Noticias de la periferia

“La ciudad” puede que sea el gran fracaso del capitalismo (crónica de un viaje a la quebrada de Humahuaca)

maimara

Por Marcelo Padilla

La ciudad se apaga en la ruta, miro a los lejos por la ventana del bondi y se apaga, se pierde. De la terminal de la Ciudad de Mendoza hacia la terminal de la Ciudad de San Salvador de Jujuy…y de ahí a Tilcara, y luego a Maimará, en la Quebrada de Humahuaca. Allí se realizan las V Jornadas del Pensamiento Rodolfo Kusch. Un desconocido… prácticamente. Un desaparecido por la academia y reaparecido desde los bordes de la misma. Un viaje a la ancestralidad del altiplano donde conviven vírgenes sincretizadas en el mero estar de la puna, con el ritmo de los anti-relojes.
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El bondi es lechero y para cada tanto en San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta… para finalmente llegar a San Salvador de Jujuy. En Catamarca se rompe. En Catamarca llueve finito. Es una parada por accidente y ahí sí… me fumo unos puchos y charlo con un chabón que viaja por toda la Argentina instalando sistemas de seguridad para locales. El chabón tiene presión alta… se siente mal, buscamos una farmacia y está cerrada. No estamos en la capital de Catamarca, es un pueblo bordeando la nada. Mientras arreglan el bondi buscamos farmacias. Nada. Todo cerrado. Repito, el chabón tiene presión alta y no tiene la pastilla. Charlamos con otros pasajeros en la calle desierta y uno de ellos es obstetra. Sale el tema y dice: “yo tengo pastillas para la presión, ahora te las traigo del micro”. Hablando y escuchando, así, suceden las cosas.
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El bondi paró mil veces más. Hicimos trasbordo en Güemes, un pueblo salteño. Cambiamos de bondi, algunos, y partimos hacia Jujuy. La tarde se estrella contra las montañas de colores. El cardón es un centinela de esas cumbres bajo la neblina. Noche. Caer al suelo. Luego de 24 horas viajando aterrizamos en San Salvador. Somos momias incaicas por la posición en el colectivo. Estiramos las patas y los brazos y cada uno a su rancho. Tilcara. Ahora debo ir a Tilcara para dejar la mochila en el hostel y ver si llego al cierre del primer día de las Jornadas. Noche. O noches. Son muchas noches en una noche. Laderas, paradas, cholas que suben, cholas que bajan en pueblitos de noche. Por eso digo…son muchas noches en una misma noche. Caí en Tilcara a las 22 y es noche silenciosa de miércoles. Viento frío del altiplano que cala. Luces amarillas que adormilan. Suelo. Piso el suelo. El norte diablo en plena faena de costumbres. Dejo los trastos en el hostel y salgo a caminar por la boca de un gran indio, a recorrer los órganos de Tilcara.
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Aquí está, prácticamente, todo cerrado. Excepto las peñas y un par de locales para comer de parado. En una librería hay luz y veo gente. Es un tucumano que charla con la chica que atiende. El tucumano tiene tres botellas de cerveza de distintos gustos. “Las estoy probando”, me dice, casi en pedo, “las estoy probando a todas desde que llegué por la tarde amigo”… conversamos sobre los libros y me dice: “yo soy contador, pero me gustan los libros… soy contador de historias y probador de cervezas”, larga una carcajada y me contagia. Nos damos la mano y sigo camino en busca de un plato de comida o un sanguche. En el micro me cagué de hambre y siento que puedo comerme un jabalí vivo.
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Tucumán es peronista por naturaleza…
Y siempre Arde.
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A las nueve y pico de la mañana salgo a Maimará, un pueblito pegado a Tilcara. Me subo a un taxi compartido por 13 pesos y vamos. Maimará está hecho por el sol y lo que deja. Aquí gobierna el sol, en esta piel de la tierra andan verdadeando costumbres. Un pueblito suspendido en la espiritualidad plagada de símbolos. Se flota, y por la altura se sueña desvanecido en una esquina. La “América Profunda” de Rodolfo Kusch es más alta que cualquier edificio porteño con helipuerto. Desde aquí se podría desgobernar toda la nación y hacerla de nuevo, como lo hicieron los antepasados. Pero el puerto es el puerto. Y aquí habría que inventar otra salida a otro mar. El boliviano por ejemplo, el mar boliviano que no es, el que reclama el quechua y el aymará hace años.
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Las jornadas se realizan en el salón municipal y hay más de trescientos asistentes de diferentes países latinoamericanos. Estudiantes rosarinos y cordobeses. Docentes. Artistas. Ponentes de todo el país. Abordajes sobre la obra de Rodolfo Kusch desde una diversidad de barro y plantas. Arte, política, filosofía y cosmovisiones espirituales. Las jornadas son una viaje ayaguasquero. El hechicero está presente con sus cenizas en el cementerio, en la roca. El viento las trae y el sonido del apellido es un silencio largo. Nos expresamos por la liberación de Milagro Sala. De pie, aplaudiendo, con los dedos en V y con los puños cerrados. Se debate, se piensa, se expone. En círculos o desperdigados en el estacionamiento del playón. En la cancha de básquet. En bolichones. Voy a Tilcara y vuelvo, los cuatro días de las jornadas. Hago un caminito y paso por las casas de los barrios de la Tupac. Hay silencio. Se cuenta aquí que muchas de las casas que hizo la organización han sido allanadas, buscando a los líderes. Además de Milagro Sala, hay 8 presos políticos más. Morales, el nuevo Gobernador de Jujuy, ha impuesto una especie de Estado de Sitio.
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La obra de Rodolfo Kusch, su pensamiento seminal, su modo de vivir, el latir de una filosofía que pasa por el cuerpo y las emociones, el suelo y su gravidez que sitúa todo pensamiento, las máscaras, los rituales, la ceremonia integradora como forma cultural para la conjura, las cosas innecesarias del patio de los objetos, la necesidad de escuchar voces que cantan la gran verdad de lo popular, “desde lo popular”. La negación. Los profetas del miedo. La convivencia con lo monstruoso. El hedor de cualquier suburbio, todo el entramado subterráneo que no vemos y está tejiéndose. Eso.
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Más lento, vivir más lento. “La ciudad” puede que sea el gran fracaso del capitalismo.