The big country o “El barrio privado más grande del mundo”

Donald Trump anunció ayer el inicio de la construcción del muro en la frontera con México. ZEPA analiza aquí el nudo de la anomalía Trump para empezar a entender lo que viene.

muro

 

Por Nicolás Lobos

Escuchando la conferencia del Secretario de Prensa del Gobierno de lo EEUU Sean Spicer uno entiende que la idea motivadora de Trump ha sido el “¡sí, se puede!” Pero ¿qué es lo que se puede? ¿Es esta interjección un empujón para que los desposeídos, perdedores, impotentes, vulnerables que enfrentan grandes obstáculos se animen a intentarlo? No. ¿Es un aliento para que el sometido, deprimido, invisibilizado, impotentizado ambicione salir de su inmovilidad? No, en absoluto. Este envite es el empujón para que los superpoderosos, dominantes y supermachos depredadores se animen a ejercer su poder sin pruritos éticos, miramientos morales o contemplaciones “humanas”. ¿Se puede ejercer el poder sin el obstáculo de la ética? ¡Sí, se puede! ¿Se puede ejercer el poder sin siquiera la pseudo ética de lo políticamente correcto? ¡Sí se puede!! ¿Se puede ejercer el poder sin estar fijándose en las “buenas maneras”? ¡Sí se puede!! ¿Qué es lo que ha demostrado Trump? Que se puede decir cosas horribles sobre las mujeres, ser abiertamente racista, afirmar que no “cree” en el cambio climático, estar en contra de la mayoría de los valores y principios éticos y basar la política del “mundo libre” en la construcción de un gran muro y… no pasa nada.

Por supuesto también ha demostrado que se puede estar en contra de los medios de comunicación hegemónicos, del establishment, de gran parte del propio partido republicano y de las grandes consultoras de opinión y… no pasa nada. Puede, por último, denunciar que hubo fraude en la elección que ganó sin temer que esa denuncia erosione su legitimidad. ¡Sí, se puede! Grita desde la impunidad completa.

Hasta hace unos pocos años el ejemplo más contundente de indignidad en Occidente fue el Muro de Berlín. En los ochenta se señalaba, por derecha y por izquierda, y sobre todo en EEUU, la vergüenza que significaba para la humanidad ese muro. Nada tan ominoso para “el mundo libre” como esa construcción y nada tan enorgullecedor para las “democracias occidentales” como su caída. Hay intelectuales que anunciaron que aquel hecho señalaba el fin de un siglo oscuro y el comienzo de un nuevo mundo. Sin embargo hoy, cuando todavía no se han vendido todos los fragmentos de esa pared a los turistas, se lanza la construcción de un gigantesco muro como la gran obra del país de la libertad.

Se está construyendo un supra estado de ricos para ricos que no necesitan a los  pobres ni para limpiar los baños. Un estado de gente superior que pretende vivir en un estado de inmunidad completa. EEUU se convierte en un gran barrio privado, un super country rodeado de un hermoso paredón. EEUU ha creado caos y miseria en el resto del mundo y ahora se protege –histérico- de ese mundo caótico y miserable.