AUDIENCIA 28 / CON TODA IMPUNIDAD

07-09-17 / En la jornada prestó declaración Aldo Houri, vecino y testigo presencial del ataque sufrido por Mario Susso, y Norma Martínez, quien por esos días era su novia. También declaró Oscar Guidone para completar el panorama de lo que sucedía en la Compañía VIII de Comunicaciones del Ejército. Finalmente expuso Elizabeth Chiaradía, camarada de Susana Bermejillo.

Texto e imágenes por: Colectivo Blog Juiciosmendoza

(https://juiciosmendoza6.wordpress.com/)

Los dos primeros testimonios dejaron al descubierto la impunidad de la que gozaban los comandos de ultraderecha, probables asesinos de Susso y Bermejillo, y la indiferencia de quienes debían investigar estos crímenes.

Aldo Houri vivía casa por medio de la familia Susso. La noche del 20 de marzo escuchó un gran alboroto y, junto a un vecino de apellido Segura, salió a la calle. El testigo pudo ver a un hombre, a escasos metros, disparándole a Susso con un arma de fuego, mientras la víctima corría. Al agresor lo describió como corpulento, con pelo largo y, agregó, vestía una campera negra con un escudo amarillo. También presenció la llegada al lugar de un auto que entró a contramano, cargó el cuerpo y se retiró raudamente. El auto en cuestión era un Peugeot 404 color marrón. Casualmente horas antes, su pariente, Mustafá Houri, sufrió el robo de un vehículo idéntico en la zona de Papagayos. El Peugeot le fue, posteriormente, devuelto.

Asimismo, dijo que la calle quedó regada de vainas servidas calibre 22, no tuvo conocimiento que la policía se hubiese interesado por las pruebas para esclarecer el asesinato; de hecho, no fueron citados los testigos presenciales del atentado: “es la primera vez que declaro”, manifestó Houri.

En relación a Mario Susso, lo describió como un buen estudiante, miembro del PCR (Partido Comunista Revolucionario); con él solían conversar sobre política universitaria ya que ambos eran estudiantes. El testigo destacó que Mario era defensor del gobierno (de Estela Martínez de Perón) por haber surgido de las urnas.

Norma Martínez, por aquellos días, era la novia de Mario Susso. Fueron vecinos, se conocían desde la adolescencia y estuvieron juntos hasta el desenlace fatal. “Lo conozco mucho”, destacó.

Lo representó como una persona familiera, que le gustaba tocar la guitarra. Tomaba alumnos particulares para dar clases de matemáticas y física y en el final de su vida trabajaba como administrativo en el Automóvil Club. Ubicó el inicio de su militancia después del Mendozazo. También, coincidió en afirmar que pertenecía al PCR y militaba en la agrupación estudiantil FAUDI. Puso de relieve que Mario aseguraba que “había que defender al gobierno democrático”, en referencia a la gestión del justicialismo que conducía el país.

En respuesta al fiscal Dante Vega, la testigo comentó que Mario estuvo detenido en el D2 meses antes, posiblemente a fin del año anterior. Había desaparecido un fin de semana y luego contó que lo habían apresado. También, supo de su preocupación: “me están siguiendo”, le dijo a la salida de un cine. Para más, el domingo anterior a su asesinato, lo fueron a buscar al departamento que estaba alistando para casarse. Eran hombres desconocidos, aseguró.

A modo de hallar alguna explicación al asesinato, Norma Martínez, recordó el clima enrarecido que atravesaba la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y la inquietud de su novio porque había estudiantes de ultraderecha.

MÁS SOBRE LA VIII DE COMUNICACIONES

Posteriormente, Oscar Guidone prestó su testimonio. Aunque los hechos que le ocurrieron a él ya fueron juzgados y no son materia de este juicio, es un testigo clave en la reconstrucción de lo que fue la Compañía VIII de Comunicaciones. El jueves 24 de agosto realizó una inspección ocular en ese centro clandestino de detención. El exdetenido ha prestado declaración en otras ocasiones y sus dichos van a ser incorporados a la causa.

Guidone fue secuestrado de su casa el 2 de junio de 1976 y llevado directamente a la Compañía. Los torturadores llegaban a las 7 de la mañana, lo vendaban y lo llevaban al lugar de tormentos. Recibió “palos, torturas, insultos y menosprecio”, según sus palabras. Producto de los golpes tuvo que ser intervenido quirúrgicamente en el Hospital Militar por una lesión en el bazo. “Si usted estudia medicina, sabe lo que es una segunda eclosión del bazo. Vamos a tener que operarlo”, le dijeron integrantes de la junta médica que lo examinó.

Permaneció alojado allí hasta el 27 de septiembre de ese año, fecha en la que fue trasladado a La Plata.

“Todas las personas que estábamos ahí sufrimos tortura”, aclaró Oscar Guidone. Recordó a compañeros detenidos como Hermes Ocaña y Arturo Galván. Si bien sabe que había superiores, puntualizó al teniente Migno como el responsable del Lugar de Reunión de Detenidos, que más que eso era “un campo de concentración nazi, de acuerdo a las películas”.

POR BERMEJILLO

Elizabeth Chiaradía estudiaba sociología y militaba en el Movimiento Reformista, bajo el nombre de Estudio y Lucha en la Facultad de Ciencias Políticas. Su pertenencia era a la Federación Juvenil Comunista. Por esa razón conoció a Juan Carlos Carrizo, quien formaba parte del centro de estudiantes de la Universidad Tecnológica Nacional y a su esposa Susana Bermejillo, que estaba recibida de la carrera de Letras.

Juan Carlos pertenecía a la lista MOR, de la Juventud Comunista. Susana estaba afiliada al Partido Comunista y su actividad política no era estudiantil. Elizabeth conoció también a Mario Susso, aunque no personalmente, porque era de otra agrupación política. La testigo fue muy clara en cuanto a la situación previa al golpe militar. Reinaba la persecución política a la gente del movimiento popular, a través de intimidaciones en asambleas, recolección de información, amenazas.

El 19 de marzo del ’76, Elizabeth Chiaradía estuvo en el festejo del primer aniversario de casamiento de Carrizo y Bermejillo en el Barrio Bancario. Al salir, a la 1.30 de la madrugada, vio un Falcon oscuro estacionado frente a la vivienda de la pareja, algo que le llamó la atención y sobre lo cual advirtió a Carrizo. Luego se fue a su casa. Dormía cuando la despertó Daniel Carrizo, hermano de Juan Carlos, con golpes en la ventana “¡Lizzi, abrime!”.

Daniel le contó que un comando encapuchado había ido a buscar a su hermano. Hicieron un desastre, golpearon al padre y como Juan Carlos logró escapar, se la llevaron a Susana.

Buscaron al abogado Jacinto De la Vega y, como la pensaban detenida, se dirigieron al Palacio Policial para averiguar. A ese edificio llegó desbordado un chofer de la línea 60 y dijo que había encontrado a una chica y un muchacho muertos. Elizabeth le pidió la descripción de la ropa de la mujer, que coincidía con la que Daniel había hecho de Susana: un pantalón negro y una bata deshabillé blanca. “Dos más dos son cuatro”, dijo la testigo. Dejó todo en manos del abogado y se fue a su casa.

La testigo rememoró la persecución feroz a los estudiantes de la Tecnológica. Según Chiaradía existían comandos de derecha en la tecnológica.