Cómo nace una militante

Fotografía: gentileza M.A.f.I.A.

Fotografía: gentileza M.A.f.I.A.

Por Pablo Doti

Nosotros les dijimos a los padres de la Yoly: no vayan a vivir al country. Pero no nos hicieron caso, estaban muy bien con la empresa familiar, lo suficiente como para ascender, estar mejor; contestaron ellos.

Nunca imaginamos que después de la primavera kirchnerista vendría un invierno así, de derecha y revanchista. Todo empezó cuando ganó, con un paupérrimo 51%, el encausado mercader. Su primera medida de gobierno fue liberar el dólar. Luego abrió las importaciones, dejó fluctuar libre el mercado cambiario, quitó retenciones y subsidios y traslado el costo a la clase media[1]. Para sostener ese esquema que, objetivamente, es una máquina de crear pobres, se valió del veto a la Ley de Medios y el blindaje que en recompensa le dieron. Mucho circo y nada de pan es el lema que contiene el modo de operar.

Los padres de la Yoly no pudieron enfrentar el caudal barato de las importaciones. Neoliberalismo en su máxima expresión. Para colmo, no tenían plata ahorrada. Estaban convencidos de que la bonanza era fruto de su esfuerzo individual, no de las políticas económicas k. Clase media fascista[2] e ingenua. Construida y dogmatizada en un discurso social de culto a la posesión.

A los seis meses del nuevo gobierno la crisis hundió a los padres de la Yoly. En el country dijeron que era un papelón. Los echaron a las patadas, como a la servidumbre insurrecta e incapaz.

Volvieron al barrio.

Nosotros los recibimos igual. Ellos también.

Desde entonces la Yoly es una militante más.

[1] Tal como había profetizado el manco.

[2] helioheads, los llamo yo.