El represor

botas

Por Pablo Doti

Vivió muchos años en la confortable guarida de su jubilación como oficial. Habían pasado casi 30 años.

Quién se lo iba a imaginar. Al lado del tuerto, Alfonsín fue un mal menor. Es cierto que metió en cana a los generales. Pero los demás quedamos libres. Fue histórico el levantamiento de pascuas. Y quedamos en paz. Quién se iba a imaginar que el tuerto era tan hijo de puta. Yo pensé: este es un boludo más pero es la opción. Y fui y lo voté… ¡puta que lo parió, lo voté!

El tuerto construyó poder mediante la legitimación popular. Apareció de la nada, como la bizarra opción al tercer mandato del turco. Turco hijo de puta que nos robó la patria. Podría haber sido ese el primer ballotage y no el que ganó el obsecuente mercader. Pero es así, la historia se empecina en advertir para que nosotros porfiemos en repetir.

El tuerto devolvió el amor por la patria porque lo militaba como pocos. Para gente como el represor la cosa se puso fea. Por eso, esta mañana se está yendo a EEUU, a lo del hijo.

Me borro tres meses a lo del Martín, acá hay un clima horrible. El zurdaje no me gusta. Fanáticos de mierda, no entienden nada del mundo real. Habría que sacarlos a patadas, qué joder. Cagones.

El monólogo interior, súbito, como de un patadón, se cortó por un policía increpándolo. Mientras estaba ahí en la fila del arribo, un hombre lo reconoció y lo denunció. Dijo que era él el tigre Molina, comandante en jefe del centro de torturas colonia Papagayos.

¡Zurdos de mierda! ¿Por qué me hacés esto Dios? No merezco esta humillación…

El represor podría haber sido enjuiciado en la megacausa por crímenes de lesa humanidad que la provincia llevó adelante un año después. Pero víctima del miedo se enfermó de cáncer y se murió.