Reflexiones acerca del continuum entre el derecho al aborto y el parto respetado

La salud de las mujeres ocupa en lugar destacado en las agendas de los movimientos y colectivas de género/feministas, cada 28 de mayo, Día Internacional de Acción para la Salud de las Mujeres, desde 1987 y en todo el globo. Nuestros cuerpos como centro de los temas que se debaten y visibilizan.

salud mujeres

Cada 28 de mayo, la salud de las mujeres ocupa un lugar central en las agendas de género/ feministas de todo el mundo. La fecha quedó establecida durante una reunión de integrantes de la Red Mundial de Mujeres por los Derechos Sexuales Reproductivos realizada al terminar el V encuentro Internacional sobre salud de la mujer, en Costa rica, en 1987.

Para los movimientos y colectivas comprometidas con los derechos humanos de mujeres, niñas y adolescentes, estas marcas violetas en el calendario son fundamentales en cuanto a visibilizar temas silenciados y, también, para motorizar compromisos y  acciones concretas por parte de los Estados, instituciones, organismos responsables de garantizar el acceso y cumplimiento del derecho a la salud sin restricciones o exclusiones de ningún tipo.

Cuando pensamos en la salud de las mujeres son diversas las temáticas que pueden ser abordadas. Más se complejiza la cuestión si partimos desde una mirada de género, de derechos humanos con un enfoque integral de los mismos. Hablar de Derechos Sexuales y (no) Reproductivos comprende desde el acceso a efectores de salud que garanticen a todas información clara y confiable sobre estudios de rutina como el papanicolaou, ecografías, mamografías, etc. para detectar a tiempo posibles anomalías relacionadas con el cáncer,  hasta el acceso a la práctica del aborto en caso de embarazo no deseado y el derecho a un parto respetado, entre otros puntos que podrían engrosar  la lista.

Aquí, ahora y con motivo de este Día Internacional de Acción para la Salud de las Mujeres – 2016, podemos acordar en que son dos las problemáticas que han tomado mayor vigor en la lucha de las mujeres y que, en apariencia, estarían desconectadas o no tendrían mucho que ver la una con la otra o, en ocasiones, podrían ser consideradas contrapuestas. ¿Qué tienen que ver la lucha y el reclamo por el aborto legal, seguro y gratuito con las acciones por un parto respetado y en contra de la violencia obstétrica? ¿Son dos luchas separadas, antagónicas, contradictorias?

DERECHO-A-DECIDIR

Pasó la Semana Mundial del Parto Respetado cuyo lema fue “Mi decisión, Mi cuerpo, Mi bebé” desde el 16 al 22 de mayo y, podemos aventurar el sentido de que este 28 hace de bisagra con el reclamo por el derecho al aborto.

Particularmente, en Mendoza ese mismo día se desarrollaron dos actividades: por  la mañana se focalizó, entre otras consignas, en el derecho al Aborto No Punible, en la adhesión al Protocolo Nacional de atención integral de personas con derecho a la Interrupción Legal del Embarazo y en el acceso al Aborto Legal Seguro y Gratuito y, por la tarde, se proyectó un documental sobre parto natural y respetado.

Para relacionar aún más estas temáticas, la ley nacional 26485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales (2009) establece en su artículo 6 sobre modalidades de violencia a la “Violencia contra la libertad reproductiva”, “aquella que vulnere el derecho de las mujeres a decidir libre y responsablemente el número de embarazos o el intervalo entre los nacimientos, de conformidad con la Ley 25.673 de Creación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable” y a la “Violencia obstétrica”, “aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929”.

En el centro del debate sobre la salud de las mujeres, en relación al parto respetado, por un lado, y al acceso al aborto, por el otro, se encuentran nuestros cuerpos. La primera de las violencias obstétricas es obligar a una mujer, niña, adolescente a continuar con un embazado que no desea. No se trata de temas inconexos o que se contradicen entre sí, al contrario, son temas que conforman el continuum de experiencias y situaciones posibles de derechos sexuales, reproductivos y no reproductivos de todas y que nos permiten habilitar como posibilidad tanto a la maternidad como a la no maternidad, decidir con libertad y así erosionar esos estereotipos y únicos destinos marcados para nosotras desde las lógicas patriarcales  y androcéntricas.

Para la salud de las mujeres, niñas y adolescentes, resulta imperioso recuperar nuestros cuerpos.