AUDIENCIA 30 / MATAR A TODOS PARA EVITAR EL GERMEN

14-09-17 / Ricardo Alberto Alliendes Sbarbati declaró, por primera vez en juicio, debido a los hechos sufridos por su padre, su madre, su hermana y él mismo. Toda la familia fue secuestrada y nunca tuvieron contacto con un abogado ni con personal del Poder Judicial. Estuvieron presentes el fiscal Daniel Rodríguez Infante y el abogado querellante Carlos Varela Álvarez.

Texto e imágenes por: Colectivo Blog Juiciosmendoza

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Habiéndose suspendido la semana pasada la audiencia, hoy tuvo lugar el testimonio pendiente de Ricardo Alliendes, detenido junto con su familia. Por primera vez contó ante un tribunal lo que sufrieron durante la dictadura.

El 28 de marzo de 1976 a las 2 de la mañana irrumpió personal de la IV Brigada Aérea en el domicilio de la familia Alliendes Sbarbati, en Panquehua de Las Heras. El testigo reconoció esa fuerza por el vehículo tipo rastrojero de color azul en el que andaban los agresores. Luego de rodear la manzana y romper puertas y muebles se llevaron a toda la familia. En un coche llevaron a su madre Eda Libertad Sbarbati y a su hermana Silvia Rosa Alliendes. En otro lo trasladaron a él junto con su papá, Segundo Isau Alliendes, encapuchados y atados.

Las cuatro personas permanecieron encerradas e incomunicadas entre cinco y siete días en una habitación de la comisaría 16. Había otra gente en las mismas condiciones, tiradas en el piso. No les dieron de comer en todo el tiempo que estuvieron allí. Su hermano mayor les llevó comida cuando un agente de policía conocido le contó la situación.

En esta seccional policial el que daba órdenes era llamado “Perro Rodríguez” o el Oficial Iturriera, dijo. Esta persona, en varias ocasiones dijo que “iban a matarnos a todos, incluso a los más chicos, porque llevan el germen dentro”. El testigo aseguró no haber tenido militancia política; aunque su padre habría sido cercano al Partido Comunista.

De la comisaría 16 se llevaron a Ricardo y a Segundo al Liceo Militar General Espejo, donde estuvieron en calabozos individuales primero y en una barraca, después. Había entre 80 y 100 personas detenidas. A través del cura Gimeno le hicieron llegar una nota al resto de su familia para que supieran de su paradero.

Durante el mes y medio que estuvieron allí sufrieron interrogatorios bajo tortura. Recibieron amenazas, humillaciones y golpes. Los fotografiaron para registrar sus prontuarios policiales. En este centro clandestino compartieron cautiverio con los hijos del exgobernador Martínez Baca, Forlizzi, Abad, Valderrama, Escobedo, Tasín, Burgos, Defant, Vélez.

Una noche los llevaron caminando por el oeste del complejo hacia el sur hasta llegar al “octavo batallón”. Con esa expresión se conocía el lugar, aclaró Ricardo. Se refería a la Compañía de Comunicaciones de Montaña VIII, y quedó evidenciado porque quien los recibió y controlaba diariamente era el teniente Dardo Migno. Estuvo allí con varias personas, entre ellas, muchas que habían estado en el Liceo Militar. Recordó a un hijo de Martínez Baca, a Guillermo Defant y a Marcos Garcetti.

En la Compañía de Comunicaciones también fue interrogado encapuchado, en una oficina que estaba en el mismo barracón. Cuando los liberaron, nuevamente fue Migno quien les firmó la salida. Supo con posterioridad que su hermana, Silvia Rosa Alliendes, y su madre, Eda Libertad Sbarbati, estuvieron en el Casino de Suboficiales con 15 o 20 mujeres más. Fueron liberadas días después que ellos.

“No tuvimos nunca contacto ni con abogados, ni con fiscales ni con jueces. El único contacto era con las personas que estábamos ahí encerradas, las que nos custodiaban y con las personas que a veces nos llevaban a interrogatorio”. No supo nunca la causa de su detención. En la familia reinaba la desazón y la angustia por no saber lo que venía después. “El terror con que uno vive es permanente”, explicó Alliendes.

Hace dos o tres años buscó su nombre en internet y descubrió haber estado detenido a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.

NUEVA DETENCIÓN DE SEGUNDO ISAU ALLIENDES

El padre del testigo era albañil y electricista. Fue secuestrado nuevamente de su casa en 1978. A través de un conscripto conocido que estaba en la fuerza aérea, supieron que Segundo Isau estaba en la IV Brigada. Le quedó el oído izquierdo dañado producto de los malos tratos recibidos en ese lugar. No recordó si fue Jacinto de la Vega o Carlos Venier, el abogado, que los ayudó a tramitar el traslado de su padre a la penitenciaría, donde estuvo cinco o seis meses. Alguna vez su padre comentó haber estado en el D2, pero Ricardo no pudo precisar cuándo.

El juez Cisneros le ofreció a Alliendes agregar algo además de todo lo dicho: “lo invito a que diga lo que quiera”, dijo. “Lo único que quiero decir es que nunca más esto […] Si uno por pensar distinto tiene que sufrir cárcel, detención o desaparición, que justifiquen ellos su proceder”, concluyó.