Cierra el zoo y abren la cárcel para inocentes

Problemas del gobierno con los animales cautivos y con la gente libre.

Rejas

El gobierno mendocino  parece lento de reflejos. Y es lento porque piensa y piensa cada cosa que quiere hacer. Bueno, pensar no está mal. Pero pensar y no actuar, sí. Sigue estando, parece, inseguro con algunas cosas básicas, como por ejemplo –como ha sido más que evidente estas últimas semanas– qué hacer con el Zoológico.

Nadie puede considerar serio que el plan de un ecoparque solucione nada de lo que está ocurriendo. Menos serio es considerar gestión de gobierno una juntada de adhesiones en Change.org. No queremos con esto desacreditar, ni mucho menos, ese poderoso sistema de protesta y gestión virtual, que ha ayudado y sigue ayudando a muchas personas. Ocurre que la gestión de Ambiente quiere hacerle creer a la ciudadanía que con 400 o 500 mil firmas que avalen el ecoparque es suficiente. Primero, las firmas deberían provenir de habitantes de Mendoza exclusivamente, porque cualquiera firma una petición por cualquier cosa que incluya la palabra “eco”. Todo lo ecológico es pro, es sano, es bueno… Podríamos ahora mismo crear en Change.org una iniciativa para crear ecolegislaturas, ecogobiernos, ecotribunales, ecopolicías, ecodirigentes, ecomedios, econeonazis y así… La gente votaría a favor. Sin duda.

Ahora, si lo que ocurre en el Zoo se debe a uno o varios sabotajes del personal, peor para el gobierno: quiere decir que no puede o no sabe conducir ni un Zoológico.

Lo cierto es que se escaparon las tortugas del Zoo y nadie las vio. Y el gobierno todavía no las encuentra.

Cárceles para inocentes

Hay que reconocer que el gobierno en algunos temas tiene iniciativa. El caso emblemático es su propuesta para terminar con la famosa puerta giratoria en la Justicia. El gobierno intenta pasar por encima de otro poder, el Judicial, ignorando los códigos de procesamiento, ignorando las leyes y la Constitución en general y en particular. Y lo intenta apelando a un sentido común un tanto peligroso. Porque hay sentidos comunes que no escapan al bien común. Y hay otros a los que se les nota de lejos la marca de clase. No piensa este gobierno que es mucho más grave un segundo de un inocente preso que todos los delincuentes libres. Le importa muy poco que alguien que no cometió un delito se coma semanas, meses o años en la cárcel. Tal vez porque sigue con aquello de “por algo será, si está detenido es por algo, en algo andaba, mirá dónde vive, de qué vivía, mirá la cara que tiene, etc., etc.”.

Su argumento preferido es “miren, ese violador que salió libre porque no habría pruebas volvió a violar”. Subestima y menosprecia a los ciudadanos un dirigente que apela a semejantes  golpes bajos como argumentos.

Alguien debería explicarle al gobierno: no es un capricho liberar a alguien sin pruebas: es un derecho y una obligación, es un delito tener preso a alguien inocente. Pero como este gobierno es, aparte de soberbio, muy duro de entendederas, la solución es crear más cárceles. Pero tendrán que ser ya no cárceles para condenados o procesados. Deberán crear la cárcel para inocentes. Porque eso va a ocurrir cuando la supuesta y manipulada puerta giratoria deje de girar: las cárceles se llenarán de gente inocente. Y cualquiera sabe que una cárcel más que un lugar de rehabilitación es una escuela de delincuencia.

En consecuencia, el gobierno va a capacitar a inocentes en el arte de delinquir. Es decir, con su pertinaz iniciativa de mantener presa a gente sin pruebas, lo que estará haciendo será crear nuevos delincuentes. Tal vez se lo pueda correr diciéndole que las arcas provinciales perderán mucho dinero en incontables juicios cuando los inocentes presos accionen contra este Estado persecutorio y que viola la ley. Sí, a este gobierno hay que correrlo con el bolsillo, ese parece ser su órgano más sensible.