Me declaro incompetente

Ilustración Enebe

Ilustración Enebe

 

¿Nunca pensaron que hay distintas maneras de llevar adelante esto que llamamos vida? Yo lo he pensado y sostenido durante casi toda mi vida adulta. Se podría decir que soy una promotora de las posiciones múltiples sobre la existencia individual. ¿De qué se trata esto? Básicamente es entender y promover las decisiones que toma cada una de las individualidades existentes, incluso las propias.

Si, sé que hay un juego de reglas y normas que sostienen y posibilitan la sociedad. También que todos debemos apegarnos y respetar dichas reglas para no vivir en caos societal o convertirnos en anómalos. Pero frente a esta afirmación, también sé que en la cotidianidad de nuestras experiencias hay elecciones complejas que nos llaman a cada momento. Ya no estoy hablando de cruzar la calle por la esquina o no respetar las legislaciones existentes, sino de algo mucho más simple. De todas esas tomas de posición sobre la vida de otros y la propia. Y aquí entra en juego la otra variante, esa en la que nos hacemos cargo de nuestras elecciones.

¡Qué perno! Aunque me encantaría (aunque me declaro incompetente) pasar por la vida dando saltitos con una canasta de flores en el brazo y viendo el arcoiris en cada esquina, la realidad me golpea la frente de tanto en tanto.

Soy lo que elegí, y se transforma la mirada sobre tu realidad una vez que podés decir esa frase en voz alta. Soy lo que elegí, porque en algún momento elegí mi vida, elegí mis compañías, elegí cambiar o   seguir igual, o simplemente elegí no elegir y con eso alcanzó. Es lo que elegí y por eso hay que hacerse cargo. Este mantra me ha acompañado y ayudado a darle sentido a muchas de mis acciones. Claro que no todo se puede solucionar así, pero venía bien hasta que alguien completó la oración (siempre están esos sabelotodo que te complican la vida).   “Sos lo que elegís pero podés dejar de elegirlo”. ¿Era necesario? Veníamos bien, íbamos con nuestras orejeras por la vida mirando sólo al frente y vienen y te la sacan. Y ahí está, te cambiaron la perspectiva y te complicaron. La dificultad se presenta, entonces, cuando te encontrás analizando si seguís eligiendo lo mismo. Y aparece el pánico, la culpa, las dudas y las angustias de esas que no te dejan dormir de noche. Y mirás a los costados y ves a esas personas que andan con su canasta de flores, dando saltitos, imaginando arcoiris   y conejitos que saltan junto a ellas…

Una de mis frases de cabecera es, aunque un tanto cursi y hasta vacía dirían algunos, «quien esté libre de pecado que tire la primera piedra». Y más allá del tinte religioso de esta afirmación (o más bien obviando este punto) ¿quién cree honestamente estar en posición de juzgar las decisiones que cada uno de nosotros tomamos y cómo las afrontamos? Más bien podríamos plantearnos acordar o no con las elecciones de otros, pero bajo ningún aspecto aprobarlas o desaprobarlas. ¿Cuántas veces nos hemos dicho mentalmente, y otras a los gritos frente al espejo, que elegimos mal? Elegir es parte de nosotros, es pertenecer al laberinto en el país de las maravillas, y es, en definitiva, hacerse cargo de la propia existencia. Existencia, vida, de la que somos protagonistas, aún cuando la canasta de flores nos haga tropezar de tanto en tanto.

Por Paola Barrios