Audiencia 12 / LA LECTURA DE LOS HECHOS: PERSECUCIONES, SECUESTROS, EJECUCIONES SUMARIAS Y DESAPARICIÓN FORZADA

09-03-17 / Se completó el jueves pasado la lectura de los hechos contra la Juventud Guevarista en mayo de 1976, con especial atención en el asesinato en el D2 de Daniel Moyano, actualmente desaparecido. Se trató la derivación local del Operativo Escoba contra el PCML -Partido Comunista Marxista Leninista- en diciembre de 1977, que dos años después significaría la detención ilegal de Mirta Hernández. Sobre el final se avanzó sobre las ejecuciones, en días previos al golpe de Estado, de los estudiantes y dirigentes universitarios Mario Susso y Susana Bermejillo, con una participación clave de la CNU – Concentración Nacional Universitaria. La audiencia estuvo nuevamente demorada por otro debate.

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Texto e imágenes por: Colectivo Blog Juiciosmendoza

(https://juiciosmendoza6.wordpress.com/)

 

La semana pasada había sido explicado el ataque contra Víctor Sabattini y hoy se mencionaron las otras siete causas contra militantes de la Juventud Guevarista de Mendoza.

Jorge Daniel Roberto Moyano alquilaba una habitación en la casa de Víctor Sabattini y Nélida Lucía Allegrini, en el barrio Santa Ana de Guaymallén. Unas ocho personas uniformadas y de civil lo llevaron de su casa junto con Sabattini el 12 de mayo del ‘76. Antes de depositarlos en el D2, los llevaron a un descampado donde les hicieron un simulacro de fusilamiento. Ambos estuvieron detenidos en el mismo sector, incluso fueron llevados juntos a sesiones de tortura. Después de una de ellas, declaró Sabattini, Daniel Moyano nunca regresó ni se supo más nada de él.

Un día después fue secuestrada Nélida Lucía Allegrini. Trabajaba como docente y ama de casa. Luego de dejar a sus hijos en la casa de su suegro, Valentín Sabattini, la introdujeron en el D2 con los ojos vendados. En el procedimiento robaron elementos de su casa. En el Palacio Policial, Allegrini fue víctima de diversos malos tratos e interrogatorios bajo tortura. A finales de mayo la sometieron a un Consejo de Guerra en el Comando de la VIII Brigada. De allí fue llevada a la comisaría 33, donde permaneció alrededor de un mes. Condenada a la pena de tres años y seis meses de reclusión, ingresó a la Penitenciaría Provincial el 7 de julio de ese año. De ese lugar recordó la violencia ejercida por el teniente Ledesma. A fines de septiembre fue trasladada a la Unidad 2 de Villa Devoto. En julio de 1978 le permitieron volver a Mendoza para asistir al velorio de uno de sus hijos, pero tuvo que volver a Devoto y fue liberada recién el 9 de septiembre de 1979.

El 13 de mayo detuvieron a Liliana Tognetti, Silvia Schvartzman y Graciela Leda. La primera fue secuestrada por personal de civil la mañana de ese día. Permaneció en el D2 hasta el 7 de julio de 1976, momento en el cual fue llevada al Penal de Mendoza. El Consejo de Guerra le había impuesto seis años y nueve meses de reclusión y a partir del 29 de septiembre cumplió su condena en Villa Devoto.

Silvia Schvartzman fue detenida por la Policía de Mendoza y trasladada inmediatamente al D2. Fue torturada, golpeada y sometida a picana eléctrica. Indicó que conocía los apodos de los torturadores como “caballo loco” y “el puntano”. Durante el desarrollo del Consejo de Guerra, el fiscal le dijo que ella podía decir lo que quisiera, pero se pondría en el acta lo que ellos decidieran. Condenada a nueve años y nueve meses de encierro, fue trasladada a Devoto el 7 de julio del 76 y liberada el 15 de agosto de 1983.

A Graciela del Carmen Leda la secuestraron de su domicilio cuatro efectivos de la Policía Provincial, vestidos de civil y armados. En el D2 sufrió malos tratos y brutales sesiones de tortura. Debido a la picana eléctrica, se le abrió la cicatriz de una antigua operación de apendicitis. Fue internada en varias oportunidades e intervenida quirúrgicamente en el Penal de Villa Devoto. Además, una trompada le provocó la quebradura de algunas costillas, situación con la que tuvo que lidiar a lo largo de su detención. El Consejo de Guerra la condenó a 14 años de prisión. De julio hasta noviembre del ‘76 estuvo alojada en la Penitenciaría Provincial. Posteriormente fue trasladada a Villa Devoto, donde permaneció hasta noviembre de 1980. La trajeron una vez más a Mendoza y recuperó su libertad el 6 de diciembre de 1983.

Tres agentes del D2 secuestraron a Antonio Siro Vignoni el 17 de mayo de 1976. Los conocía porque era empleado auxiliar de la Primera Fiscalía del Crimen del Poder Judicial de la provincia y los había visto debido a su actividad. Se desempeñaba además como cronista deportivo del Diario El Andino y tenía dos hijas pequeñas con su esposa Silvia Schvartzman. Lo llevaron de su casa al D2, donde fue torturado, golpeado y picaneado. En el reconocimiento fotográfico que hizo en 2004, Vignoni indicó que creyó haber visto en el centro clandestino al suboficial principal Pablo Gutiérrez Araya y al sargento Alfredo Milagro Castro. El Consejo de Guerra lo condenó a 22 años de reclusión y pasó su detención en distintos lugares. Fue llevado a la Penitenciaría el 7 de julio; y el 26 de septiembre de 1976 a la Unidad 9 de La Plata. En abril de 1979 lo trasladaron a la cárcel de Caseros y en septiembre de 1982 a Rawson. Recuperó su libertad el 3 de diciembre de 1983.

Acecho incesante contra una sobreviviente del Operativo Escoba

Sin ningún tipo de papel o comprobante que acreditara su liberación y la ilegalidad de su secuestro y cautiverio, Mirta Irma Hernández salió del D2 el 7 de diciembre de 1979 tras permanecer en el centro clandestino desde el 27 de septiembre de ese año. Antes había atravesado un tortuoso y extenso itinerario de persecuciones que abarca la desaparición de su compañero Rodolfo Vera, la eliminación de una docena de sus compañeros de militancia.  La clandestinidad la obligó a recorrer distintas ciudades del país y mantenerse alejada de su hija. Sufrió numerosos allanamientos contra ella y su familia, y el cerco constante de los grupos de tareas.

Aquel día, intentando recuperar su documentación personal en el Palacio Policial, acompañada del abogado Carloni que luego motorizaría contra ella un embargo por sus haberes de docente sólo por “haberla puesto presa”, fue detenida y encarcelada en las celdas del subsuelo del centro clandestino aún en funcionamiento. Allí fue completamente aislada y, bajo “averiguación de antecedentes”, le hicieron firmar papeles, realizar reconocimientos fotográficos y dar clases de matemáticas a cuatro policías.

Mirta había escapado de la devastadora represión desatada a nivel nacional contra decenas de jóvenes del Partido Comunista Marxista Leninista a principios de diciembre de 1977. El Operativo “Escoba” cuenta con doce personas desaparecidas en Mendoza, entre ellas su compañero, Rodolfo Osvaldo Vera. El Operativo (tratado en el juicio anterior) “fue pergeñado desde los altos mandos de Inteligencia de la Capital Federal y de la Base Naval de Mar del Plata, desplegando su accionar en todo el país durante diciembre de 1977 y enero de 1978”, según evidencia “el informe elaborado por el Grupo de Tareas N° 3 -GT3-, “Estrictamente Secreto y Confidencial, sobre el Partido Comunista Marxista Leninista Argentino”, fechado el 12 de mayo del 1978, cuyo único objetivo fue erradicar a las personas ligadas a dicha agrupación política.

Del álbum del Departamentos de Informaciones Hernández individualizó a Joaquín Francisco Díaz Peralta; Pablo Gutiérrez Araya (no tenía bigotes y podría ser uno de los policías a quienes daba clases); Roberto Masnu Savi; Rafael Isaac Montes identificado como personal del servicio de inteligencia, externo al D2, que le hizo un interrogatorio; Domingo Scacchi, uno de los guardias; y a Marcos Orlando Flores, quien “le llevó un papel y lápiz para que firmara”.

Persecución y ejecuciones en el ámbito universitario

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La violencia llegó al ámbito universitario. Diversos sectores civiles prestaron colaboración a los militares, entre los que se destaca la Concentración Nacional Universitaria -CNU-, sustentada ideológicamente por la Triple A. Llamativo fue también el mensaje del rector interventor de la UNCuyo, comodoro ingeniero Héctor Ruiz, quien en el comunicado n° 32 de junio de 1976 declaró que “la Universidad es argentina, occidentalista y cristiana”.

La UTN se caracterizaba por la intensa actividad política de izquierda, enfrentada con la política fascista de la CNU. En este contexto Susana Bermejillo y Mario Susso fueron perseguidos por su militancia e ideología.

El 20 de marzo de 1976 se hallaron sus cuerpos sin vida, asesinados a balazos y con signos evidentes de haber sido previamente torturados.

Mario Susso cursaba quinto año de ingeniería en la UTN, era un conocido dirigente estudiantil y militaba en el Partido Comunista Revolucionario. Era amigo y compañero de militancia de Juan Carlos Carrizo, casado con Susana Bermejillo. Horacio, hermano de Mario, dijo que en diciembre de 1975 había sido allanado el domicilio. Mario había sido detenido unos días en el D2. Su hermano señaló que, después de que lo liberaron, creía que la CNU lo iba a “entregar”.

En la madrugada del 20 de marzo, ingresaron a la vivienda de la familia Susso tres sujetos jóvenes que vestían un pasamontañas. A pesar de la resistencia de Mario, se lo llevaron luego de herirlo de bala en una pierna cuando corrió para escapar. Apareció muerto junto con Susana Bermejillo en la calle Los Pescadores entre San Rafael y Acceso Norte. Cuando lo fueron a reconocer a la morgue, tenía arrancada la tercera falange de los dedos medio y anular y múltiples orificios de bala.

El debate continuará el jueves 16 de marzo a las 11 con el relato sobre Susana Bermejillo.