Quiero ser los Underwood

Después de cuatro temporadas con un enorme éxito de público, el 30 de mayo de 2017, se estrenó la quinta parte de House of Cards. Hacer un resumen de la trama argumental de la serie, luego de la repercusión mundial obtenida, podría parecer un exceso de palabras. Sin embargo, es precisamente allí, en ese nudo que de tan obvio resulta tramposo, donde intentaremos desen/tramar la trama a partir de miradas en contrapunto o poniendo nuestras miradas en un cierto punto.

Frank_Claire

Por Valeria Hasan y Pablo Guaycochea

Sabemos a partir de Eco que de un texto pueden darse infinitas interpretaciones pero que por muchas que estas sean, para que no se convierta en una interpretación aberrante, no deben excluirse unas a otras, sino más bien, reforzarse recíprocamente. Es decir, un texto puede tener varios sentidos, pero sin dudas, existe lo que se ha denominado “clausura del texto”: la imposición de unos límites que aseguren la comunicación. Esta clausura para el caso de House of Cards estaría dada por el acuerdo acerca de que se trata de un drama político. Ahora bien, en el marco general de ese drama político, ¿qué pasa en House of Cards?, ¿de qué se trata?, ¿qué cuenta la serie?, ¿qué pasa allí para que durante 5 temporadas, mujeres y varones adultos, de diferentes países, sigan la historia con fidelidad y pasión?

Les presentamos a continuación dos lecturas de la serie que, sí, nos tiene pensando y en abstinencia. Cada quien hizo su reflexión bajo la consigna general de responder la pregunta acerca de qué se trata y qué cuenta la historia bajo la hipótesis previa de que tendríamos, por nuestras diferencias de género, miradas muy disímiles. Como en una cita a ciegas, cada unx escribió su texto sin conocer la producción del otrx y luego las pusimos a dialogar para ZEPA.

De cómo leemos House of Cars: fantasmas, identificaciones, deseo y poder. Nuestro contrapunto

Frank

La apuesta de un contrato de iguales. Mi cierto punto

No vi House of Cards hasta hace tres meses. Impactada por los comentarios acerca de la inminente 5ta. temporada empecé a indagar acerca de la serie entre sus seguidores. Algunos de la primera hora. Otros más recientes. Todos varones. La impresión, incluso hubo quien lo aseveró, era que era una “serie para hombres”, por los temas que tocaba, porque era sobre política, porque había escenas violentas, porque imprimía velocidad y ritmo argumental. Sobre todo, porque se trataba del poder, de política y poder.

¿De qué se trata House of cards bajo la mirada de algunas de nosotras? Desen/tramar la trama puede tomar la forma de un deseo: “quiero ser los Underwood”. ¿Es una provocación? Creo que más bien es una apuesta.

Vi la primera temporada en pocos días. Luego la segunda. Con la tercera ya me convencí de tres cosas: no era una “serie para hombres”; quienes piensan eso solamente están reproduciendo el estereotipo que supone que las mujeres solamente gozamos con las telenovelas y las películas rosa. No se trata solo de política y poder; creo que ese es el meollo justamente. Para terminar, que tenía yo un problema adictivo con el producto o con la historia o con los fantasmas que (me) convoca.

Los tres asuntos están relacionados como puede verse. House of Cards es un relato, en capítulos, que no está pensado para varones, exclusivamente. La historia, como totalidad, desde la primera entrega hasta el último capítulo de la 5ta. temporada, mantiene una coherencia tal que los personajes se van desplegando, mostrando, entrando y saliendo, inhibiéndose, volviéndose vulnerables, debilitándose, empoderándose, callándose o fortaleciéndose de manera tan verosímil que es en ese lugar donde reside, precisamente, el caldo de cocción para la identificación con la audiencia. El matiz de fragilidad que aparece en Claire Underwood, sus lágrimas, su capacidad de sobreponerse a una violación, de exponerse a un aborto, su sensibilidad ante la muerte, su erotismo dormido renacido en un amor (extra) matrimonial, son costados que delinean a un mujer que se va mostrando pausadamente, al ritmo cadencioso de su caminar. Temporada a temporada Claire va desplegando una personalidad que no duda en cumplir las reglas más duras para llegar al punto del destino pautado por la pareja. No es la mujer de Francis Underwood, es el motor del plan Underwood. Sostén, apoyo y rigurosidad para su marido, pero al mismo tiempo, inflexible con sus dobleces, fría, exigente, eficaz, determinante.

De Francis se ha dicho todo ya. Tras una infancia complicada, deviene un adulto cínico, manipulador, mentiroso, no caben en él las emociones ni la sensibilidad. Tuvo en la juventud un amor homosexual intenso con un amigo de la academia militar (único vínculo por el que lo vemos expresar ternura, cambiar el ritmo y el tono de la voz, mostrarse vulnerable) y otros varones ocupan alternativamente ciertos espacios donde el afecto cobra algunas formas (su guardaespaldas Edward Meechum, el escritor Thomas Yates) pero, sin dudas, la política y el poder son su mayor ambición y allí deposita toda su libido.

El contrato entre ellos queda manifiesto en el primer capítulo: es una sociedad de iguales. Tienen un proyecto común y un plan trazado. Veintisiete años juntos avalan ese contrato y sostienen las caídas de uno y otra. No estamos hablando solamente de un matrimonio, estamos hablando de un contrato, con sus reglas, todas a la vista, que no se limita a la formalidad de un papel. Es la puesta en práctica, en la cotidianidad de una pareja, de una igualdad entre pares.

Ambos personajes conocen las zonas oscuras, las fragilidades, las caídas, las sombras del otro y hacen de esto una fortaleza ante un afuera al que deben controlar, incluso de sus propias flaquezas. En este sentido, la incorporación de terceros bajo la figura de infidelidades, tríos o pareja dentro/junto a la pareja cobra un alcance profundo y diverso. En ninguno de los casos el contrato corre peligro sino todo lo contrario. Cada vez, resulta reforzado en la comprensión de que lo más importante para cada miembro de la pareja es el otro miembro y la consecución del proyecto. La incorporación de Yates, el escritor redactor de los discursos del presidente, como novio/amante/pareja de Claire bajo sugerencia, ¿permiso?, del mismo Frank, es quizá la frontera más difusa y arriesgada. “Yates puede ver en Claire lo que Underwood no ve”, según sus propias palabras. Yates le da a Claire, como sí verá sin velos Underwood, una intensa vida sexual además de manifestaciones muy variadas del afecto (risas, lágrimas, caricias) que les permite alcanzar una intimidad propia, que no trasciende las puertas del cuarto pero que los convierte en una pareja (otra) sin dudas.

A lo largo de la serie, Claire pasa de ser la primera dama a ser la presidenta interina de los EEUU. Este tránsito va de la mano de la concreción del proyecto Underwood aunque este debe sufrir algunas adaptaciones para poder cumplirse. Para entender la transformación de la compañera de Frank de los primeros capítulos a la intrigante Claire de la cuarta temporada es necesario observar los guiños del relato. El proyecto de la pareja está trazado desde el origen. Nada hay librado a ningún azar. En todo caso, Claire ajusta, de vez en cuando, las clavijas para que Francis no olvide que el proyecto no es para solistas sino que para cumplirse requiere de un dúo perfecto.

La única forma de ser los Underwood es apostando a la provocación. El deseo es el proyecto.

Claire

La interpelación velada: de esas vidas/cuerpos a nuestras vidas/cuerpos

¿House of Cards es un drama político? Algunos matices pueden ayudar a confirmar, cuestionar o explicar esa clausura. Comienzo por intentar responder ¿Qué pasa en House of Cards? La política estadounidense (¿o universal?) en una descarnada representación audiovisual podría ser la descripción, en una línea, de la serie. Es probable que a esta definición del drama político le salgan al cruce aquellas voces que, más aferradas a la cotidianidad de la práctica política, a la realpolitik, afirman que lo que ahí se cuenta es demasiada ficción. Que la mayoría de las veces se exagera a tal punto que, como efecto no deseado, culmina en un simplismo lineal, casi ingenuo, inverosímil y desmedido –aunque el affaire de los bolsos de López o los Panamá Papers darían rápidamente por tierra con este argumento-.

Sin embargo, más allá de estas idas y vueltas, el acuerdo sobre el marco general del drama político es indudable pero también insuficiente para explicar su éxito. Rompo la cuarta pared:

– ¿Realmente ves en House of Cards una serie que habla de política? Si la respuesta es sí, no te creo. Es imposible intentarlo siquiera. Si eso es lo que en algún momento viste, no es lo que te ha permitido llegar hasta esta última temporada. Lo que te permitió llegar hasta acá es verte a vos aquí. Lo que ves en la serie son tus amores, tus odios, tus miedos, tus engaños, tus aspiraciones, tus secretos… te ves ahí… y además ves un drama político.

Por momentos House of Cards parece voltear el paroxismo. La exhibición sin límites de las relaciones humanas responde, sin demasiado margen de error, a la pregunta respecto de qué trata la serie. Obviamente el condimento de la política es un atractivo ideal, pero lo es más por las exacerbaciones de esas vidas/cuerpos que el contexto propicia, que por el quehacer político en sí mismo. Vale decir: las historias latentes en la vida de los políticos que dirigen una nación tienen una potencia particular, pero existen otros escenarios en donde también se juega muy parecido. ¿Podríamos imaginar que el Frank que hace lo suyo con el perro del vecino en el primer capítulo, al finalizar la escena se presenta como el CEO de una poderosa empresa multinacional? Sí, y posiblemente la trama principal se podría sostener, porque en realidad espiaríamos el mismo ámbito desde otro rincón de la sala.

Recordemos también que el transcurrir inicial de House of Cards se acomodó a la verdadera carrera por la presidencia de Estados Unidos. Esa que finalmente depositó a Donald Trump en el salón oval. ¡¿La realidad superó a la ficción?! ¿El triunfo de la posibilidad inverosímil? ¿Cuáles serán las historias que en la actualidad custodia la Casa Blanca? Me permito imaginar, de puro prejuicioso, que hoy las escenas de la Casa Blanca superan ampliamente los entretelones de los Underwood. Sin embargo, hasta aquí la trastienda de quienes desde Washington han manejado el mundo -salvo algunas famosas excepciones- ha sido cuidada celosamente.

¿Será este el éxito de House of Cards, contarnos lo que siempre ha sido silenciado, lo humano del poder? Porque el drama político –me tomo por un instante la libertad de pensarlo separado de las historias personales de quienes lo encarnan- tiene todos los condimentos: es por momentos atractivo, poco creíble, ingenuo, realista, etcétera, y puede causar impactos de distintas magnitudes de acuerdo a la cercanía/lejanía con la política de quién se acerque a mirar. Sin embargo, las relaciones humanas que ahí se nos presentan y juegan, tan lejanas como cercanas, son probablemente las que no podemos parar de mirar. Quizá porque atienden nuestros deseos más potentes y aquietan nuestras miserias íntimas. Debería ser más riguroso para asegurarlo pero como no es el objetivo de este texto afirmo que sí, que ahí está su éxito: las explosiones de esas vidas/cuerpos que interpelan a nuestras vidas/cuerpos, nos posicionan en un grado de abstinencia sólo reversible con el próximo capítulo.

Al interrogante sobre qué cuenta la serie respondería entonces que la serie nos cuenta cómo esas personas transitan de la mejor manera posible la vida que eligen, la que les toca, la que desean tener, la que se les escapa, la que persiguen, la que les imponen, la que sueñan con alcanzar y la que los alcanza. De alguna manera, nos cuenta el drama de la vida visto desde la política, y nuestro grado de identificación con alguna de esas personas hace el resto. El tono de la serie ha mutado con el transcurrir de los años. El pasaje de la euforia por una ascendente carrera de un político sin escrúpulos y de su socia, a la lúgubre relación íntima en la que supieron sumergirse –consecuencias mediante para sus roles públicos- es claro. Frank y Claire han jugado ya, en el salón oval y en sus camas, casi todas las fichas. Falta develar hasta cuándo podrán seguir el juego. Hay una nueva ventana abierta para la historia, tal vez la última posible. Todo hace pensar que House of Cards ya no tiene mucho más para darnos, sin embargo ese ha sido el truco con el que cada año nos mantiene a la espera de uno más.