Los que marchan

Marcha24-03-17

Fotografía gentileza M.A.f.I.A.

 

Por Pablo Doti

Ahora les impusieron la idea de que las marchas están politizadas, que solo son por intereses partidarios porque todos los dirigentes tienen filiación kirchnerista. Y es cierto que, en general, los dirigentes sindicales son Peronistas. Cuando no marxistas. ¿Y qué van a ser, radicales/Cambiemos? Seamos sinceros, los radicales si alguna vez estuvieron junto al pueblo lo abandonaron allá por los treinta, cuando fusilaron a los obreros en la Patagonia, en la casa del abuelo de Marcos Peña Brown. Y Cambiemos, bueno, son unos oligarcas absolutamente inescrupulosos. El odio de clase que tienen para con el pueblo es tan evidente que da pena.

Eso sí, lo tengo claro: para padecer pena hay que tener conciencia social. Los descerebrados que tildan al prójimo de “negro de mierda”, no acusan recibo de esto, al contrario, reproducen el discurso colocándose ellos como sujetos de la opinión. Especímenes así hay muchos en el mundo docente.

Docentes reaccionarios que reproducen el discurso antipopular de Mauri y sostienen que no hay que combatir, menos hacer paro, porque los gremios solo intentan desestabilizar; que antes, con el gobierno de Cristina no se comportaban del mismo modo aunque ella les cerrara la paritaria por decreto. Alegan, conscientes de justificar la cobardía de no pelear, que su situación sigue igual, que nada ha cambiado. Y sonríen al ítem aula y se someten obedientes soñándose rebeldes.

Y antes, en aquella gestión populista, tan odiada por la clase cheta del medio pelo argentino, sí paraban ellos. Indignados. Los “indignados” se hacían llamar. Paparulos. Y salían con la cacerola porque son ciudadanos de bien, la reserva moral de la Argentina. Siempre del lado de Dios. Aunque no del Papá porque les salió peronchón. Sin embargo, más allá del cacerolazo, estos “indignados” no marchaban ni marchan. Esa es la verdad.

Y está bien, es una cuestión de libertad. Pero me parece patético que critiquen, que se quejen y que después, beneficiados de la lucha, sigan criticando y quejándose. Siempre envueltos en el velo de ser “apolíticos” y qué sé yo cuántos versos más.

Lo cierto, es que los que marchamos somos los peronchos de izquierda, los kirchneristas como dicen para bajarnos el precio. Y los zurdos. Los zurdos más que nadie. Los zurdos marchan hasta para festejar. Y, más allá de de las discrepancias, todos portamos orgullosos una bandera que enarbolar. Y esa bandera, de un modo o de otro, habla de justicia social. Luego, claro que las putas marchas están politizadas. Los que marchamos somos los que tenemos conciencia de clase y sabemos cuán importantes son los métodos de lucha popular: es así como se consiguió cada derecho social. A excepción de los brindados por los gobiernos populares que, casi siempre, fueron Peronistas. Y es por eso, además, que casi siempre son peronistas los que marchando vas a encontrar.

Por eso mañana voy a salir una vez más.