Cómo nace un individualista

Selfie_Macri

Por Pablo Doti

¿Cómo no voy a ser de Néstor y Cristina si con ellos me recibí de maestro? Y yo pensaba que estábamos bien, que eso era justicia social. Pero me encontré un día con que habíamos cambiado.

Ya había yo percibido, en ese ambiente tan cotidiano y popular que es la docencia, un discurso concheto e irreal. A medida que fui prestando más atención al discurso me di cuenta que era de rechazo a las políticas asistencialistas. Esas que habían sido fundamentales para mi desarrollo personal. ¿Cómo es que les molesta tanto el otro? Cavilaba yo a la salida de la jornada laboral, luego de haber asistido anonadado, a comentarios xenófobos, clasistas y sexistas.

No me lo podía explicar.

Porque a mí me alegraba genuinamente que a los otros les brindaran posibilidades para desarrollarse. La clave de la felicidad, así con mayúscula, está ahí: en desarrollarse como persona.

Pero son fundamentales algunas posibilidades para construirse persona. Y un Estado que, con mayores o menores aciertos las propicie, pensaba yo, es algo muy bueno. Y hete aquí que muchos de los docentes que me rodeaban no pensaban así.

Cuando ganó la presidencia el cínico careta me enojé mucho: ¿Cómo podían ser tan egoístas? Ellos, a medida que el proceso de quita de derechos se profundizó, fueron guardando un grito de rabia unos, una obsecuente alienación, otros. Los primeros eran los más inteligentes. Los que a la postre reconocieron haber votado como el culo.

Entrado el segundo año de mandato ya, definitivamente, odiaba a los rebautizados por mí, Helioheads. Fachos hijos del odio. Y cómo no iba a odiarlos:

Los enemigos del gobierno ahora eran los pobres, los extranjeros, los niños, los ancianos, los docentes, los gremialistas, en fin, el pueblo. Pero la clase media, la clase careta y concheta a la que pertenezco, no solo no se hacía cargo sino que defendía políticas diametralmente opuestas a las prometidas en campaña y que, como si eso fuera poco, iban en detrimento de sus propios intereses. Esos eran los obsecuentes alienados. Con el constante bombardeo mediático, lejos de mis ideales peronistas, enrostraronme que los obsecuentes alienados eran más y más. Me sentí Robert Neville comprendiendo que estaba solo frente a la totalidad.

Entonces mandé todo y a todos a la mierda.

Basta.

Si quieren vivir así, con el pie empresarial pisándolos, allá ellos.

Yo entendí que tengo que cuidar de los míos y nada más.