Cuando el pánico toma la palabra II

Panico_BarriosEnebe

Ilustración: Enebe

 

Por Paola Barrios

Como lo prometido es deuda, hoy vamos a desmitificar el parto.  La pregunta inicial, aquella que nos convocó  fue ¿Cómo hacemos para llevar a cabo un análisis crítico de TODO lo que sucede a nuestro alrededor e interior sin volverse loc@ en el intento?

Casi como una provocación. Racionalicen esto…

Pasaste entre 7 y 9 meses de tu vida con tu cuerpo ocupado por otro/a. Esto provocó muchos cambios, todos necesarios y en términos generales soportables, pero tremendamente incisivos. Un día te despertás y ves que tu cuerpo no es tu cuerpo. Es una especie de receptáculo de “vida” que ha tomado la forma de un barril al que se le anexa una cabeza y extremidades.

La ansiedad golpea la puerta, consumís todo tipo de bibliografía que explique el parto, vas a gimnasia preparto, escuchas los consejos de TODAS (y cuando digo TODAS son TODAS) las mujeres que pasaron por él porque hasta esa vecina que no saludás nunca cree que su experiencia te puede resultar interesante. Se va cumpliendo la etapa de gestación y vos no alcanzás a dimensionar del todo cómo van a salir  tres kilos de persona por un espacio que dilata hasta 10 centímetros, el tamaño de una hoja de papel glassé.

Y llega el momento, un día, una tarde, una madrugada o cuando le pinta porque tu tiempo deja de pertenecerte y el comienzo del trabajo de parto es el mojón inaugural de la nueva etapa. ¿Cómo te das cuenta que empezó el trabajo de parto? Algo parecido a una amoladora interna se acciona cada 10 minutos por unos segundos (que parecen horas) en forma regular. Ante tu inexperiencia y la incertidumbre vas al hospital. Caminar durante una contracción es una experiencia que no recomiendo ni lo haré nunca. Llegás a la enfermería y una enfermera, que cree que te conoce desde siempre sólo por el hecho de que estás con trabajo de parto, te dice “vamos a hacer tacto”…  Y mi fantasía, que consistía en que el examen era algo similar al PAP o la colposcopía, se desvanece a medida que la enfermera se coloca un guante de latex en la mano y lo lubrica… sí, sí, INTEGRO. Te inserta TODA su mano en la vagina y hace tacto en el cuello de tu útero mientras tenés contracciones regulares. Luego cuando tenés la dilatación adecuada, información que obtienen repitiendo la operación tantas veces como crean necesario, te ingresan a la sala de parto y das a luz. Toda la situación es surrealista: gente que te pide que respirés, que te indica cuando hacer fuerza, que te indica que sigás pujando mientras sentís que apenas tenés fuerzas para abrir los ojos… Caos, caos mental, espiritual y físico.

¿Cuántas de estas situaciones que ocurren durante el parto pueden ser objeto de análisis crítico? ¿Cuántas de estas situaciones son reprochables e implican una invasión y hasta un ultraje a nuestro cuerpo?

Y nace, nace él o ella y todo se esfuma. El ruido, la gente, el dolor, la angustia, todo se borra menos esos tres kilos de persona que acabas de sacar de tu cuerpo. Y entendés de qué viene el romanticismo. Y aunque jamás olvidás, lo seguís eligiendo.