AUDIENCIA 32 / OTRA VEZ JUNTAS

21-09-17 / La audiencia reunió a tres mujeres del contingente que pobló el Casino de Suboficiales de la VIII Compañía del Ejército. Tomaron la palabra Olga Salvucci, Liliana Petruy y Silvia Rosa Alliendes. En medio del público, otras compañeras, las escuchaban.

Texto e imágenes por: Colectivo Blog Juiciosmendoza

(https://juiciosmendoza6.wordpress.com/)

El paso de los años es un tremendo obstáculo para la ansiada justicia por los delitos de lesa humanidad cometidos durante el terrorismo de Estado.

El presidente del Tribunal informó que, de acuerdo a un informe médico, cuatro exdetenidas en el Casino de Suboficiales no están en condiciones de declarar. Ellas son Yolanda Cora Cejas, Dora Goldfarb, Liliana Buttini y Susana Nardi.

En cambio, Olga Salvucci abrió las declaraciones de la jornada. Fue apresada el 30 de julio de 1976, cuando llegaba a un domicilio que estaba clausurado por el Ejército. Junto al dueño de casa fue llevada a la Comisaría 4ta. y de allí al Casino de Suboficiales. Completó el itinerario con su traslado a la Penitenciaría y de allí a la cárcel de Devoto de donde salió en 1977. Recalcó que, recién al ingresar al penal de Buenos Aires, fue legalizada mediante un decreto del PEN.

Salvucci ya declaró en un anterior juicio, motivo por el cual el fiscal ad hoc, Daniel Rodríguez Infante, le aclaró que no sería indagada por las torturas sufridas durante su paso por el Casino. A su anterior declaración sobre este traumático punto, agregó que, por las noches, solían tocar un timbre; cuando la guardia atendía le indicaban “quién era la elegida”. Vendada, era trasladada en un vehículo a un lugar cercano donde la interrogaban. Puntualizó que, tanto ella como Vilma Rúpolo y Estela Izaguirre, fueron quienes padecieron tormentos con más frecuencia.

Salvucci dijo que los verdugos solían visitarlas en el lugar donde estaban alojadas para conversar. Pudo reconocerlos por las voces. Mencionó a un tal Willy y a García. Asimismo, diferenció a los guardias de los torturadores. Los primeros tenían un “trato normal”, dijo, y dio los nombres de Ríos y Briones.

Con respecto a sus compañeras de cautiverio dijo recordar a Dora Goldfarb, Norma Sibila, Cora Cejas, Vilma Rúpolo y Estela Izaguirre.

Finalmente señaló que tenía militancia estudiantil en Bahía Blanca, su ciudad de origen. Agregó que el domicilio paterno ya había sido allanado por la Marina, antes de los hechos por ella relatados.

GRAVES CONSECUENCIAS

Liliana Petruy declaró por primera vez. Era periodista del diario Mendoza cuando fue detenida en su domicilio, el 24 de marzo de 1976, por personal de la Policía Federal. Esta delegación fue su primer punto de desembarco; luego la trasladaron al Casino de Suboficiales. Como nota de color, señaló que cuando era trasladada por la Policía Federal hacia el Centro Clandestino, en un retén erigido sobre la Avda.Boulogne Sur Mer, el chofer dio una contraseña equivocada y el auto fue tiroteado.

Al llegar al Casino, tras un furtivo paso por el Liceo, se encontró con un gran habitáculo desprovisto de muebles donde ya había mujeres y fueron llegando más. Días después, por orden de alguien del III Cuerpo, les proveyeron camas y una pequeña mesita donde comían. Durante su estancia en el Casino fue varias veces interrogada sobre sus compañeros.

Cabe recordar que Mendoza no fue ajena a la persecución al periodismo. Además de Petruy, en marzo fueron detenidos los/as periodistas de Los Andes: Alberto Atienza, Antonio Di Benedetto, Rafael Morán y Norma Sibila. También apresaron al jefe de redacción del El Andino -versión vespertina de Los Andes- Pedro Tránsito Lucero junto a su esposa Dora Goldfarb. Meses antes del Golpe había sido secuestrado Jorge Bonardell, cuya esposa Sara, también estaba alojada en el Casino de Suboficiales. La testigo relató que Dora y Norma, por las noches, cantaban a viva voz en la esperanza de que sus respectivos esposos, detenidos en las proximidades, las escucharan.

Las presas no tenían contacto con el exterior. Una vez por semana, permitían que se acercaran los familiares a las instalaciones del Ejército, para cubrir sus necesidades perentorias. Esto se hacía mediante esquelas que iban y venían, revisadas por los guardias.No era permitido el trato directo con ningún pariente.

Petruy también hizo referencia a la “saña especial… por su religión (judía)”, contra Dora Goldfarb, descargada por un miembro de ese CCD. Otra muestra del antisemitismo típico de los nazis que exhibían, frecuentemente, los cuadros de la represión.

Preguntada por quiénes compartieron cautiverio con ella; aparte de las mencionadas, recordó a Vilma Rúpolo, Cora Cejas y Bety García. Además, evocó a una mujer de 80 años, que pasó fugazmente por el Casino, descompuesta por el maltrato recibido y a una jovencita de cabellos rubios largos que, según cree, está desaparecida.

Después de 3 meses, Liliana Petruy firmó una declaración, bajo presión, de que no fue torturada y consiguió la libertad. Al regresar a su vida, el vínculo con su hijito estaba dañado; tanto ella como su esposo habían perdido el trabajo y debieron pasar muchas penurias para rehacerse.

PERSECUCIÓN FAMILIAR

A la declaración de Ricardo Alliendes del pasado jueves 14 de septiembre, se sumó el testimonio de su hermana, también víctima de secuestro. Silvia Rosa Alliendes acababa de cumplir 19 años cuando personal militar uniformado irrumpió en la vivienda familiar. Eran las 2 de la mañana del 27 de marzo de 1976.

Silvia fue llevada junto con su hermano Ricardo, su madre Eda Libertad Sbarbati y su padre Segundo Isau Alliendes a la Comisaría 16, donde permanecieron varios días. Ella fue separada de su familia y encerrada en una habitación, vendada. Las dos mujeres fueron trasladadas al Casino de Suboficiales, lugar en el que las tuvieron recluidas 3 meses.

En este sitio recibió muy malos tratos. Mencionó que en una oportunidad, dos oficiales –uno de ellos de apellido Carelli- la acusaron falsamente de haber estado tirando balas. Se sintió muy asustada porque nunca había agarrado un arma. Además, reveló que su madre también fue sometida a interrogatorios y que una chica que trabajaba en el Tirolés había sido muy golpeada. Estos interrogatorios se hacían en el mismo lugar donde permanecían, pero en otra habitación.

La testigo recordó a otras compañeras de cautiverio: Liliana Petruy, Dora Goldfarb, Susana Nardi, Cora Cejas, Liliana Buttini, Beatriz García, Norma Sibila y María Elena Castro. Respecto de los responsables nombró a Montaña y a Varas o Vargas, pero no supo cuál era sargento primero y cuál ayudante. Había otro hombre morocho del RIM 11 cuyo nombre no pudo precisar.

Cuando recuperaron su libertad notaron que, con el allanamiento al momento del secuestro, los agresores habían robado un anillo de oro de su padre, dinero, discos, bebidas y otras cosas más. Supo que su padre y su hermano estuvieron detenidos en la Compañía de Comunicaciones. Siguieron con mucho miedo de que les volviera a pasar algo así. Nunca tuvo noción de la causa de detención, pero supo que el abogado Benito Marianetti intentó intervenir en la causa familiar y no se lo permitieron.

POSTERIOR DETENCIÓN DE SU PADRE

Segundo Isau Alliendes había militado en el Partido Comunista. Luego de haber recuperado la libertad fue nuevamente detenido. Se lo llevaron muchos efectivos, tras un nuevo allanamiento en el domicilio. En la IV Brigada Aérea fue víctima de torturas que le hicieron perder la audición de un oído. Silvia Rosa hizo memoria y contó que en esa oportunidad vez intervino el abogado Jacinto De La Vega. Trasladado a la penitenciaría, su padre estuvo recluido unos cinco meses más.