En manos de qué gobierno estamos

Miente con alevosía para lavar las culpas de lo que provoca a propósito.

Casa Rosada (Argentina Presidency of the Nation)

Casa Rosada (Argentina Presidency of the Nation)

 

Por Julio Semmoloni

Cuando uno termina de leer el voluminoso libro Historia no oficial de Estados Unidos, de Oliver Stone y Peter Kuznick, además de corroborar (con palabras de ellos) que gran parte de los avatares padecidos por Latinoamérica en el último siglo está vinculada a maniobras intervencionistas de todo tipo de ese país, también advierte que la Argentina es el caso que menos sujeción registra a la voluntad de esa potencia hegemónica. En más de mil páginas de apretado texto y citas documentales, los autores no mencionan ni un solo episodio signado por ese determinismo dominante, a diferencia de lo ocurrido con Brasil en 1964 o Chile en 1973, por ejemplo, y que seguirá aconteciendo con el resto de los países latinoamericanos.

Por deducción, la Argentina es el país que hasta ahora ha dado muestra de mayor autonomía. La colonización cultural que tanto afecta a Latinoamérica también la sufre el pueblo argentino y por cierto sus gobernantes. Hoy nadie duda en endilgarle al gobierno de Macri una afanosa actitud pro yanqui. De hecho, nunca antes visitaron el país en tan corto lapso el presidente y el canciller de Estados Unidos, para aprobar con entusiasmo la turbulenta gestión del PRO.

Si se repasan los hechos y circunstancias que promovieron la primera victoria legítima del neoliberalismo conservador en la Argentina, no es posible señalar la injerencia de la política exterior estadounidense como factor decisivo. Normalmente las decisiones adoptadas aquí por los gobiernos han estado inficionadas en mucha menor medida por la influencia estadounidense que en los demás países latinoamericanos.

Cuba, por ejemplo, no adopta un solo criterio interno sin antes meditar concienzudamente en las repercusiones que tendrá en el inmenso gendarme que tiene a 150 kilómetros de su costa. A su vez, el chavismo con el sobreactuado rechazo a Estados Unidos, confirma la grave dependencia que flageló siempre a ese país, sobre todo en materia comercial con la venta de petróleo al gran consumidor que tiene encima, además del temor a una derecha golpista capaz de ganar elecciones bajo directivas de Washington.

Néstor Kirchner y Cristina Fernández no necesitaron sobreactuar la autonomía de decisiones de sus gobiernos, para obrar en muchas oportunidades, como lo hicieran Yrigoyen, Perón o Íllia, en desmedro de intereses estadounidenses.

En la Argentina, cuando un gobierno como el actual toma decisiones que favorecen los intereses de Estados Unidos, no necesariamente está gobernando contra la voluntad y los deseos de toda la población, ni mucho menos significa que cedió autonomía. Millones de argentinos aceptan de buen grado mantener carnales relaciones con el coloso americano. En todo caso, podrá reflejarse con claridad el grado de perturbación cultural de esa gente, alienada por las barras y estrellas. Aun así, la autonomía pervive en la medida que se gobierna de acuerdo con las propias leyes y los organismos de la Constitución (por eso la Hebe reclama a gritos reformarla en serio).

De la copiosa lectura del libro citado se desprende que no hay un solo país altamente desarrollado de la Tierra que tenga más autonomía de gobierno que la Argentina. Ni Japón, Canadá, Alemania, Francia o Australia, por ejemplo, tienen gobiernos como el que tuvo nuestro país durante más de doce años, para tomar decisiones con absoluta prescindencia de lo que interesa a Estados Unidos. Néstor y Cristina jamás visitaron “la embajada”. Por eso la furiosa reacción anti-K repetía que la Argentina estaba fuera del mundo.

Stone y Kuznick demuestran cómo la precaria respetabilidad internacional de Estados Unidos se evaporó a partir de la doble gestión de Bush hijo, y se fue al diablo durante los dos períodos de Obama. Nunca antes hubo gobiernos que defraudaran de tal manera a quienes los votaron, mediante cotidianas mentiras urdidas de manera flagrante, sin que les importara nada el posterior desengaño de la “opinión pública” y sus aliados de beligerancia.

La colonización cultural (en criollo: encandilamiento por admirar embobado a los yanquis) explica de qué modo el consultor todo terreno Durán Barba reprodujo aquí esa misma estratagema político-electoral, que consiste en vandalizar la imagen y el obrar del adversario, sin el menor pudor ante las inevitables consecuencias.

Había que esmerarse para superar la doble patraña menemista compuesta por “la revolución productiva” y “el salariazo”, cuyo fiasco eclosionó a los dos años. Ahora, en unos pocos meses, el macrismo está ocasionando una debacle económica galopante, tanto por lo que abarca como por su intensidad. Dicha catástrofe no ha provocado aún la crisis social de otras épocas, nada más y nada menos que por la extendida solvencia del poder adquisitivo creciente que fueron conquistando los consumidores durante más de una década.

Si la caída alarmante de la recaudación tributaria no fuese atenuada mediante una inflación que es casi el doble que la más alta del kirchnerismo, el Estado nacional y las provincias entrarían pronto en cesación de pagos. Esta terrible disminución se debe a una recesión que empezó al minuto de levantarse el “cepo cambiario” que disparó la megadevaluación de diciembre. De inmediato provocó el desplome de las variables que mantenían el círculo virtuoso del crecimiento con inclusión social. El mazazo letal llegó con el tarifazo de luz y gas, de modo que a la amenazante crisis energética que inventaron durante la vandálica campaña, ahora le agregaron un impensado desfinanciamiento de las empresas proveedoras, que al menos durante un trimestre van a sufrir una considerable mengua en el cobro de sus facturas, a raíz de algunos fallos judiciales contrarios a las medidas oficiales.

El PRO está integrado por argentinos que tienen vocación y convencimiento de que nuestro país debe estar subordinado a los intereses de Estados Unidos. Parecen cipayos pero no sobreactúan el alto grado de dependencia cultural que evidencian. Estamos en manos de gente con esa formación política. Por eso no vacilaron en la campaña y ahora se ratifican desde el gobierno, por imitar las conductas más repudiables para engañar al votante y estigmatizar al opositor, que resultaron victoriosas en las últimas contiendas electorales de Estados Unidos. Por eso, también como allá, cuentan con grupos de tarea que viralizan la infamia mediante la disponibilidad full time de mercenarios trolls.