Nobel gana el premio Bob Dylan de literatura

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Por Martín Santos

Sucedió lo que sabíamos podía suceder un año y quedaba en la crónica del rumor. Bob Dylan candidato a Nobel de literatura crónico todos los años como fue Borges el eterno novio que nunca desposaron del podio mundial de las letras. Y el Nobel en plena disputa por la post literatura, que descree del vehículo novela en particular pero de la letra impresa en general. Así Bob Dylan es el mejor posible Nobel para recuperar algo de terreno en ese género que va en retirada pero resiste a fuerzas de novelas oscuras nórdicas escritas por dark de curioso pelo largo, magos adolescentes, mamotretos autobiográficos de también escritores nórdicos, y en las bateas del mundo reina de lo que la gente supuestamente elige para leer, libros de difusión pseudocientífica de autoayuda eficientista; y claro en Argentina en el 2016 el funcionario PRO Facundo Manes monopoliza los stand de las ferias de los libros con el mismo discurso motivacional de base científica. Y así quién puede querer leer.

Pero el triunfo de Nobel para arrimarse a Bob Dylan es un triunfo de la rareza hippie, punk, rebelde, contracorriente, misteriosa, agazapada, retorcida, oscura y no obsecuente de la cultura contemporánea. Los raros, marginales que no hicieron nada en su obra para agradar. Ni siquiera escribir muchos libros. Apenas dos.

Significa algo o no el Nobel de literatura está siempre en disputa, pero es de esos eventos noticiosos del año que todos atienden. Nombres que inquietan de otros años, Vargas Llosa, Winston Churchill, Naguib Mahfuz, no se lo dieron a Borges; en la historia dos rechazos, un ruso Borís Pasternak tuvo que negarse amablemente por exigencia del gobierno ruso y Jean Paul Sartre pica en punta rechazándolo por vocación contrera ‘un intelectual no puede estar institucionalizado’, y es el último premio que le queda por obtener a Bob Dylan teniendo un frívolo Oscar en su haber; rechazar el Nobel y empardar a Sartre. Hasta ahora, cuando cae el día del trece de octubre no hay versiones oficiales que confirmen que Dylan aceptará el premio. Como antes rechazó tantos otros, en su juventud desafiando ese premio progresista que lo premiaba como joven promesa ‘yo tengo pelo en mi cabeza ustedes no’. Quizás suceda y los Dylaninanos del mundo se deberían regocijar con la escena, la de Dylan no aceptando, escondiéndose en el anonimato de jubilado del conurbano americano como es su tradición de recluso, compartiendo el oscurantismo con Salinger y Pynchon. Hombres de otra tecnoesfera ajena a las redes sociales. También los Dylanianos podrían tener su premio consuelo de un discurso errático y nebuloso de aceptación del premio, posiblemente vestido como un vaquero steampunk o como se le ocurra a Dylan ese día.

Para los cretinos que agotan a sus parejas con textos malos del yo y sospechan de solvencia literaria de BOB, quédense tranquilos que tiene un libro, muy bueno ‘Crónicas Volumen Uno’ un solo tomo autobiográfico, prometió más pero no pasó; hay también una novela mala ‘Tarantula’ algo Da Da, la escribió en joda.

TARANTULA (PDF)

Y viñetas de Dylan, que recorrió la cultura de la música como un Forrest Gump misterioso y callado, haciendo lo que se le daba la gana siempre anacrónico a sus contemporáneos o siempre fiel a su ritmo.

DYLAN tenía veintidós años y cantó en el 63 con Joan Báez cuando Marthin Luther King dijo ‘anoche tuve un sueño’. Veintidós años y era el poeta de la época. Se hinchó las bolas de la impostura y cuatro años después inventó un accidente y desapareció por dos años. En el medio se casó y se enchufó a la eléctrica, apareció con amplificadores cantando “Like a Rolling Stone” a los conserva del folk que le gritaron “Judas” la primera vez en vivo eléctrico con su banda rockera; él les replica: “no les creo” y a su banda le ordenó: “¡Play fucking loud!” ahí empezó con la primera sentencia de Like a Rolling Stone…”Había una vez que te vestías tan bien…”

DYLANIADAS Cuando Hunter Thompson murió le encontraron en un cajón una armónica roja que le había regalado BOB; y la descripción de su velorio que terminó pagando Johnny Depp de su bolsillo, en el medio del desierto una escultura de muchos metros de su puño GONZO (el género que inventó) para que explote sus cenizas con fuegos artificiales mientras sonaba de fondo Mr Tambourine Man, de Dylan

DYLANISMOS en el 68 después de su desaparición en moto toca en Londres porque EEUU estaba terrible; una tarde baja un helicóptero al campo del castillo donde estaba y de él los cuatro beatles con Yoko y el máster del álbum blanco en el sobaco para ver qué decía Dylan del disco.

DYLAN con 19 o 20 años apareció entre los folks cantando mal y gangoso pero muy expresivo y se transformó en el estándar del folk para la juventud sesenta algo poser. Le hicieron una nota en la televisión con su primer disco llamado BOB DYLAN donde está la inmejorable versión de House of The Rising Sun que cantó como un viejo sabio del sur cuando tenía apenas 21 años, en la nota en la tele, no había mucha televisión ni notas en el 62, mintió e inventó su biografía diciendo que se había escapado de un circo, que vivía en la calle como un pordiosero. Eso en su primera nota.

DYLAN, Allen Ginsberg era su referente porque de pibe como todos en esa época quería imitar a los beatnik, a Kerouac y claro a Neal Cassady; se conocieron y Ginsberg lo amaba, le perdió el rastro y lo escuchó de nuevo con It’s Allrigth, Ma (I’m Only Bleeding) -‘Está bien ma, sólo estoy sangrando’- y flashó que era un chamán que manejaba su columna de aire asincopada con la letra, locuras de Ginsberg que cuenta en el documental de Dylan de Scorsese. En el mismo doc cuenta Ginsberg que una vez reunido con Dylan y los Beatles no podía creer que esos niños avergonzados e ingenuos que no habían probado más que el porro estaban siendo los poetas del mundo.

DYLAN y el final de it’s Alright, Ma: “Y si mis pensamientos-sueños pudieran verse/Probablemente pondrían mi cabeza en la guillotina/Pero está bien. Ma, es la vida, y sólo la vida”

DYLANS le preguntan a Jakob Dylan, el hijo de ojos claros de las tres marlenas que a las chicas les gusta, por qué no dice que es el hijo de Bob Dylan, y responde: porque soy el hijo de Bob Dylan.

DYLAN no fue a Woodstock, vivía ahí mismo, ya se había cansado de ser una promesa o para llevar la contra no fue.

DYLANISMOS y la merca en los setenta y los malísimos ochenta, su catolicismo góspel de Pressing On, la maravillosa amistad con George Harrison, las tardes boludeando los dos con Roy Orbinson y Tom Petty y esa súper banda de los Traveling Wilburys que contaba la hija de Harrison hacían en joda escribiendo automático como los surrealistas. Sus pésimas películas, las apariciones fantasmagóricas en los medios, el Tour que Nunca Termina (Never Ending Tour) que lleva décadas rodando, cuando le preguntan para qué seguía de gira dijo: ‘y qué haría jubilarme y ver televisión?’ y luego los noventa, viejo y hermoso de nuevo sin cocaína.

DYLAN nunca se casó con Joan Báez pero fueron pareja y estuvieron enamorados, tienen la misma edad pero a sus veinte ella era más grande, cuando agotaban el Greenwich Village Joan Báez era reconocida como una voz importante en el nuevo folk y BOB le rogaba por un espacio en las marquesinas; después la pasó y se transformó en El Poeta; y la humilló por desamor. La convocó a una gira circense que hacía de ácidos y nunca la dejó subir al escenario con él para hacer un dúo como hacían en la juventud anónima. Joan es una militante activa de las causas civiles y canta en cualquier mitín, hace poco decía en una entrevista que la gente aún le pregunta en las reuniones políticas, ¿por qué no viene Bob a la marcha? y ella responde enojada: “¡Bob nunca vino, idiotas! a él no le interesa la política” lo decía con dolor. Años después un joven Steve Jobs obsesionado con Dylan consiguió flirtear un tiempo con Joán Baez, ella lo dejó porque se dio cuenta que estaba con ella porque había sido novia de BOB.

DYLAN y si alguien quiere saber de Dylan hay que ver el doble doc ‘No Direction Home’ de Martin Scorsese; donde está casi todo, y también su ‘Crónicas Volumen 1’ autobiografía que escribió en mayúsculas detrás de los escenarios del Never Ending Tour, pero sobre todo para entender lo difícil y poco probable que es haber sido Dylan hay que ver Inside Llewyn Davis de los Coen con Oscar Isaac haciendo de un no Dylan en la misma época y lugar que Dylan escuchando el susurro de Farewell al final principio de la mejor de los Coen:

Y también la Don’t Look Back del 67 con un Dylan de mal humor y pendenciero a punto de desvanecerse

DYLAN vino tres veces al país, tocó todas versiones deformadas de los hits sin un mínimo gesto tribunero, no habló con humanos ni con el público, presentó mal a la banda o no la presentó y no hizo bises hiteros; fue a morfar y a boxear un rato medio en joda. En el 2008 al fondo del escenario sobre un amplificador a oscuras tenía el Oscar que había ganado por Things Have Changed. Tampoco mencionó el tema. Si hace otra gira les apuesto que hace lo mismo con la medalla de hoy.