Sobre mujeres, política y medios

En estos días los medios de comunicación se regodearon, una vez más, en torno de comentarios sexistas con motivo de la publicación de una foto donde aparecen la diputada nacional por Libres del Sur, Victoria Donda y su par, el diputado Sergio Massa, el día que el Congreso aprobó la ley antidespidos que pocas horas después, Macri vetaría. A continuación presentamos un análisis acerca de las mujeres en la política, la política y el espectáculo, la misoginia y las posibilidades de una ciudadanía plena para las mujeres.

Por Eva Rodríguez Agüero *

Por Eva Rodríguez Agüero *

 

Una  catarata de tuits misóginos que destilaban un tipo de humor digno de la “época de oro” del trío Midachi en los ´90, cuando su front man ni siquiera soñaba con el destino diplomático en un paraíso fiscal. Eso fue lo que provocaron la serie de fotos ¿ambiguas?, ¿comprometedoras?, ¿polémicas? registradas por Marcelo Capece (de la agencia NA) entre Victoria Donda (diputada nacional por Libres del Sur) y Sergio Massa (diputado nacional y líder del Frente Renovador) al calor de la maratónica sesión mediante la cual se aprobó la ley antidespidos, que horas después Mauricio Macri vetaría.

Donda_PratGay

Ni los fueros de ambxs, ni los contactos cercanos de él con dueños de medios pudieron evitarlo. Claro que la mayor parte de insultos y descalificaciones se las llevó ella, Donda. La misma que se atrevió a amamantar a su niña en pleno recinto – donde reinan desde el principio de los tiempos lógicas androcéntricas– y posó con actitud pro-despenalizadora en la tapa de la THC, revista dedicada a la cultura cannabis. Sí, la misma Victoria que, desilusionada del kirchnerismo, sucumbió ante los encantos de Alfonso Prat-Gay, como compañero de fórmula en el año 2013. También, la misma que nació en la ESMA y luego de que sus padres fueran asesinados durante la última dictadura militar, fue criada por el prefecto que la apropió.

En cambio a él, galán de mediana edad y referente de una oposición colaboracionista, los comentarios en las redes le propinaron chistes cómplices con sonido a “palmadita en el hombro” y abiertas manifestaciones de admiración, destinadas a esconder o sublimar los sentimientos de envidia de sus congéneres. La que tampoco la pasó nada bien fue Malena Galmarini, esposa de Massa, en este tipo de narrativas sexistas: la “jabru”. Decenas de tuits y memes la sindicaban como autora de crueles represalias (al estilo de Glenn Close en Atracción Fatal) ante lo que la “opinión pública digital” no dudaba en calificar como un descarado galanteo entre ambxs diputadxs.

Pero volvamos a Donda. Ninguno de los argumentos esgrimidos en las redes, digo, ni el de la supuesta actitud provocativa de ella, ni su forma de vestir, ni el arreglo de sus dientes, ni sus pechos re-acomodados vía bisturí luego de alimentar a su cría -en caso de que dichas intervenciones estéticas fueran ciertas- nada de eso debería justificar las agresiones y descalificaciones que se escribieron en su contra en los últimos días. Como tampoco ese tipo de argumentos que apuntan a culpabilizar a las mujeres justifican los piropos callejeros cargados de machismo, ni la violencia bajo ninguna de sus formas o mucho menos los femicidios.

La foto del escándalo que despertó el morbo en las redes sociales y en los medios "serios"

La foto del escándalo que despertó el morbo en las redes sociales y en los medios «serios»

 

En cuanto al revuelo que causaron las instantáneas, las cuales supuestamente constituirían la evidencia de que entre ambxs políticxs hay “algo más” que los acuerdos trabados entre sus respectivos bloques, habría que decir que quizás algunos de estos aspectos mencionados (digo: las notas en revistas cool o el spot televisivo que la mostraba años atrás, en plena campaña, lookeada con estética de modelo) hablan también de algo que no es nuevo. Hablan de la mediatización de la política. De la incorporación plena por parte de ésta de las lógicas propiamente mediáticas, para fusionarse con ellas, a partir del desdibujamiento de los límites -ya borrosos en los ’90- entre política y show business. Y si no, volvamos al primer párrafo: ¿cómo se explica el nombramiento de Miguel Del Sel como embajador de Panamá?

Sin embargo, y quizás este sea el punto, Sergio Massa también nos ha permitido a la plebe husmear en su vida privada. O acaso alguien podría olvidar sus incansables incursiones televisivas, en compañía de su esposa, quien se ocupaba de cantar las bondades personales del concubino. Pasa que, en campaña, “Malena garpaba”, al menos según los cálculos de los asesores de imagen de turno, pues Daniel Scioli y Mauricio Macri siguieron idéntica estrategia. La ecuación, entonces, sería la siguiente: en la política muchas y muchos muestran sin pudor sus intimidades, pero son ellas las que se llevan la peor parte.

Preguntas: ¿qué lugar nos tiene reservado la política a las mujeres hoy? Y, un poquito más allá, ¿qué hay detrás del mentado retorno de la “mujer decorativa”?, tal como bautizara recientemente Noticias al fenómeno mediático a través del cual se da el tratamiento de culebrón, a las sociedades amorosas entre varones de la política y chicas del espectáculo. Lo cierto es que desde hace un buen tiempo, los medios se ocupan de reproducir, desde el discurso y desde las imágenes, un modelo femenino que parece seguir la premisa “detrás de cada gran hombre hay una gran mujer”. Las esposas-amantes mediáticas que adornan tapas son variopintas. Van desde la fría elegancia de Karina Rabolini o Juliana Awada, a las mucho mas hot Vicky Xipolitakis –en pareja con el diputado del FPV José Ottavis- o Isabel Macedo, flamante primera dama salteña. Similar estereotipo replican las promocionadas uniones entre Jéssica Cirio y Martín Insaurralde o Luciana Salazar y Martín Redrado.

En relación a la segunda pregunta recién enunciada, no habría que perder de vista que muchas veces, la difusión de este tipo de noticias sobre romances, funciona como una espesa y efectiva “cortina de humo”. Así, mientras se viralizan las fotos de la polémica y se gastan chorros de tinta y minutos de aire con opiniones sobre el asunto, el presidente Macri veta una ley aprobada por amplia mayoría en el Senado de la Nación. Tal como sintetizó la propia Donda días atrás, en una entrevista radial: “En lugar de empezar esta entrevista diciendo que me parece absolutamente antidemocrático el veto de Macri a la Ley Antidespidos, estoy explicando cómo estoy parada delante de otro».

Retomando la primera pregunta, puede señalarse que casi a un año de #Ni una menos,  habría que ser muy miope para negarse a ver que una serie de prácticas que tenemos naturalizadas, tienen como base el odio machista. Lo cierto es que el cruce entre política y espectáculo no es la excepción. La intersección entre ambos espacios ha demostrado ser tierra fértil para la proliferación de estereotipos de género y contenidos discriminatorios. A su vez, los medios hacen lo suyo. Y así, para el grueso de los discursos mediáticos, las mujeres en la política (tanto las que asumen roles activos, como es el caso de Vicky Donda o Cristina Fernández, o bien las que figuran como acompañantes) son: busconas, putas, yeguas, brujas, viudas que especulan con su condición de tal, bipolares o adictas al poder. Epítetos que se valen del cyber espacio como caja de resonancia y que cumplen con su objetivo aleccionador: castigar a quienes se inmiscuyen en un terreno en el cual -hasta no hace mucho tiempo- éramos consideradas extranjeras. El desafío, seguir luchando por nuestra carta de ciudadanía plena.

 

* La autora es comunicóloga, docente universitaria y miembro de la Red PAR (Periodistas de Argentina en red por una comunicación no sexista)