 26 de abril del ‘79 golpearon la puerta cuatro hombres que buscaban a su padre.Al no encontrarlo volvieron a la noche. Revisaron todo, “dieron vuelta la casa”. Se llevaron caños de armas y armas de personas conocidas. Nunca devolvieron nada.

Ella buscó a un vecino para que fuera testigo pero se llevaron a Carlos José Mauri en un Falcon blanco sin patente.

Su mamá y Martínez, el vecino, recorrieron distintas seccionales policiales pero no lo encontraron. La expareja de la testigo, Juan Carlos Ruiz, era abogado y subteniente de reserva. Trabajaba en la auditoría del Comando y por eso hizo algunas gestiones, pero recién 9 días después supieron que estaba en el D2 y le dieron algo de ropa.

Luego de 21 días lo llevaron al Hospital Militar porque se le subió mucho la presión. Cuando lo sacaron del D2, y ellas pudieron verlo, tenía el tabique de la nariz quebrado, los ojos morados y las muñecas marcadas; “dijeron que lo detuvieron por venta de armas a la subversión”, agregó.

Estando en el hospital se enfermó de cáncer y recibió múltiples tratamientos paliativos. Allí lo tenían solo en una habitación, en carácter de detenido. Recuperó su libertad el 31 de diciembre del ‘80. “Mi papá salió en cama, nunca se levantó. No fue nunca más la persona que era antes de que se lo llevaran”, contó la mujer. Carlos José Mauri murió el 25 de octubre del 1981.

Gabriela Irene Mauri relató que por la detención de su padre, relacionada con “la subversión”, ella fue echada del hospital San Juan de Dios, donde trabajaba.