El carnicero “cadáveres”

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Ilustración: Luis Scafati

 

Por Marcelo Padilla

Mediados de noviembre de 2016, mi barrio, Dorrego, Guaymallén. Calle Lamadrid. Carnicería. El matadero. Siete de la tarde, miércoles. 23 grados. Eso dice el pronóstico. En el matadero no hay nadie. Es pista de baile sin música ni bailarines. De blanco y con cofia el tipo desposta con el cuchillo corto. “¿Pero qué pasa acá muchachos, nadie saca a bailar a nadie?”, digo cuando entro, de golpe, sin saludar. Los empleados no dicen nada, están con la cabeza gacha. No se ríen del chiste, y me quedo callado un rato (segundos). “Cómo andas loco”, saluda el carnicero sin levantar la cabeza de su faena. El negocio es un santuario de objetos sagrados, son alimentos. La comida. Lo sagrado de la nutrición para la vida. Lo que no debería faltar en ninguna mesa de ninguna casa en ninguna parte ni rincón de nuestro país. El piso brilla. Reitero, parece una pista de baile para arrastras las patas y tirar pasos con la gente. Lo hice, me puse a resbalar y les dije: “así, este es el paso de este boliche”…y les saqué una sonrisa. Sin que levantaran la cabeza gacha, pero les saqué una sonrisa. “Vamos muchachos”, les arengué. “Quiero un pedazo de carne para hacerles a mis pibes, hoy los tengo a todos”. ¿A cuánto el kilo?, “180 pesos”, responde el carnicero amigo sin mirarme a los ojos. “Eeeeeeeeeehhhh”, largué. “Arriba las manos”, y las levanté como si me estuvieran choreando ellos a mí. Se cagaron de risa los empleados. En fin, otra sonrisa, choreada en medio del malestar de noviembre de 2016. Es un negocio que tiene enseres varios. Pero la nerca es el fuerte. Nuestra nerca. La base.

***

En la tele juegan al fútbol dos equipos de la B Nacional, o del Nacional B, da igual, esos son los que veo. Es la otra argentina, la del interior que se juega ahí en canchas con pelones de tierra y alguna chipica generosa por las lluvias. El porte de los jugadores, el cuerpo de algunos es como el de cualquiera de la calle. Solo que se ven en la tele a la moda con los tatuajes y cortes de pelo como los jugadores europeos, pero son nuestros indios los que se la juegan allí. Indios norteños contra indios porteños, presos en la cárcel de la salvación, una cancha de fútbol. El partido lo gana chaca 4 a 0. El mate se enfría y voy por más. Apago la tele porque no veo las noticias. He quedado en absoluta soledad y aislamiento luego de regar el jazmín del gordo. He cosechado unos 24 esta vez y repartido por toda la casa. En estado de trance por el perfume… quedo, y me tiro en la cama a leer a Néstor Perlongher, “Prosas Plebeyas”. “Cadáveres”, un poema nacional escrito en 1981 en un viaje en bondi de Buenos Aires a San Pablo, se los leo, es largo, hagan el esfuerzo si quieren o apaguen la compu:

Bajo las matas

En los pajonales

Sobre los puentes

En los canales

Hay Cadáveres

 

En la trilla de un tren que nunca se detiene

En la estela de un barco que naufraga

En una olilla, que se desvanece

En los muelles los apeaderos los trampolines los malecones

Hay Cadáveres

 

En las redes de los pescadores

En el tropiezo de los cangrejales

En la del pelo que se toma

Con un prendedorcito descolgado

Hay Cadáveres

 

En lo preciso de esta ausencia

En lo que raya esa palabra

En su divina presencia

Comandante, en su raya

Hay Cadáveres

 

En las mangas acaloradas de la mujer del pasaporte que se arroja

por la ventana del barquillo con un bebito a cuestas

En el barquillero que se obliga a hacer garrapiñada

En el garrapiñiero que se empana

En la pana, en la paja, ahí

Hay Cadáveres

 

Precisamente ahí, y en esa richa

de la que deshilacha, y

en ese soslayo de la que no conviene que se diga, y

en el desdén de la que no se diga que no piensa, acaso

en la que no se dice que se sepa…

Hay Cadáveres

 

Empero, en la lingüita de ese zapato que se lía disimuladamente, al

espejuelo, en la

correíta de esa hebilla que se corre, sin querer, en el techo, patas

arriba de ese monedero que se deshincha, como un buhón, y, sin

embargo, en esa c… que, cómo se escribía? c. .. de qué?, mas, Con

Todo

Sobretodo

Hay Cadáveres

 

En el tepado de la que se despelmaza, febrilmente, en la 

menea de la que se lagarta en esa yedra, inerme en el 

despanzurrar de la que no se abriga, apenas, sino con un 

saquito, y en potiche de saquitos, y figurines anteriores, modas 

pasadas como mejas muertas de las que 

Hay Cadáveres

 

Se ven, se los despanza divisantes flotando en el pantano: 

en la colilla de los pantalones que se enchastran, símilmente;

en el ribete de la cola del tapado de seda de la novia, que no se casa 

porque su novio ha

………………………….!

Hay Cadáveres

 

En ese golpe bajo, en la bajez

de esa mofleta, en el disfraz

ambiguo de ese buitre, la zeta de 

esas azaleas, encendidas, en esa obscuridad 

Hay Cadáveres

 

Está lleno: en los frasquitos de leche de chancho con que las 

campesinas 

agasajan sus fiolos, en los 

fiordos de las portuarias y marítimas que se dejan amanecer, como a 

escondidas, con la bombacha llena; en la 

humedad de esas bolsitas, bolas, que se apisonan al movimiento de 

los de 

Hay Cadáveres

 

Parece remanido: en la manea 

de esos gauchos, en el pelaje de 

esa tropa alzada, en los cañaverales (paja brava), en el botijo 

de ese guacho, el olor a matorra de ese juiz 

Hay Cadáveres

 

Ay, en el quejido de esa corista que vendía “estrellas federales”

Uy, en el pateo de esa arpista que cogía pequeños perros invertidos, 

Uau, en el peer de esa carrera cuando rumbea la cascada, con 

una botella de whisky “Russo” llena de vidrio en los breteles, en ésos, 

tan delgados, 

Hay Cadáveres

 

En la finura de la modistilla que atara cintas do un buraco hubiere 

En la delicadeza de las manos que la manicura que electriza 

las uñas salitrosas, en las mismas 

cutículas que ella abre, como en una toilette; en el tocador, tan 

…indeciso…, que 

clava preciosamente los alfiles, en las caderas de la Reina y

en los cuadernillos de la princesa, que en el sonido de una realeza 

que se derrumba, oui 

Hay Cadáveres

 

Yes, en el estuche de alcanfor del precho de esa 

¡bonita profesora! 

Ecco, en los tizones con que esa ¡bonita profesora! traza el rescoldo

de ese incienso; 

Da, en la garganta de esa ajorca, o en lo mollejo de ese moretón

atravesado por un aro, enagua, en 

Ya

Hay Cadáveres

 

En eso que empuja 

lo que se atraganta, 

En eso que traga 

lo que emputarra, 

En eso que amputa 

lo que empala, 

En eso que ¡puta! 

Hay Cadáveres

 

Ya no se puede sostener: el mango 

de la pala que clava en la tierra su rosario de musgos, 

el rosario 

de la cruz que empala en el muro la tierra de una clava, 

la corriente 

que sujeta a los juncos el pichido – tin, tin . . . – del son-

ajero, en el gargajo que se esputa…

Hay Cadáveres

 

En la mucosidad que se mamosa, además, en la gárgara; en la también 

glacial amígdala; en el florete que no se succiona con fruición 

porque guarda una orla de caca; en el escupitajo 

que se estampa como sobre en un pijo,

en la saliva por donde penetra un elefante, en esos chistes de 

la hormiga, 

Hay Cadáveres

 

En la conchita de las pendejas

En el pitín de un gladiador sureño, sueño

En el florín de un perdulario que se emparrala, en unas

brechas, en el sudario del cliente 

que paga un precio desmesuradamente alto por el polvo, 

en el polvo

Hay Cadáveres

 

En el desierto de los consultorios

En la polvareda de los divanes “inconcientes” 

En lo incesante de ese trámite, de ese “proceso” en hospitales 

donde el muerto circula, en los pasillos 

donde las enfermeras hacen SHHH! con una aguja en los ovarios,

en los huecos 

de los escaparates de cristal de orquesta donde los cirujanos 

se travisten de ”hombre drapeado”, 

laz zarigueyaz de dezhechoz, donde tatúase, o tajéase (o paladea) 

un paladar, en tornos 

Hay Cadáveres

 

En las canastas de mamá que alternativamente se llenan o vacían de 

esmeraldas, canutos, en las alforzas de ese 

bies que ciñe-algo demás-esos corpiños, en el azul Iunado del cabello, gloriamar, en el chupazo de esa teta que se exprime, en el 

reclinatorio, contra una mandolina, salamí, pleta de tersos caños . .. 

Hay Cadáveres

 

En esas circunstancias, cuando la madre se 

lava los platos, el hijo los pies, el padre el cinto, la 

hermanita la mancha de pus, que, bajo el sobaco, que 

va “creciente”, o 

Hay Cadáveres

 

Ya no se puede enumerar: en la pequeña ”riela” de ceniza 

que deja mi caballo al fumar por los campos (campos, hum…),o por 

los haras, eh, harás de cuenta de que no 

Hay Cadáveres

 

Cuando el caballo pisa

los embonchados pólderes,

empenachado se hunde

en los forrajes;

cuando la golondrina, tera tera,

vola en circuitos, como un gallo, o cuando la bondiola

como una sierpe ‘leche de cobra” se

disipa,

los miradores llegan todos a la siguiente

conclusión:

Hay Cadáveres

 

Cuando los extranjeros, como crápulas, (“se les ha volado la 

papisa, y la manotean a dos cuerpos”), cómplices, 

arrodíllanse (de) bajo la estatua de una muerta, 

y ella es devaluada! 

Hay Cadáveres

 

Cuando el cansancio de una pistola, la flaccidez de un ano,

ya no pueden, el peso de un carajo, el pis de un 

”palo borracho”, la estirpe real de una azalea que ha florecido 

roja, como un seibo, o un servio, cuando un paje 

la troncha, calmamente, a dentelladas, cuando la va embutiendo 

contra una parecita, y a horcajadas, chorrea, y

Hay Cadáveres

 

Cuando la entierra levemente, y entusiasmado por el su-

ceso de su pica, más 

atornilla esa clava, cuando “mecha” 

en el pistilo de esa carroña el peristilo de una carroza 

chueca, cuando la va dándola vuelta 

para que rase todos.. . los lunares, o 

Sitios,

Hay Cadáveres

 

Verrufas, alforranas (de teflón), macarios muermos: cuando sin…

acribilla, acrisola, ángeles miriados’ de peces espadas, mirtas 

acneicas, o sólo adolescentes, doloridas del 

dedo de un puntapié en las várices, torreja 

de ubre, percal crispado, romo clít … 

Hay Cadáveres

 

En el país donde se yuga el molinero

En el estado donde el carnicero vende sus lomos, al contado,

y donde todas las Ocupaciones tienen nombre….

En las regiones donde una piruja voltèa su zorrito de banlon,

la huelen desde lejos, desde antaño 

Hay Cadáveres

 

En la provincia donde no se dice la verdad 

En los locales donde no se cuenta una mentira 

-Esto no sale de acá- 

En los meaderos de borrachos donde aparece una pústula roja en

la bragueta del que orina-esto no va a parar aquí -, contra los 

azulejos, en el vano, de la 14 o de la 15, Corrientes y 

Esmeraldas, 

Hay Cadáveres

 

Y se convierte inmediatamente en La Cautiva,

los caciques le hacen un enema, 

le abren el c… para sacarle el chico,

el marido se queda con la nena, 

pero ella consigue conservar un escapulario con una foto borroneada

de un camarín donde…

Hay Cadáveres

 

Donde él la traicionó, donde la quiso convencer que ella 

era una oveja hecha rabona, donde la perra 

lo cagó, donde la puerca

dejó caer por la puntilla de boquilla almibarada unos pelillos 

almizclados, lo sedujo,

Hay Cadáveres

 

Donde ella eyaculó, la bombachita toda blanda, como sobre 

un bombachón de muñequera como en 

un cáliz borboteante-los retazos 

de argolla flotaban en la “Solución Humectante” (método agua por 

agua), 

ella se lo tenía que contar

Hay Cadáveres

 

El feto, criándose en un arroyuelo ratonil,

La abuela, afeitándose en un bols de lavandina,

La suegra, jalándose unas pepitas de sarmiento,

La tía, volviéndose loca por unos peines encurvados

Hay Cadáveres

 

La familia, hurgándolo en los repliegues de las sábanas 

La amiga, cosiendo sin parar el desgarrón de una “calada” 

El gil, chupándose una yuta por unos papelitos desleídos 

Un chongo, cuando intentaba introducirla por el caño de escape de 

una Kombi, 

Hay Cadáveres

 

La despeinada, cuyo rodete se ha raído

por culpa de tanto “rayito de sol”, tanto “clarito”; 

La martinera, cuyo corazón prefirió no saberlo;

La desposeída, que se enganchó los dientes al intentar huir de un taxi;

La que deseó, detrás de una mantilla untuosa, desdentarse 

para no ver lo que veía: 

Hay Cadáveres

 

La matrona casada, que le hizo el favor a la muchacho pasándole un 

buen punto; 

la tejedora que no cánsase, que se cansó buscando el punto bien 

discreto que no mostrara nada 

– y al mismo tiempo diera a entender lo que pasase -; 

la dueña de la fábrica, que vio las venas de sus obreras urdirse

táctilmente en los telares-y daba esa textura acompasada…

lila…

La lianera, que procuró enroscarse en los hilambres, 

las púas 

Hay Cadáveres

 

La que hace años que no ve una pija 

La que se la imagina, como aterciopelada, en una cuna (o cuña) 

Beba, que se escapó con su marido, ya impotente, a una quinta 

donde los 

vigilaban, con un naso, o con un martillito, en las rodillas, le

tomaron los pezones, con una tenacilla (Beba era tan bonita como una 

profesora…) 

Hay Cadáveres

 

Era ver contra toda evidencia

Era callar contra todo silencio

Era manifestarse contra todo acto

Contra toda lambida era chupar

Hay Cadáveres

 

Era: “No le digas que lo viste conmigo porque capaz que se dan 

cuenta” 

O: “No le vayas a contar que lo vimos porque a ver si se lo toma a 

pecho”

Acaso: “No te conviene que lo sepa porque te amputan una teta” 

Aún: “Hoy asaltaron a una vaca” 

“Cuando lo veas hacé de cuenta que no te diste cuenta de nada 

…y listo” 

Hay Cadáveres

 

Como una muletilla se le enchufaba en el pezcuello 

Como una frase hecha le atornillaba los corsets, las fajas 

Como un titilar olvidadizo, eran como resplandores de mangrullo, como 

una corbata se avizora, pinche de plata, así 

Hay Cadáveres

 

En el campo

En el campo

En la casa

En la caza

Ahí

Hay Cadáveres

 

En el decaer de esta escritura

En el borroneo de esas inscripciones

En el difuminar de estas leyendas

En las conversaciones de lesbianas que se muestran la marca de la liga,

En ese puño elástico,

Hay Cadáveres

 

Decir “en” no es una maravilla? 

Una pretensión de centramiento? 

Un centramiento de lo céntrico, cuyo forward 

muere al amanecer, y descompuesto de 

El Túnel 

Hay Cadáveres

 

Un área donde principales fosas?

Un loro donde aristas enjauladas?

Un pabellón de lolas pajareras?

Una pepa, trincada, en el cubismo

de superficie frívola…?

Hay Cadáveres

 

Yo no te lo quería comentar, Fernando, pero esa vez que me mandaste 

a la oficina, a hacer los trámites, cuando yo 

curzaba la calle, una viejita se cayó, por una biela, y los 

carruajes que pasaban, con esos crepés tan anticuados (ya preciso,

te dije, de otro pantalón blanco), vos creés que se iban a 

detener, Fernando? Imaginá…

Hay Cadáveres

 

Estamos hartas de esta reiteración, y llenas 

de esta reiteración estamos. 

Las damiselas italianas 

pierden la tapita del Luis XV en La Boca!

Las ”modelos”-del partido polaco- 

no encuentran los botones (el escote cerraba por atrás) en La Matanza! 

Cholas baratas y envidiosas – cuya catinga no compite-en Quilmes! 

Monas muy guapas en los corsos de Avellaneda! 

Barracas! 

Hay Cadáveres

 

Ay, no le digas nada a doña Marta, ella le cuenta al nieto que es

colimba!

Y si se entera Misia Amalia, que tiene un novio federal!

Y la que paya, si callase!

La que bordona, arpona!

Ni a la vitrolera, que es botona!

Ni al lustrabotas, cachafaz!

Ni a la que hace el género “volante”!

NI

Hay Cadáveres

 

Féretros alegóricos!

Sótanos metafóricos!

Pocillos metonímicos!

Explícito !

Hay Cadáveres

 

Ejercicios

Campañas

Consorcios

Condominios

Contractus

Hay Cadáveres

 

Yermos o Luengos

Pozzis o Westerleys

Rouges o Sombras

Tablas o Pliegues

Hay Cadáveres

 

-Todo esto no viene así nomás 

-Por qué no? 

-No me digas que los vas a contar 

-No te parece? 

-Cuándo te recibiste? 

-Militaba? 

-Hay Cadáveres?

 

Saliste Sola 

Con el Fresquito de la Noche 

Cuando te Sorprendieron los Relámpagos 

No Llevaste un Saquito 

Hay Cadáveres

 

Se entiende?

Estaba claro?

No era un poco demás para la época?

Las uñas azuladas?

Hay Cadáveres

 

Yo soy aquél que ayer nomás…

Ella es la que…

Veíase el arpa…

En alfombrada sala…

Villegas o

Hay Cadáveres

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¿No hay nadie?, pregunta la mujer del Paraguay.

Respuesta: No hay cadáveres.

 

***

El carnicero, el matadero, no tiene buena cara. Me da la carne ensangrentada en una bolsa. Le hace un verso a la máquina eléctrica de pesar y me cobra, menos. La mitad. La mitad a mediados de noviembre de 2016. Se me acerca estirando el pescuezo sobre el mostrador de vidrio y me dice: “éste hijo de puta nos mintió a todos, nos está cagando, habrán choreado o qué se yo, pero con la Cristina yo me compré un auto, arreglé mi casa, le regalé a mi mujer un televisor hermoso, llegaba a fin de mes, ahora no llego ni en pedo. Nos están cagando hermano”…

El carnicero me conoce. Sabe que yo entré una vez al boliche en plena campaña 2015 y decía “Scioli o Buitres”. Había gente con cara de orto que miraba de reojo. En ese momento, miraba de reojo, ahora entran menos, y cuando entran lo hacen con la misma posición que vi a los empleados cuando fui a comprar, cabeza gacha. Hay cadáveres.