No se hagan los guapos porque tienen miedo

Fotografía gentileza M.A.f.I.A.

Por Marcelo Padilla

Son las cinco de la tarde y estoy a oscuras

a las cinco de la tarde

ilumina afuera

el fuego

mi oscuridad: las cortinas

40 grados de obsesión

térmica

derrite el mundo

son gotas sordas

negras

empetroladas

Lavo los platos en mi mansión, lavo… el piso/ con productos que le compro al tartamudo de la vuelta de mi casa. El tarta vende productos de limpieza sueltos. Así son los barrios somnolientos, en este verano al menos, la gente pasa arrastrada. Siento en la atmósfera un perfume ficcional que penetra, como un veneno de viuda negra. Veo a las relaciones encriptadas en sus guaridas, los solos, las solas, los que se acompañan y no se nota, el clima iracundo, el miedo. Eso se nota, miedo.

***

Escribo porque elijo decir las cosas en texto. Si tuviera un megáfono lo vosearía como un vendedor ambulante en un metro madrileño junto a la gitanía errante mora. Entonces, la salvedad: se han puestos moralistas los de arriba y por miedo los de abajo, y por naturaleza los de medio. Los de abajo con su estirpe oscura procesan la ira del hombre frente a la ira de los poderosos. No hay rebelión por ahora más que en pequeñas hordas en las cuales se desplaza, a un terreno imaginario, la angustia cotidiana. Los del medio son siempre un problema. Nosotros, los del medio-pelo. Con miedo pero sin decirlo, con la suave hipocresía que siempre supo utilizar la pequeña burguesía con ciertos capitales culturales acumulados. Rancios. Cada uno a su ranchito sin mostrar la hilacha. Como si mostrar la hilacha te hiciera impotente. Enteros por afuera pero atormentados por dentro. Adictos, sin dicción. La opresión en el pecho, la taquicardia, el ataque de pánico. Uno puede morirse solo en una catrera. Y nadie se entera.

¡Ey, cómo andás! Y basta.

***

Amistades por guasap. La individuación el sujeto dominando. “Hasta ahí llego”, pareciera decir el ademán y el gesto. Es agónico el neoliberalismo, siempre lo fue. Los que lo vivimos conocemos. Todo se destruye lentamente alrededor. Quedan los bichos y las plantas a la buena de dios. Escribo en la oscuridad del día. Bajo el silencio de un océano. Como un atlante sin patria ni nación ni bandera. En Mendoza hay medios y medias. Mediocridad por miedo. Silencio por conveniencia. Solidaridades insolventes. Celos de conventillo de clase media que se demuestran con silencio. En ese silencio… el mensaje.

***

“Ser” ya no es un proyecto. El tema es ESTAR. Cómo estar y con quiénes. Nos han penetrado hasta en el cariño, ese pequeño refugio humano, excesivamente humano para el poder. La disciplina. Tiene razón mi amigo “el pelado”. Brindo por su verdad. Al menos uno que lo dice y también se va por ahí. Porque es insoportable el velorio. Enanos. Ya no te caen a tocar el timbre, no se usa, como antes cuando no había teléfonos. Es la causa maldita. La invasión que coloniza hasta al más despierto de la tribu. Es época de apechugue. Siempre habrán patios golondrinas, es cuestión de llenarlos sin andar midiendo. No hay proyecto salvador de nada. El militante no grita, manda guasap y memes. Así estamos: memes. “Estar memes”… un estado antropológico. Si muchos son mantenidos pues bajen la cabeza. Que pasen los que se la bancan solos. La autoridad moral es una cuestión de clase turbada. Mírense al espejo de vez en cuando. Pero penetrándose. O si no, váyanse a cagar.