Bajo un cielo de nubes peronistas

Fotografía: gentileza M.A.f.I.A.

 

Por Marcelo Padilla

Me levanto a las seis y media de la mañana y ya clarea, algo nublado pero no como esos días de otoño-invierno que helaban los huesos y llovía a cántaros sin parar durante 23 días… parecía Buenos Aires o alguna ciudad portuaria, qué se yo…raro para Mendoza, este desierto que no nos habituó nunca a los paraguas. Hago lo de siempre: pongo la pava y adorno el ritual del mate con la compu, el cenicero y los puchos, el velador en la mesa y esas liturgias cotidianas. Me levanto como si no gobernara el príncipe, no sé, eso siento todas las mañanas, como si no asumiera que las cosas han cambiado, para mal, o, en otras para bien, qué se yo, para pensar de nuevo otras formas de vivir un día en el planeta tierra y que no sean todos iguales, aunque lo parezcan y no lo sean realmente, en fin…siento eso. He reparado en algunas cosas que pasan, como otro vibrar, una sensación colectiva en muchos de desamparo, sin dioses, sin dioses políticos…a la barbarie, a la masa anónima que está asqueada de las noticias por más que las vean y se prendan y repitan y divulguen. Nada. Nada de nada de nada de nada. Organizaciones políticas autocentradas en sí mismas. Militancia no militante. Y lo único que detonó la atención: la marcha “ni una menos” por los crímenes femicidas. Los medios oportunistas que se prenden en esas convocatorias porque saben de la temperatura y del clima, con su populismo de derecha que, a la vez que se escandalizan porque unas corajudas pintaron la legislatura y enfrentaron a la cana, ponen todos los días en sus portales a minas en bolas o en tanga en secciones hot para la gilada porque saben que eso vende, cínicamente vende eso de mostrar a la mina como un objeto sexual como si fueran solo una concha y un culo y un par de tetas. Parecen talleres mecánicos los medios, con los calendarios de “infartantes tetonas de play boy”. Y se hacen los boludos en esa contradicción pero venden venden venden. Aprietan, operan. No son medios, eso hay que decirlo de una vez por todas, no son medios periodísticos. Son empresas que tienen una radio un canal, un diario, otras empresas de otros rubros, etc. El periodismo murió hace rato. Quedan pocos periodistas. Pocos. El periodismo actual está lleno de moralistas seudo progres que cagan santos pero le venden el alma al mejor postor. Pero bueno, no estoy descubriendo la pólvora. No estoy diciendo nada nuevo. Vivir un día en el planeta tierra es un palo. Un palo duro de roer. No solo por la guita que ya es todo un tema de vida. “Estar” es un tema. Estar aquí en este puto mundo cercado por la libertad. Yo pido fiado y me lo dan en la verdulería y en el kiosco. Me las arreglo. Uy, el peronismo. Para qué. Para qué el peronismo. Para qué todo. Me encuentro con el Roberto Roitman, un amigo, un referente del peronismo más del palo de la economía  y profe colega de la facu y charlamos en la puerta de novelas policiales (es un fanático del tema y sabe) y me recomienda a un tipo que tengo que leer, un tipo que escribe cuentos, Carlos Piñeiro Iñiguez se llama, me habla de un libro de ese tipo: “Bajo un cielo de estrellas peronistas”, y, como para seducirme más me dice que uno de los cuentos se llama “Perón en Jamaica”, o algo así, donde el General fuma porros y se hace amigo de Bob Marley… “y cómo no lo voy a leer”, le digo, “es un palo”, “es que te lo voy a regalar al libro”, me dice, “porque te lo quiero regalar”… y así, hablamos también de la dispersión del movimiento, que cada uno hace lo que puede. Nos reímos y me fumo un pucho, nos demoramos bajo el cielo nublado en las escaleras de la facultad un rato largo. El cielo es todo nube, sabe agradable el día, tiene un toquecito melanco, se aferra el viento que no corre con vehemencia. Ha llovido, el pasto está más verde que otros días, la mañana pasa, me despido de Roberto con un abrazo, bajo las escaleras y sigo caminando en la nada hacia la nada que es la parada del colectivo que demora una banda pero estoy calmo y me fumo otro pucho, subo al bondi y abro un libro de Kusch, releo párrafos marcados, leo en el celular una crónica de la Revista Anfibia, de repente estoy en Dorrego, de vuelta en casa, entro con ganas, miro el jazmín crecido a punto de explotar, a mi gata milanesa… la casa está en orden, pongo la pava y me pongo a escribir lo que siento en un día en el planeta tierra. Nada, tengo 50 pé. Y nada más. La noche que vendrá parece que no tendrá estrellas, pinta el nublado de corrido. Las estrellas, las estrellas, las estrellas, me las imagino, y ahí me imagino todo, y ahí caigo que sí, que gobierna el príncipe… y que llueve.