Audiencia 41 / De la incertidumbre al tormento

03-11-17 / Se trató la causa por la detención ilegal y torturas aplicadas contra Fredi Ramírez Longo, quien permaneció privado de su libertad durante cinco años. Luego, su esposa, Silvia Camacho, y dos exdetenidos, Pedro Coria y Daniel Paradiso, fueron indagados por los hechos que los involucran y convalidaron los dichos de la víctima.

Texto e imágenes por: Colectivo Blog Juiciosmendoza

(https://juiciosmendoza6.wordpress.com/)

Fredi Ramírez Longo fue detenido en la vía pública el 11 de septiembre de 1978. En ese momento trabajaba en la librería Simoncini del centro y vivía en el Departamento de San Martín con su familia. Estuvo veintiún días recluido en el Departamento de Investigaciones de la Policía de Mendoza (D2) y cinco años en total entre las distintas unidades penales a las que fue llevado.

El día de la detención se disponía a regresar a su domicilio después de visitar a su cuñada cuando fue interceptado en pleno centro de la ciudad por personas de civil con armas. Forzaron la ventana de su vehículo y lo obligaron a descender. Ramírez se resistió y recibió golpes por lo cual varios transeúntes se reunieron alrededor. Poco después se detuvo un Ford Falcon celeste, que identificó como vehículo policial, cuyos pasajeros auxiliaron a los captores para subir a Ramírez a un Peugeot 504.

Por el recorrido realizado reconoció haber sido trasladado al D2, hecho que después confirmó al escuchar, diariamente, el timbre del recreo de una escuela próxima que le sirvió para llevar registro de los días. Su paso por este CCD estuvo marcado por los tormentos y las golpizas, la pequeña celda donde solo podía descansar sentado y la escasa comida –muchas veces sobras de otras personas- que le proveían. Sostuvo que lo más terrible, incluso peor que los golpes e interrogatorios, era escuchar los pasos que se acercaban a buscarlo.

Relató que un día le mostraron un álbum de fotos en el cual reconoció a un conocido cliente de la librería, Bonoso Pérez. Por las características de la foto, que mostraba un rostro sorprendido por el flash, Ramírez supuso que Bonoso había pasado por ese mismo lugar antes que él. Posteriormente, también fue fotografiado.

Además, aseguró que lo obligaron a firmar declaraciones sin leerlas, con las cuales le iniciaron una causa en la Justicia Federal. Luego, fue conducido a la penitenciaría provincial donde permaneció dos años. Allí compartió cautiverio con Paradiso, Pardini, los hermanos Coria, Richi, Cuello y Martínez Agüero.

En 1979 el Juzgado Federal determinó la absolución provisoria, que poco después confirmaría la Cámara de Apelaciones. Sin embargo, su libertad no se concretó. Por el contrario, en julio de ese año fue trasladado desde la penitenciaría hacia el D2 para un nuevo interrogatorio, igual de violento que los primeros: estuvo allí vendado una semana. De regreso al penal lo encerraron en una celda de castigo. Poco después se repitió la salida al D2. Cada nuevo episodio era un momento de temor e incertidumbre.

Finalmente, en noviembre lo condujeron ante el Consejo de Guerra, presidido por personal de las Fuerzas Armadas. Allí, lo condenaron a veinte años de prisión. Supo después que el cargo era “asociación ilícita”. El testigo aseguró no haber tenido militancia activa en ninguna organización, sino simple simpatía por la Juventud Peronista y contacto con clientes muy diversos por su trabajo en Simoncini.

El testigo dejó entrever que las idas y venidas eran abusivas, incomprensibles. En los traslados nadie daba explicaciones lo que le generaba una permanente incertidumbre. Esto, sumado a las torturas, fue un verdadero tormento.

En 1981 fue llevado a la U9 de La Plata a la que caracterizó como un régimen más duro, de castigos arbitrarios y encierro constante. Él y las demás personas trasladadas fueron recibidas con un simulacro de fusilamiento. Relató conmovido que en los calabozos de castigo había una pequeña ventana desde la cual, trepado, veía “el sol que se ponía en Mendoza” donde estaban sus seres queridos. Su último año de reclusión lo cumplió en Devoto desde donde recuperó la libertad el 19 de septiembre de 1983.

Una vez concluido su testimonio prestó declaración la esposa de Ramírez Longo.

Silvia Elena Camacho relató el episodio del secuestro de su esposo. Dijo que su padre se enteró por los vecinos de la zona de lo ocurrido y que por dieciocho días no supieron nada de él. Lo buscaron por comisarías sin éxito hasta que a su suegra, madre de Ramírez, le confirmaron que estaba en el D2. Allí llevó ropa y comida y le devolvieron las prendas de su hijo, ensangrentadas por los golpes, hecho que les generó mucha preocupación. Sin embargo, pudieron verlo, por primera vez, en la penitenciaria, luego de pedir autorización.

También confirmó las salidas de Ramírez desde el penal hacia el D2 ya que en una ocasión les negaron la visita porque “estaba incomunicado”. Cuando finalmente se reunieron con él les relató los golpes y el interrogatorio sufrido. Estaba muy angustiado, con hematomas en el rostro.

Camacho relató que tras cinco años de detención, la Corte Suprema de Justicia le otorgó la libertad a su esposo por “cosa juzgada” ya que había sido absuelto en 1979.

“TURISMO CARCELARIO”


Pedro Víctor Coria estuvo preso desde julio de 1975 hasta 1982 y gran parte de su familia también fue detenida. Lo tuvieron en Mendoza, en La Plata, en Caseros. “Turismo carcelario” es como llamaban a sus idas y venidas por cárceles de nuestra provincia y de Buenos Aires, confesó el testigo.

Ya declaró en otras ocasiones por su causa pero se lo citó a este juicio para hablar de la detención de Fredi Ramírez Longo, con quien compartió cautiverio en la penitenciaría de Mendoza desde 1978 hasta 1979. Contó que Ramírez entró muy golpeado a la cárcel y alguna vez lo sacaron para ser interrogado de donde volvía en muy mal estado. “También le armaron un Consejo de Guerra”, confirmó el testigo.

A pedido del fiscal Daniel Rodríguez Infante, Pedro Coria habló de la violenta requisa general del 24 de julio de 1976. Estuvo a cargo de Naman García quien ingresaba al penal como director. Participaron penitenciarios como Bianchi y Bonafede. Otro de los supervisores era un militar de apellido Ledesma que reconoció porque días después del Golpe había entrado al pabellón diciendo que “iban a cambiar las cosas”. Las fuerzas armadas habían tomado la cárcel y ésta quedaba subordinada a los militares.

Daniel Ignacio Paradiso compareció ante el Tribunal para confirmar que compartió detención con Fredi Ramírez Longo. Su cautiverio duró 8 años, desde 1975 hasta 1983, y estuvo en la cárcel de Mendoza tres veces, pero fue trasladado a otros lugares: La Plata, Caseros, Rawson, Devoto. Tanto Paradiso como Coria y Ramírez, compartieron cautiverio en el pabellón 6 de la penitenciaría provincial, del ‘78 al ‘79.

De Fredi recordó cuando llegó en el año 1978. También mencionó la causa de la Justicia Federal por la que había sido absuelto y el Consejo de Guerra. Aclaró que una vez lo sacaron para ser interrogado y volvió muy golpeado.

No pudo precisar la fecha de la requisa del ‘76 pero contó que estuvo marcada por las golpizas permanentes. Había personal penitenciario y también personal externo, quizás del Ejército.