De periodismo, cosmética y bufones

Acerca del saludo del gobierno mendocino por el Día del Periodista.

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En el Día del Periodista, la gestión Cornejo saludó a los periodistas con una frase firmada por Aristóteles: “La habilidad para expresar una idea es tan importante como la idea misma”.

Eso sí, al pie del saludo, una frase que jamás se escribió en una tarjeta del Día del Periodista: “Saludamos a quienes desempeñan diariamente la tarea de informar ejerciendo un rol fundamental en el crecimiento de la sociedad”. Esta sí que es un ejemplo de cómo una expresión, por tan repetida, termina no diciendo nada. Al parecer, fue redactada por la oficina de Lugares Comunes y Afines del área de prensa del gobierno.

No nos referiremos a la frase anterior sino a la del pensador griego, que oficia de principal y que, como todo texto que se precie, dice más de lo que parece decir.

Cabe pensar que la elección de la frase de Aristóteles corrió por cuenta del equipo de prensa del gobierno, y que, una vez propuesta, fue aprobada o elegida por el gobernador, seguramente entre varias opciones. No queremos imaginar cuáles habrán sido las descartadas para que la de Aristóteles haya sido elegida.

Solamente afirmaremos que la frase de Aristóteles que el equipo de Cornejo acerca hoy a los periodistas para saludarlos en su día quiere decir que para ser buen periodista hay que tener habilidad verbal o comunicativa. Y con eso basta o que eso es lo principal, o que no dejemos de tenerlo en cuenta. Es decir, estaría diciendo el mismo Aristóteles: “Cuando hablen o escriban o comuniquen, el cómo y el qué no están separados”. Gran hallazgo del filósofo. La oposición fondo/forma que atraviesa toda discusión estética y filosófica desde antes de Aristóteles hasta nuestros días.

Lo cierto es que no mucho antes de Aristóteles se sabía que el “cómo”, más que “ayudar” al “qué”, puede servir para ocultarlo. El “cómo” es el caballo de Troya, que trae en su interior un montón de “qué” armados hasta los dientes. Y mucho tiempo después, un lingüista francés llegó a decir que el sentido de una palabra está en su posibilidad de cambiar de sentido. Jaime Durán Barba sabe mucho de esto.

El asunto es que han pasado varios siglos desde Aristóteles. El asunto es que el periodismo no nació en la Grecia del gran pensador. Sí tal vez en una Grecia o una Europa más antigua: se puede sostener que los primeros haedos o bardos o trovadores fueron los que iniciaron este oficio de vocear historias (tal vez también noticias) en los primeros barrios occidentales.

Habiendo tanto para decir en el Día del Periodista, el equipo Cornejo elige una verdad de Pero Grullo, y por tanto inútil para pensar el oficio hoy. Cuando el periodismo se ha convertido en parte y juez de lo que supuestamente sólo comunica. Cuando el periodismo está dejando de serlo, y ya dejó de serlo en la mayoría de los casos, para convertirse simplemente en creador de opinión a favor o en contra de cierto sector.

Cuando deberíamos seguir pensando o cuestionando el rol del periodismo, aparece una frase que habla de la “habilidad”. Seamos hábiles y seremos buenos periodistas. Escribamos bonita la idea, porque eso también es parte de la idea. Seamos atractivos.

Si lo pensamos mejor (Aristóteles nos inspira a hacerlo), podemos afirmar que el periodismo vendría a ser esto para el equipo de Cornejo: una labor que, entre otras cosas, sirve para pintar bonito lo no tan bonito. Un oficio cosmético. Nadie desconoce el poco apego que Cornejo profesa a los periodistas. No le gustan, no le simpatizan. Y entonces, si seguimos pensando, podemos afirmar que el equipo de Cornejo ha interpretado perfectamente el pensamiento de su líder: los periodistas no sirven más que para comunicar lo mejor posible las malas noticias. Son otro de los males necesarios de la política. Algo así como bufones que distraen a la corte (Ejecutivo, Legislativo, Judicial), mientras puertas afuera de la ciudad reina el caos, los recaudadores de impuestos se adueñan de la renta de los campesinos y comerciantes, y los señores feudales –es decir el poder real– extienden sus señoríos.

Qué desacertada puede resultar una frase fuera de contexto, aunque no sabemos bien en qué contexto la escribió Aristóteles. Podemos entonces aconsejar a los colegas periodistas en su día: “Nunca saque una frase de contexto así como así: se arriesga a quedar como un vago, un tonto o un cínico”.