Cuando el pánico toma la palabra

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Ilustración: Enebe

 

Por Paola Barrios

Muchas veces me he preguntado si una puede pasar por la vida racionalizando absolutamente todo lo que en ella pasa. Y cada vez que pienso en esa posibilidad me encuentro con la misma dificultad… ¿cómo hacemos para llevar a cabo un análisis crítico de TODO lo que sucede a nuestro alrededor e interior sin volvernos loc@s en el intento?

Para plantear una situación en términos empíricos bastará un ejemplo de la vida cotidiana.

Me he pasado gran parte de mi vida joven analizando el fenómeno del embarazo y el parto desde un punto de vista físico-técnico, si se quiere. A saber:

Una mujer elige, en el mejor de los casos, procrear. Su primera dificultad es encontrar un compañero para generar un embrión.

Se han escrito infinidad de textos sobre las complicaciones que trae a la vida de una fémina buscar un compañero/a para compartir la vida cotidiana. Hay todo un género literario dedicado a echar luz sobre estas cuestiones y la lucha constante que implica la búsqueda del amor (suponiendo que es eso lo que buscamos). Imaginemos cuánto más complejo resultará, entonces, encontrar a alguien dispuesto a embarcarse junto con nosotras en semejante viaje, el de la maternidad/paternidad. Y aún si decidimos no contar con ese/a compañero/a, de todas formas deberemos conseguir quien nos “done” su producto para engendrar. Los hombres se sentirán convertidos en objetos en este punto,  reducidos a una especie de dispenser de espermas, pero sólo tengo algo para decirles… LES TOCA!

Superado el paso uno, todavía nos queda pasar por la “maravillosa etapa del embarazo”. Hay quienes realmente hemos tenido una suerte inusitada. Y siendo partícipe de este grupo no tengo quejas personales, pero como analista de este periodo en la vida de una mujer sepan que pueden pasar por alguno de estos “maravillosos momentos”. Nauseas, mareos, hinchazón de pies, cambios bruscos de humor, llanto constante (de felicidad o tristeza, llega un punto que no se distingue), aumento incontrolable de peso, malestar estomacal, acidez, dolor abdominal, aumento mamario, pesadez, falta de energía, y esto es sólo teniendo en cuenta lo que provoca el cambio hormonal en nuestros cuerpos. Dormir se vuelve toda una odisea, más aún si tenemos en cuenta que hay un desplazamiento de los órganos, hacia arriba y hacia abajo para darle lugar el embrión. En términos simples es como dormir con una pesa en el pecho y mientras más crece la panza, más grande es la pesa. También están las delicias de los últimos meses de gestación. Las contracciones al caminar, la deformación de los pies por la retención de líquidos, las hemorroides (sí, es muy probable que conozcas esta dolencia en esta etapa de tu vida). Para mayor claridad, esto es lo NORMAL, casi un embarazo soñado. A esto le podemos sumar que tenemos un séquito de personas preguntando constantemente cómo estamos, si nos sentimos bien, aún cuando tenemos la cabeza metida dentro de un inodoro. Y aunque hayamos fantaseado en algún momento y supongan que toda esta atención es fantástica, piensen en ella cuando cursando el séptimo mes de gestación deciden ir a la esquina y deben comentar sus planes con cuanto cuerpo se les cruza.

Luego, si todo marcha sobre ruedas, llega un tercer momento. Sí, el parto. Pero eso es tema para otra entrega.