Carta abierta de otra mamá de un colegio secundario de la UNCuyo

Mañana continúa el paro docente universitario. Esta vez será por 72 horas. Los colegios secundarios de la UNCUYO que iniciaron el ciclo lectivo 2017 han visto interrumpidas sus clases desde el comienzo ya que todos sus establecimientos han participado activamente de las medidas de fuerza organizadas desde los gremios que los representan. Hace pocos días un grupo de padres y madres organizados en representación de sus hijos e hijas publicó una nota en un medio de comunicación local haciendo una fuerte interpelación al Consejo Superior de la Universidad para que obligue, de alguna manera, a sus docentes a volver a las aulas, alegando que los/as estudiantes están siendo vulnerados en su derecho a la educación. ZEPA presenta aquí una posición diferente, común a otros miembros de la comunidad educativa: padres y madres también comprometidos con la educación de sus hijos/as y, en consencuencia, con la escuela pública, gratuita, laica, inclusiva y de calidad.

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Abro esta carta, en el sentido más profundo de la palabra. Abro una ventana donde se ha cerrado una puerta. La puerta que conecta a una comunidad educativa donde docentes, madres, padres, personal de apoyo y estudiantes se encuentran y resuelven sus problemas tratando de entender qué le pasa a sus semejantes. Qué pasa cuando uno de esos eslabones quiebra la rutina de las clases para hacer un reclamo justo.

Porque empiezo afirmando, desde mi lugar de mamá de una alumna de un colegio secundario de la UNCuyo, que el reclamo es justo. Quizás no me acompañen 900 firmas, pero tengo voz y quiero hacerla oír. Quiero expresar que, para que mi hija pueda ejercer su derecho a estudiar, primero se tienen que garantizar las condiciones para que ese derecho se cumpla cabalmente. En esas condiciones está inscrita la situación de las y los docentes que le brindan esa educación. Que estén bien pagos, que gocen de beneficios sociales, que puedan acceder a capacitaciones gratuitas, que el paraguas del Estado no los cubra a medias. Y digo el Estado porque él es el principal responsable de que nuestrxs hijxs vean interrumpido cotidianamente su derecho a estudiar. Es el Estado quien le niega a la comunidad docente el acceso a paritarias, tal como lo explicita la Ley de Financiamiento Educativo.
Pedir castigo a las y los docentes que paran, pedir por descuentos de sueldo es marcar una indiferencia con la que no suscribo. ¿Qué más pedimos a la docencia argentina? ¿En qué contextos están formándose nuestras hijas e hijos? ¿Queremos educación pública con prácticas de gestión privada? Porque hay que reconocer de una vez por todas que en este tironeo hay una realidad, y es que en los colegios de gestión privada no hay paro porque hay miedo. Miedo a perder la fuente laboral.

Hacer cumplir un derecho justo avasallando otro derecho justo, no es algo que yo quisiera que mi hija registrara en su cuaderno de aprendizajes. Si no somos capaces de preguntarnos a nosotrxs mismos para qué enviamos a nuestras hijas e hijos a la escuela pública. Si no somos capaces de preguntarles directamente a lxs profes por qué están parando, cuál es su situación, en qué condiciones enseñan, cómo les impacta que las familias de sus estudiantes estén pidiendo que bajen la cabeza y vuelvan al aula a «enseñar» porque no nos importa otra cosa más que nuestrxs hijxs “tengan clases”, entonces nosotrxs tampoco estamos garantizándoles el derecho a educarse.

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Si abrimos un diario y leemos el titular “Padres vs. docentes”, ¿qué lectura debemos hacer? ¿Hasta ahí nomás llega el conflicto? Evidentemente no. ¿Quiero que mis docentes vuelvan a darle clases a mi hija? Sí, lo quiero. ¿A cualquier precio? De ninguna manera. Quiero condiciones laborales dignas para ellxs. Porque la Ley de Educación también dice que el Estado debe “brindar una formación ciudadana comprometida con los valores éticos y democráticos de participación, libertad, solidaridad, resolución pacífica de conflictos, respeto a los derechos humanos, responsabilidad, honestidad, valoración y preservación del patrimonio natural y cultural”.

Los colegios de la Universidad Nacional de Cuyo son colegios públicos. Algunos dicen que quizás en ellos esté la mejor educación pública de Mendoza. Esto quizás sea un mito o sea cierto, esos números no los tengo. Pero sí tengo claro que mi hija, junto a su familia, eligió uno de estos colegios porque aún mantienen un aura de valores, calidad, proyectos que serían deseables para cualquier escuela pública. Por esta razón es que creo que solucionar el paro docente implica solucionar la situación de fondo. Que se llame a paritarias y que se acuerde un salario justo y condiciones dignas de trabajo.

Si para ciertos padres y madres “solucionar el paro” implica traer a lxs docentes de las orejas a las aulas y que nuestras hijas e hijos “tengan clases”, olvidándonos que sus profes también necesitan llegar a fin de mes, es que no hemos entendido nada. Y ese «no entender nada» implica también que no estamos entendiendo los esfuerzos que maestras y profesores de la educación pública hacen para mantenerse a diario y para mantener un nivel digno de enseñanza en las condiciones que pueden. Trabajar en diferentes escuelas, mañana y tarde. Hacer planificaciones en fines de semana. Corregir tareas y exámenes fuera de horario…

No. No es ese el mundo del que yo quiero que mi hija sea parte. No quiero que aprenda en un aula donde sus docentes fueron obligadxs a silenciar su reclamo, a bajar la cabeza, para cumplir con su derecho a la educación. Si suscribo ese reclamo le voy a estar dando la peor enseñanza, la del individualismo, la del egoísmo del “yo quiero que mi hija estudie y lo demás no importa nada”. No voy a cargarla con esa responsabilidad, no le corresponde.

Confío en que la pelea que embarca a las y los docentes de nuestros colegios recibirá el fruto que merece, el de la dignificación de su tarea. Quiero que en el futuro, cuando mi hija recuerde su paso por esas aulas, también su memoria rescate la lucha que sus docentes dieron, no solo en pos de un salario digno sino también para mantener el ideal de una escuela pública, gratuita, laica, inclusiva y de calidad.

Gabriela Maturano
DNI 21369470