¿Ciclos?

Cacerolera_'12

Fotografía: Sebastián Miguel

 

Por Pablo Doti

Habían creado los espacios para que la sociedad apoyara la baja en la edad imputable. Fue una forma fácil de no hacerse cargo de la educación. Además fue un modo de “ahorrar”. Amén de esto, el nuevo gobierno había congelado todas las inversiones en educación. Empezaron no entregando más las netbooks contempladas por la Ley de Educación Nacional. Despidieron a todos los empleados de ese sector. Después iniciaron una fuerte campaña mediática – porque para algunas cosas, por suerte, sí tenía plata el gobierno – de desprestigio de los docentes, los gremialistas y los estudiantes. No fue difícil instaurar la imagen negativa de esos sectores porque el gobierno estaba compuesto por empresarios dueños del 80% de los medios de comunicación.

Al pueblo lo tenían tan alienado que lo manejaban a fuerzas de spots publicitarios. Pobre país del Sur que cayó en las garras del águila neoliberal.

Planteado así el contexto del relato, no le fue para nada difícil al nuevo gobierno neoliberal instaurar en la opinión pública la aceptación de la baja de la edad imputable.

Por supuesto que la medida no funcionó: Los crímenes no solo no bajaron sino que crecieron exponencialmente a partir de la promulgación de la ley. Y es que la lógica neoliberal, siempre cruenta y despiadada, facilitó el consumo de armas de uso doméstico, amén de incrementar la desigualdad social y gobernar para los ricos. Pronto el país era una pena de mirar.

Con todo, es potestad del hombre porque es una fauna más, perder los estribos y accionar por su libertad. Fue así que un día todo explotó. Como ya había sucedido una y dos veces, hubo una insurrección popular. El disparador, analizado en la superficie del contexto inmediato, parece ridículo: se descubrió que el presidente M era homosexual.

La clase media salió a las calles, otra vez, como en la época de la “dictadura” y empezó a batir la cuchara que pronto resonó funesta en las cacerolas. Un ritmo constante, monótono, que se empezó a expandir. Y entonces los desposeídos, los ninguneados, esos que habían venido en miles de veces más pobres desde que el denunciado presidente se había hecho cargo del país; salieron a las calles y enfrentaron a la autoridad del nuevo gobierno neoliberal.

Ellos mandaron palos, perro y policías. Vino el ejército con violencia para amedrentar. Todo se lo aguantaron.

Y tanto fue el clamor popular que M dimitió. Increíble, pero la historia del país del Sur se volvió a repetir por tercera vez.