Peronismo de amores perros

despedida_cronica13-09-16

Fotografía: gentileza M.A.f.I.A.

 

Por Marcelo Padilla

Son las doce y media de la noche y en el bar me encuentro a varios compañeros y compañeras, amigos, amigas, conocidos. “Vamos a volver” cantamos algunos haciendo coros con la banda que está en escena y suena a power trío roquero de antro para 3 de la mañana. “Lupus” se llama la banda por el personaje marginal de la novela “no lo soñé” de mi amigo Tarántula. Un cumpa con la remera azul y la cara de Evita pasa a mi lado y nos reconocemos, nos damos un abrazo peroncho y la noche sigue por ahí, a tientas. Pienso muchas cosas a la vez, supongo por el toque de torpedo que me convidaron en la puerta. Conmigo… soda pura de manantial en las dos manos. Flores de coto recetadas y súper-bienestar endorfínico con las flexiones y abdominales de la tarde para la ansiedad, todo recetado y gratis para acomodar las cargas mentales y el cuerpo se haga solo pez koi carpa naranja veteada en la oscuridad alumbrando con viento de cola. Con el tico hablamos del tomba, como siempre, de la popular y de las gloriosas y penosas tardes en décadas cargadas en un pent neuronal que no tiene virus porque se activa autoinmune con la gente que sabe de archivos. Un espacio para el amor y el cariño viene luego en el sano juicio amatorio que no detiene a las nubes del otro lado del río, esa franja solo vista desde el aire como un geoglifo que escribe una frase dicha en la penumbra en medio de un beso tronador. La mañana. El sol ha visitado el ventanal y tras un pucho y café voy en busca de juanita para instalarnos en mi casa y regar la planta de mi casa que da jazmines ganados, alimentar a la gata milanesa y poner algo de música para acompañarnos en las intemperies de los fines de semana. Es casi un verano la sensación. Vuelvo a la misma música del día anterior, la que me hace pensar reiterando mil veces el mismo tema de Billy Idol: “Eyes Whithout A Face”… desde ahí pienso mil cosas a la vez y no ordeno nada al paso de un huracán de sensaciones y demoliciones que me llevan a la tos por la polvareda. Recibo un mensaje del Rafa Moyano, el referente político y conductor de Militancia Social, para que vaya al local de la agrupación (a la casita) a una charla sobre la situación del mundo y el país y la provincia y Guaymallén y el peronismo y el movimiento nacional… y esas cosas a las que hace unos meses no he ido; pero esta vez activo y llamo a mi flota que rescata y me lleva con juanita a la calle Libertad de Villanueva. En la puerta del local hay humo de leña y chorizos crudos en la vereda y dentro un centenar de militantes peronistas hablando desde los barrios y la necesaria resistencia al modelo neoliberal con el que no hay un punto con el cual acordar porque es básicamente el de los ricos y nosotros tenemos el nuestro, hecho mierda pero en reconstrucción para volver cuando el pueblo así lo decida por la vía que el pueblo lo decida en el momento en que el pueblo lo decida. Se charla, se escucha, juanita quiere dormir y tira su cabeza sobre mi hombro izquierdo donde empieza mi tatuaje del pez koi carpa japonés que me protege y recuerda la bisagra de una decisión de vida y muerte y ahí se queda durmiendo mientras cierra el Rafa Moyano su alocución,  afuera los choris están listos y danzan en la parrilla al sol…abrazo a varios cumpas que no veía y agradezco la invitación a esa especie de familia por adopción para perros de la calle que es el peronismo del estómago de los barrios y decido partir más pleno con juanita dormida sobre mi hombro, donde empieza el pez koi tatuado… subo al taxi y el viejo Cayetano me pasan dos choripanes por la ventana para llevar, uno para mí y otro para la nena… nos saludamos a las apuradas con la V de la victoria con la V de Volveremos, con la V de Valeriano, el nombre de uno de mis hijos varones que en el  bar de la noche a tientas tocó antes de Lupus con sus amigos un tema de La Polla Records como regalo al Tarántula, mi cumpa, al que le fuimos a celebrar la noche, en su cumple, donde me topé con el muchacho de la remera de Evita y anduve a tientas por el toque de torpedo de flores de coto recetadas, en la noche amatoria de las nubes del otro río, un tajo de agua clara que baja de la montaña para besarnos hasta que el amanecer se comiera la noche… a tientas.