AUDIENCIA 33 / ENTRE EL LICEO MILITAR Y LA CÁRCEL

22-09-17 / A través de los testimonios brindados en la fecha por Rosa Obredor y Rafael Morán, se conocieron detalles del funcionamiento del Casino de Suboficiales del Ejército y su personal. Los mismos son complementarios de las declaraciones escuchadas las últimas semanas.

Texto e imágenes por: Colectivo Blog Juiciosmendoza

(https://juiciosmendoza6.wordpress.com/)

Rosa “Kity” Obredor trabajaba en la Dirección de Tránsito y Transporte de la Provincia cuando fue secuestrada, el 24 de marzo de 1976. La sacaron del domicilio que compartía con su esposo y sus dos hijitos, el último de cinco meses, al que “estaba amamantando”, resaltó.

Fue la primera en llegar “a un lugar cerca de la cárcel…le decíamos La Casita”, apuntó. El mismo es, precisamente, el edificio del Casino de Suboficiales, hoy señalizado como Centro Clandestino de Detención.

Durante el periodo que le toco vivir, el espacio concentraba a unas trece detenidas. Obredor valoró la relación de solidaridad establecida entre las mujeres. “Lo más interesante era salir a limpiar los baños” para eludir el encierro de veinticuatro horas por una de recreo. Las presas no tenían contacto con sus familiares, solo los podían ver cuando pasaban por la calle lateral, con la finalidad de preguntar por ellas.

Obredor comentó que adhería al humanismo y por ese motivo había sufrido su primera detención, en Córdoba, en 1974.

Como sucede habitualmente, la Fiscalía le preguntó sobre el trato recibido. Relató que dos veces fue vendada e interrogada sobre su actividad. Ella reafirmó ante los represores su pertenencia al humanismo; “se burlaban de los ejercicios, de la meditación”, dijo. Agregó que no fue torturada, pero supo que, después que ella salió en libertad, el ambiente se había puesto más pesado.

Preguntada por las personas que compartieron cautiverio, recordó a Sara Bonardell, Cora Cejas, Liliana Buttini y Beatriz García. Además, evocó a una almacenera del FIP (Frente de Izquierda Popular) y a una señora muy mayor, cuyos nombres no se acordaba. Precisamente, junto con la anciana, salió en libertad semanas después de ser detenida.

LA COMPLICIDAD DEL DIARIO LOS ANDES

Rafael Antonio Morán Novillo declaró por los sucesos ocurridos a su esposa, ya fallecida, Norma Sibila. Ella estuvo detenida junto con unas 15 mujeres en el Casino de Suboficiales. El testigo habló con mucha claridad sobre esa situación, pero también sobre la inteligencia y el contexto de persecución política en manos de las fuerzas armadas y de seguridad.

Norma Sibila y su marido eran periodistas en el diario Los Andes. La profesión les hizo investigar y tener más conocimiento sobre aquellos años. Ella era jefa de la sección gremial en el periódico y también secretaria de prensa, justamente, del sindicato de prensa de la provincia de Mendoza. Él era jefe de policiales. Anteriormente, habían trabajado en “Claves”, una revista política de Mendoza, crítica con la dictadura de Onganía. En el diario Los Andes ciertos periodistas rompieron con la censura impuesta por el gobierno militar. “A mí nunca me dijeron por qué fui detenido. Pero a buen entendedor, pocas palabras”, refirió el testigo.

Rafael Morán fue detenido el 24 de marzo de 1976. Otros colegas sufrieron la misma suerte. Hubo un allanamiento en la vivienda del matrimonio, pero no encontraron nada porque ella se había escondido en la casa de un tío. Allí, los abogados Alberto Day y Alfredo Mozzo la visitaban casi diariamente.

Corría la primera quincena de abril cuando a la casa de los padres de Norma llegó un telegrama del diario Los Andes a través del cual la intimaban a presentarse en su lugar de trabajo dentro de las 48 horas, a riesgo de ser despedida. Ella se presentó porque Day se lo aconsejó, explicando que el momento de mayor peligro ya había pasado. Fue detenida en el mismo diario Los Andes.

La recluyeron en el Casino de Suboficiales, un lugar que quedaba entre la cárcel y el Liceo militar, señaló; donde sufrió torturas psicológicas muy fuertes. Otras compañeras fueron maltratadas físicamente. En ese lugar, Norma Sibila encabezó una protesta por las pésimas condiciones en las que las hacían vivir. En septiembre de ese año fue trasladada a la penitenciaría provincial.

En diciembre, un primer teniente de la fuerza aérea que ella conocía y se presentó como Jorge García, le dijo a Sibila que iba a salir en libertad. Ese hombre, explicó Rafael Morán, era jefe de un grupo de entre 10 y 15 torturadores de distintas fuerzas, de los cuales conoció a Pagela. Norma fue liberada el 24 de diciembre de 1976. Por estar proscripta no pudo volver a trabajar sino hasta 8 años después, aunque, por supuesto, no en el diario Los Andes.

DE TORTURADOR A HÉROE DE GUERRA
En la guerra de Malvinas hubo dos situaciones que Rafael Morán relacionó. El 1 de mayo de 1982 se conoció que un capitán llamado Jorge Osvaldo García Cuerva había sido tumbado cuando intentaba arribar al continente. Posteriormente, el 25 de mayo de ese año, se informó que, nuevamente, otro capitán con el mismo nombre había sido derribado de su avión por un misil de una fragata y nunca se lo encontró.

“Ahora bien, ¿tendrá que ver este Jorge García con aquel que se presentó ante mi mujer y le dijo ‘te vas en libertad’?”, se preguntó el periodista. A todas luces hay una situación oscura sobre el destino de García, reiteradamente mencionado como un torturador, por las exdetenidas en el Casino.

DEL ESTADO CRIMINAL
Al preguntar el fiscal Daniel Rodríguez Infante por Mario Susso y Susana Bermejillo, Morán contó que él escribió el copete y el título de la crónica por ese caso. Recordaba el caso con muchos detalles: militancia, lugar donde se encontraron los cuerpos, entre otras cosas. “Todos sabíamos en aquel momento que había grupos paramilitares, parapoliciales e incluso de las mismas fuerzas militares y policiales que cometían este tipo de delitos”, reveló en su testimonio.

Rafael Morán confesó que, antes del golpe, un jefe policial le había narrado el funcionamiento del sistema interprovincial que se usaba para desaparecer personas. No dijo el nombre de aquella persona que le hizo tamaña confidencia por atenerse al deber ético profesional de no revelar las fuentes de información.