No me visto para provocarte

Historias (hiperreales) de la violencia machista

Foto: Gentileza Arte al Ataque

Foto: Gentileza Arte al Ataque

Por Ediciones Desde El Clítoris. Sección: Si te molesta leerlo, imaginate escucharlo. Si te molesta leerlo, imaginate sentirlo

“Doblaba la esquina de la cuadra que acerca mi casa al mercadito del barrio de donde venía. Justo paso por esa casa esquinera de la cual escucho voces que me dicen algo como “eh, eh, vení”… cuando me acerco me llevé la sorpresa de ver a un hombre sentado, tocándose el pene mientras me decía “muñeca, vení, vení que me hago alto guiso con vos”. Me fui corriendo, no le conté nada a mi mamá cuando llegué y me vio llorando. Sigo sin hacerlo, no sé si será la ver-güenza, el hecho de conocer a ese vecino o la bronca juntada…”.

“A mis 13 años escuchaba mucha cumbia: “Ay nena, a tu cola le falta crema, a tu boca una mamadera y lo’ pibe’ te la vamo’ a dar…”, como no me gustaba esa seguía con “dejate de joder y no te hagá’ la loca, andá a lavarte bien la boca, me diste un beso y casi me matás de la baranda a leche que largás” y la cambiaba otra vez, me parecía muy fuerte. Continuaba con “andá a lavarte la con…chaa m pú…” y apagaba todo…Después salía a la calle y ya me parecía una güevada nor-mal, muy normal, si a esas giladas me las gritaban por la calle. Me imagino que a los pibes que me gritan, que se creen con el mejor biri biri pa encararte, no les debe calentar ni a gancho qué pueda sentir yo.”

“Tenía 10 años, me estaban creciendo los senos. Me había puesto un vestidito blanco ese día, estaba contenta estrenando mi regalo de cumple. Cuando fui a hacer las compras al kiosco, un vecino muy viejo (unos 80 años habrá tenido) me dijo “ay nenita, qué ricas tetitas. Te las chuparía”… Me asusté tanto que volví corriendo a mi casa y me cambié la ropa: una remera y un lompa. Las poleras en el invierno me venían muy bien… Recién ahora estoy usando blusas con es-cote y vestidos, por años me sentí culpable… El viejo verde re pajero se murió sin saber que me había cagado la concepción sobre mi cuerpo con esa frase de mierda…”.

“Caminaba por el barrio y un vecino que estaba ranchando con otros, me gritó una güevada, se fue a la mierda: “En ese culo te voy a meter la verga hasta que las nalgas aplaudan, mi amor”. Un asco me dio el forro de mierda. Me paré, lo miré feo y le dije “Callate gil culiá, sos un zarpado de mierda y no me cabe ni en pedo la mierda que me acabás de gritar”. Los pibes se le rieron en la cara. Me sentí bien, pero esa misma tarde vino solito a decirme que no me hiciera la gallita porque me iba a partir a bollos… Como que lo dejé como un choto frente a sus amigos y cayó a cantarme esa.”

“Iba por la plaza del barrio San Eduardo a pasar la tarde con una amiga que vive en esa zona. Veo a un grupo de pibes sentados en un cantero, carcajeaban mu-cho. Justo escuché a uno que me dijo “Oh, qué rica… te chupo todo menos las axilas”. Comencé a caminar más rápido, ruborizada, a la casa de mi amiga mientras los pibes seguían carcajeando.”
“Cuando tenía 17 años esperaba en el Puente Olive el 33 Las Heras, el bondi que va a la UNCuyo desde Godoy Cruz. En la parada un chabón me observaba. “Será porque estoy leyendo un libro y querrá saber el título”, pensé. Llegó el bondi, él se subió al mismo. Me senté en los asientos para una sola persona, me vino joya pa seguir leyendo, porque el bondi iba lleno y no quería ir para-da, pero… Lo más incómodo fue bancarme el pene del chabón sobre mi hom-bro derecho, durante los 40 minutos de viaje. Me dio vergüenza y miedo de-cirle que se pusiera en otro lugar, pensé que me iba a golpear.”

“Caminaba por los monoblocks que están frente al Parque Central, iba a la casa de mi abuela. Eran como las tres de la tarde. Tenía 11 años. A lo lejos, unos 200 mts, veo que alguien que se acercaba de frente caminaba de forma extraña, yo quería saber si le pasaba algo, llevaba una bici y al costado dere-cho había algo colgando. Cuando se acercó más a mí, me di cuenta que sus pantalones iban bajos y que me había estado mostrando el pene todo el rato. Corrí, casi temblando, a la casa de mi abuela.”

“Era martes. Iba nerviosa en el bondi de las 7.30 de la mañana, estaba lle-gando tarde a la escuela, justo ese día tenía examen. Me senté al final, a re-pasar con la carpeta. Del lado izquierdo donde me encontraba sentada había un señor de unos 60 años, bigotes gruesos, pantalones largos y remera ce-leste. No me olvido… Me miraba las piernas, que salían del jumper colegial. Yo me sentía más incómoda y me puse roja, no sabía qué decirle y además quería concentrarme en estudiar. No podía… De repente sacó su pene y em-pezó a tocarlo. Eso me molestó tanto que me cambié de lugar, pero estoy segura de que lo siguió haciendo.”