No hay justificación para decir que el crecimiento del CONICET fue exagerado

La política de ciencia y técnica es una de las banderas de disputa que se enarbolan de un lado y del otro de la grieta. Después de varios años de crecimiento e inversión en el área, diversas voces irrumpen en el espacio público poniéndole palabras al escenario actual de la ciencia en el país. ZEPA entrevistó a Fernanda Beigel, doctora en ciencias sociales, profesora de la Universidad Nacional de Cuyo e investigadora del CONICET, una de las voces más autorizadas en el tema.  

Fernanda Beigel durante su exposición en el Foro Universitario por el Bicentenario en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA

Fernanda Beigel durante su exposición en el Foro Universitario por el Bicentenario en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA

 

 

ZEPA: ¿Qué diagnóstico hace, a 9 meses del cambio de gobierno, sobre el rumbo del sistema científico-tecnológico en general y del CONICET en particular?

FB: Hasta el año pasado, durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, entre 2003 y 2015, el CONICET tuvo una expansión enorme de recursos humanos y materiales. Esa expansión, que alcanzó niveles geométricos en cantidad de investigadores/as y becarios/as, además supuso el intento de conectar a la universidad con el CONICET, que había estado bastante escindida desde la última dictadura. El aumento de presupuesto fue geométrico también para las universidades. Lo que se dio fue la posibilidad de encarar proyectos de gran envergadura que abarcaran desde la compra de equipamiento hasta la posibilidad de participar en iniciativas internacionales, con varias contrapartes o nodos en distintas partes del mundo, y la posibilidad de contar con equipos de investigación grandes, con muchos becarios/as e investigadores/as. Se generó la posibilidad de una expansión muy grande que en estos pocos meses evidencia un cambio de orientación.

ZEPA: ¿En qué se perciben esos cambios?

FB: Por una parte en la decisión que tomó el nuevo presidente (Alejandro) Cecatto de financiar proyectos a los que pueden acceder solo algunos investigadores/as. Se implementó un nuevo tipo de proyectos, denominados “Ideas Fuerza”, que son solo para investigadores/as de las Unidades Ejecutoras.

ZEPA: ¿Concretamente, qué significa esto?

FB: La historia de la escisión entre el CONICET y las universidades es muy vieja, lamentablemente, y surgió en la dictadura de 1976. Como las universidades estaban muy politizadas, una de las principales medidas de la dictadura fue financiar al CONICET, que se expandió de una manera muy importante. Se conoce poco la historia, en nuestro equipo tenemos una investigadora, Fabiana Bekerman, que trabajó específicamente esto.
Durante la dictadura hubo un freno a la creación de universidades públicas. Hubo un financiamiento muy grande al CONICET y un desfinanciamiento a la universidad. Lo que ocurrió, entonces, es que éste se expandió. Se crearon más de 100 institutos, todos ellos desvinculados de la universidad, y todos los fondos que las universidades tenían se dirigieron al CONICET. Esa situación significó una escisión estructural fuerte. Si bien se hicieron muchos esfuerzos desde el retorno de la democracia, nunca se terminó de resolver esa fractura.
En esa dirección estábamos hasta el año pasado. Ahora, con esta decisión, ustedes piensen que por ejemplo el instituto de Ciencias Sociales Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires, que no pertenece al CONICET, sino que es de la UBA, contiene a más de 300 investigadores que no pueden presentar un proyecto para ser financiado por CONICET aunque ellos sean investigadores de CONICET con lugar de trabajo en la UBA.

ZEPA: Estos nuevos proyectos se implementan bajo un discurso que realza la importancia de la ciencia aplicada ¿Cómo analiza la discusión que contrapone ciencia básica a ciencia aplicada?

FB: Es un asunto complejo, porque durante el último período también ha habido una discusión sobre la relación entre la ciencia básica y la ciencia aplicada. Esta discusión, por lo general, perjudica mucho a las Ciencias Sociales, ya que nuestras disciplinas no tienden a tener como resultado un artefacto o una tecnología aplicable.
En relación con las otras disciplinas siempre ha sido una discusión ¿la ciencia debe investigar para generar una plataforma de una ciencia básica o hay que orientar casi con exclusividad a la ciencia aplicada? Eso se subdivide en otro problema que es el tema de la vinculación que las investigaciones tengan con sectores productivos y demás actores sociales. En la política expansiva del CONICET no había una orientación de esa aplicabilidad hacia convenios con la gran empresa. Por lo general, se intentaba favorecer a las PYMES y esa es la orientación que el expresidente (Roberto) Salvarezza trataba de sostener. Lo que observamos ahora es que hay una intención muy clara de articular con el mundo privado y la preocupación es hacia qué sectores del mundo privado va dirigida la política, teniendo en cuenta las características del gobierno de Mauricio Macri.
Creemos que hay una tercera veta entre la investigación aplicada y la investigación básica que es la que nosotros llamamos “investigación fundamental orientada al uso”. Esta puede ser, por ejemplo, aplicar los conocimientos a generar recomendaciones de políticas públicas o económicas. Es decir, hay una orientación al uso pero no es un bien o un artefacto utilizable. Y ese es uno de los aportes específicos que pueden hacer las Ciencias Sociales.

ZEPA: ¿ven con preocupación la orientación de la ciencia pública financiada por el Estado a las necesidades y orientaciones de la gran empresa?

FB: Claro que sí. Durante el último período hubo una preocupación para comprender a quién pertenecía una patente o un conocimiento producido por la ciencia pública y con recursos formados por la universidad pública. La preocupación que hay ahora radica, justamente, en la intención de generar vinculaciones con la gran empresa sin las prevenciones que tiene que tener una ciencia predominantemente pública como la que hemos construido a lo largo de nuestra historia.

ZEPA: La política científica del kirchnerismo había generado cierto consenso entre los investigadores y en la sociedad. Hoy los funcionarios sostienen que existe continuidad en esa política y que el presupuesto aumentó. ¿Qué evaluación hace del tema?

FB: Hay que distinguir la parte presupuestaria en ingresos de investigadores y becas de la del financiamiento de proyectos.

Respecto del financiamiento de proyectos, históricamente, la puesta en marcha de un Proyecto de Investigación Plurianual (PIP) se demoraba un año, aproximadamente, desde la notificación. Esto tenía que ver con cuestiones administrativas, la firma del instrumento y finalmente la asignación de fondos que llegaban con siete, nueve o diez meses de atraso. Pero lo que había era continuidad, ya que si, como en mi caso, vos ganabas tres proyectos seguidos, cada uno se encadenaba con el siguiente.
El problema principal de la actualidad no es tanto el del atraso de cuotas, que ya existía, sino el 40% que hemos perdido con la devaluación. Por ejemplo, los fondos que debían haber llegado en medio del cambio de gobierno tuvieron un atraso extra que yo atribuyo, justamente, al cambio de autoridades. Pero el problema es que los fondos estaban presupuestados con un determinado nivel de costos y el presupuesto estaba hecho en base a valores que cambiaron. Por ejemplo, en Ciencias Sociales, que no es la más afectada, nosotros teníamos que renovar la licencia de un software que sale 850 Euros. Esa licencia hoy no la puedo pagar con lo que presupuesté. Entonces, existe una necesidad de actualizar los montos de los proyectos.
Respecto del segundo aspecto, que es el de la cantidad de becarios/as e investigadores/as, se diga lo que se diga, nosotros hasta que no tengamos los resultados de ingresos de investigadores de 2016, que se resuelve en estos días, y el ingreso de becarios, que se resuelve hacia fin de año, no vamos a poder verificar que no haya una disminución. Por el contrario, el presidente de CONICET en sus declaraciones, apunta a decir que el CONICET ha crecido demasiado, que la expansión ha sido exagerada. Entonces, no podemos sino pensar que los niveles de crecimiento no van a seguir. Dicen que los cupos de becas y de ingresos no van a cambiar, ahora lo que hay que ver es si eso se efectiviza. Yo formo parte de una Comisión que evalúa los ingresos a Carrera del Investigador. Es decir, nosotros evaluamos los casos pero no definimos los cupos. Hasta que no se publiquen los resultados no vamos a poder saber si el crecimiento continúa o se frena.
Lo que está claro, si vos ves los datos internacionales de cantidad de investigadores por habitante, es que no hay justificación para decir que el crecimiento del CONICET fue exagerado. Estamos preocupados porque el contexto general es el de un ajuste y los argumentos acerca de un supuesto crecimiento desmedido no hacen más que reafirmar ese escenario.