El Gobierno de Mendoza y las mentiras sobre la jubilación de sus empleados públicos ¿Jubilarse o trabajar hasta la muerte?

El columnista de ZEPA especialista en Derecho Laboral analiza los detalles de la propuesta del Gobierno de Mendoza para jubilar a sus agentes y se pregunta: ¿es mejor jubilarse o trabajar hasta morir?

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Por Eliseo Carrió

“En aquel tiempo buscaba los atardeceres, los arrabales la desdicha, hoy la mañana, el centro y la serenidad”
(Jorge Luis Borges –Prologo a “Fervor Buenos Aires”-edicion de 1969)

Es cierto cambiamos. Pasa el tiempo y anhelamos otras cosas. La serenidad, el poco ruido, el silencio, no trabajar, descansar: la alegría (el jubileo). Desde lo semántico, la palabra jubilación implica un doble sentido o una combinación: alejarse de algo, ponerse en otro lugar; y por otro, el jubileo la alegría. ¿Serán compatibles en nuestro país la pasividad y la alegría?

Nuestra legislación establece condiciones para obtener la jubilación, y ya no trabajar. Esas dispocisiones contenidas principalmente en la Ley 24.241 y Decretos complementarios expresan que debemos tener 30 años de aportes (aportes que mes a mes el empleador y trabajador realizan y se retiene de la remuneración) y a ello se suma la edad: 65 años para hombres y 60 para las mujeres.

Ahora bien, puede que alguien se encuentre en falta con sus aportes pero cuente con la edad a la que hago mención.
Ante esa situación el Estado provincial diseño la denominada moratoria previsional.

En este Decreto 876/16 (ideado por Magíster Dalmiro Garay, el cerebro Jurídico del gobernador Cornejo) el Gobierno se hace cargo de abonar ese faltante aportes y así comenzar lentamente a librarse de sus empleados públicos, la pesada carga que le dejaron los peronistas (como si el último gobierno radical no hubiera incorporado agentes públicos)

Esta manera suave con que el gobierno de “Don Alfredo” lo invita a Ud a gozar de su jubileo no es como la describe su call center. En realidad, salvo docentes y magistrados nadie accede a una jubilación que se equipare al 82 % de lo que cobraba como sueldo cuando era un activo. Ninguna Jubilación supera el 45% o 50 % de lo que cobraba antes de jubilarse.

Fijémonos, lo que pasaría con un caso particular: Miguel tiene 65 años. Nunca pudo adquirir una vivienda propia. Alquila y alquilará una pequeña vivienda en Las Heras. Su sueldo como empleado público oscila los $ 12.000 por mes. El estado provincial empleador decide jubilarlo. Su primera jubilación alcanza los $ 6.000. Tengamos presente que la salud se hace más endeble, necesita más medicación y atención medica. Miguel pasa a ser un indigente y un sin techo. Se evidencia que hasta la fecha obtener una jubilación (que no sea de las especiales: magistrados, ex legislador, etc.) es un largo (¿o corto?) camino hacia la pobreza y el olvido, salvo que cuente con suficiente contención familiar.

Entonces, hasta tanto las jubilaciones mejoren, ¿Es mejor jubilarse o trabajar hasta morir? ¿Puede el Estado provincial fomentar la jubilación de sus empleados públicos, cuando el haber jubilatorio no alcanza para cubrir sus necesidades más básicas? En todo caso el Estado provincial, ¿no debería aclarar (previo a la opción de la moratoria) cuál es el monto del haber jubilatorio de esa persona que quiere hacer la opción? Otra vez el Estado se presta para jugar en contra de sus empleados públicos.