Estereotipo social: el mediopelo

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Fotografía gentileza M.A.f.I.A.

 

Por Pablo Doti

La cosa fue bien sencilla, digo, cómo lo engatusaron. Les cuento: resulta que la empresa donde trabajaba cerró porque las políticas económicas del gobierno de los globos así lo impusieron. La apertura indiscriminada de importaciones, la bicicleta financiera y, lo peor creo yo, haber transformado al país en un paraíso fiscal; tuvieron una repercusión negativa en los estratos más vulnerables de la sociedad. Y si bien él no pertenecía a la clase baja, sí venía de la media – aunque tenía, como casi todo su núcleo familiar, ínfulas de  señor importante -. La cosa fue que cuando la empresa donde trabajaba, cerró, otra empresa en la que él trabajaba como subcontratado/tercerizado, le dijo que ellos lo tomaban como una especie de (y así se lo dijeron) “subgerente con menos sueldo” y claro, él, acostumbrado a una realidad mentirosa – como a la que se estaba sometiendo al país con la gestión del doscientas catorce veces encausado –  se tomó todo normal y, sin mediar reflexión alguna, dijo que sí, que aceptaba. Además, y para no endilgarle toda la culpa a su ingenua fe amarilla, el hecho de que la empresa donde trabajaba cerrara y que su esposa le hinchara tanto las bolas, fueron dos factores determinantes para que lejos de reflexionar se mandara al trabajo de cabeza.

Y todo estuvo bien por tres meses. Pero luego de ese tiempo prudencial y necesario en el que él invirtió esfuerzo y compartió conocimientos en capacitar al personal “bajo su órbita” (como le habían dicho los jefes), le metieron – literalmente – una patada en el culo y lo mandaron a mudar. Del peor modo y con las peores maneras: llegó a la empresa y no lo dejaron pasar. Como si fuera un ladrón. Y sí, hijos de puta, todos los empresarios son así, le dijo su cuñado al calor del humo de un asado al lado de la churrasquera. También le dijo que se acordara cuando lo había votado al doscientas catorce veces encausado pensando que ese tipo iba a traer mejoras, pero que, como estaba comprobando, todas eran mentiras: no hay nada peor que los empresarios, son todos hijos del diablo, tenelo presente para la próxima. Y a modo de ejemplo le recordó que mientras todo esto le pasaba algunos habían hecho, legislado y combatido hasta que fue aprobada; una ley anti despidos y que el doscientas catorce veces encausado la había vetado.

Y yo no sé si aprendió o no este muchacho que es solo un caso más de la Argentina saqueada por los neoliberales. No obstante, sirva de ejemplo para las futuras generaciones.