Lalo, lalocura

AnaPor Ana Navia- Ilustración: Lucía Riera

Te cuento cómo es, porque a cualquiera le puede pasar.

Si vos te quisiste matar, en general porque tu pareja, tu amante, tu amigovia, tu coso te dejó; o si te quedaste catatónico en la vía pública y ahora creés que sos Juana de Arco, puede que te traigan los bomberos o la policía.

Acá, en la guardia, te vamos a recibir. Se te  va a preguntar, a interrogar sencillamente, para saber si estás orientado/a alopsíquicamente. Te van a poner suero. Seguro te van a sacar sangre. Te van a estudiar, vas a quedar en observación, se banca la mecha un poco. Si te quisiste matar, y no conseguiste ninguna lesión física de seriedad que te impida responder, claro está, te van a preguntar si seguís con deseos autolíticos. También es muy probable que si tu método fue la intoxicación, te sometan a un lavado gástrico, eso es jodido.

Si persistís en tu voluntad de dejar de existir, entonces los llamamos. Las siglas de su equipo suenan al nombre de alguno de los Backstreet Boys, pero son un grupo de psiquiatras, psicólogos/as y trabajadores sociales con base en un hospital de Lanús. Los llamamos, les decimos tu apellido y nombres, tu edad, si estás acompañado y por quién, y lo que creemos que te pasó. Ellos toman nota y luego vienen a evaluarte. Evalúan qué hacer: o te dan el alta o te internan.

Así es como tu pequeño infierno, tu íntimo padecer, adquiere otro estatus, se convierte en parte de las tratativas administrativas  de quienes trabajan en la salud. Dirimen, sopesan, y especulan cuán apto, cuán apta estás para salir y ejercer tu derecho a vivir, no a morir.