¿De qué te reis?

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Racionalizando lo que no se puede. Así me siento en lo cotidiano. Seguimos hablando de la imposibilidad de pensar con claridad analítica sobre lo que sentimos… ufff

El estado de enamoramiento ya lo hemos comentado pero siempre hay tela para cortar en esos menesteres, sobre todo si como buena representante del género femenino te la pasás pensando y repensando lo obvio. De gurizas nos invitan, desde las costumbres, a alcanzar este estado de ansiedad perpetua. Me quiere, no me quiere ¡qué juego tan opresor y formador de conciencias sumisas e innecesario para nuestras vida!

Por qué? Sencillo, no nos permite cerrar las puertas. Me quiere? Sí, buenísimo vamos pa´delante. No me quiere? Y qué?, vamos pa’ delante. Pero no, a todas las oraciones les agregamos el pero (otro conector que deberíamos erradicar de nuestras existencias). Me quiere pero y justificamos, no me quiere pero y volvemos a justificar. También nos sirve como coartada para no ser nunca las malas, porque ser malas está mal, decidir sin culpas sobre nuestras vidas está mal; eso nos enseñaron, eso mamamos desde que nacimos. “Las nenas buenas no hacen esto o aquello”. Y si quiero ser una nena mala, qué? Las malas se divierten más!

Levante la mano la que ante una encrucijada, las vinculares sobre todo, se estaciona ahí, en la bifurcación, para no ser la mala. Y así nos pasamos días, meses, años tratando de entender lo que viene después del PERO que inventamos. Y por otro lado la quietud nos impide disfrutar.

Según la neurociencia, la corteza frontal, vital para el juicio, se apaga cuando nos enamoramos. ¿Por qué decide prenderse y cagarnos la vida? Si veníamos bien, justificando lo injustificable, caminando por la calle con música en nuestro oídos y ningún aparato que la sustente, viviendo los días más aciagos del maravillosos clima regional como si estuviésemos en Barbados y de vacaciones!

Así que ya sabés, si te cruzás por la vida con alguna de estas personas con una sonrisa en la cara que van cantando solas y desparramando los pétalos de su canasta de flores, no sientas envidia de su estado. Mejor pensá “¿De qué te reís?”

Por Paola Barrios – Ilustración Enebe