El idealista de la violencia

Piquete

fotografía gentileza M.A.f.I.A.

 

Por Pablo Doti

Kumé estaba convencido de que si no era por la senda de la política agresiva, el modo de hacer la revolución social era mediante las armas. Y es que Kumé nació en el tango de la pobreza de villa miseria y casa de nylon. Con todo, tenía la rebeldía del que comprende que algo no anda si son solo los pobres la mayoría. Además, la providencial mano del párroco del barrio le había acercado algunos libros. Entre ellos, El muchacho peronista de Marcelo Figueras y La guerra de guerrillas del Che. Fue esta última lectura la que lo acercó a la militancia en la Tupac Amaru. Pero apenas estaba empezando cunado ganó el gobierno el mercader encausado. Por eso, cuando la metieron presa a Milagro Sala pensó que se iba a podrir todo. Y la verdad es que se puso contento: en su itinerario educativo definían momentos cruciales la pateadura que le dieron una vez en un local de video juegos por afanar y la sopapeada que se había comido en la cana por portar cara. Era hora de darles a los garcas. Pasaron uno, dos y nueve meses. A Milagro no la liberaron, muy al contrario la cosa se puso peor: el gobierno del mercader encausado encerró a Hebe y a Cristina. Con cargos fabulosos que remitían a lo más berreta del Realismo Mágico. Sin embargo, conscientes de la total sugestión, mediante la complicidad de los medios domesticaron al pueblo. Pronto los hicieron aceptar cualquier cosa. Tanto es así que terminaron avalando exterminarse unos a otros. Con cualquier excusa. Kumé le dijo a sus compañeros que ya basta, que sacaran las armas y salieran a combatir, que era la patria la que estaba en juego. Los compañeros concordaron con él pero le explicaron que no tenían armas. Nunca las habían tenido. El rumor había sido una operación del diario de la corneta. Kumé entendió que el mundo es una mierda y lo mejor que se puede hacer es incendiarlo. No podría decir Dios porque Kumé era ateo pero la providencia le proveyó el esencial libro Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia de Osvaldo Bayer. En el texto conoció de las ideas anarquistas y se enamoró del concepto del “anarquista individualista”. Así, una gris mañana, Kumé se inmoló en la Legislatura provincial. En la acción murieron varios senadores principales. La mayoría eran del bloque oficialistas. El atentado fue usado como excusa política para que el ejército hiciera la seguridad interna del país. Así las calles se llenaron de uniformes verdes y metralletas amenazadoras.