Falabella y la terapia tecno

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Por Marcelo Padilla

Las llamas de Valparaíso iluminan la costa de la V Región chilena. Las lenguas de los cerros altos, con sus puntas de fuego como flechas al cielo consumen las habitaciones de madera y cartón de los chilenos anónimos. Las mismas llamas son las que le dan el color a la noche. Le llaman “incendios forestales” y la prensa cubre la zona, especialmente la cárcel de mujeres, especialmente en Rodelillo. Evacúan a las internas embarazadas para trasladarlas a otras cárceles de la miseria en Quintero. Valparaíso en llamas es noticia. Valparaíso ilumina como un volcán a otras costas cercanas. Reñaca: un ante paraíso hedonista y modélico que también cubren noteros de la provincia de Mendoza. Donde los paradores son exhibidores de clones sociales, donde está la imagen del placer, donde van a parar los pelo alto y los medio pelo a mostrar a esa parte de la especie de consumidores de la felicidad. Valparaíso se consume de fuego y Reñaca se consume a sí mismo. Lo cuentan las fotos en instagram, lo cuentan los periodistas de la farándula, lo cuentan los medios argentinos que quieren que seamos Chile. Lo cuentan en el medio de una lluvia de baba, una lluvia de tecnología conveniente para llevar a casa a la vuelta. Son las artesanías del modelo social y cultural que en febrero poblarán las casas. Tres o cuatro veces más barato. Es la fiebre (no del oro, no del caucho) de la tecnología. Los niños felices, los adolescentes de pie como teros en cementerio mostrando sus músculos y sus culos. El centro neurálgico que reúne un puñado fotografiado. Efímero, erosivo, corroborable por las lenguas de fuego que iluminan desde los cerros pobres de Valparaíso. La especie se extingue por goteo. Queremos ser Chile por el orden y la disciplina militar. El neoliberalismo está bronceando cuerpos, como momias incaicas en un after beach se sacrifican a la hora 19, con la caída del sol en la tarde individual. Quema el sol, quema el fuego. Y a nadie le duele nada. Solo arde. Los delincuentes hacen su trabajo, los demás pagan el impuesto y el pasaporte a la fantasía. Es un espectáculo la noche. Es un desencanto la vida. Es una resaca el verano. No hay vergüenza. El consumo en los comercios aplaca la furia. Falabella hace terapia tecno al macrismo de los andes.