Empezar de nuevo

La advertencia a tiempo aunque parece ingrata puede ser aleccionadora.

Fotografía: gentileza M.A.F.I.A.
Fotografía: gentileza M.A.F.I.A.

Por Julio Semmoloni

Es posible que gran parte de los millones de argentinos que por ideología, convicción y/o militancia acompañó al gobierno anterior, todavía conserve la expectativa intacta de que a mediano plazo volverá a tener la oportunidad de recuperar esa situación política que se prolongó como nunca antes por espacio de doce años y medio. Desde el periodismo, por primera vez en mi larga vida profesional, me tocó y quise ser uno de esos argentinos. Por eso mismo, deseo aprovechar este primer contacto con los lectores de ZEPA para de inmediato señalar que también es posible que dicha contingencia “nacional y popular” nunca más sea factible de reproducirse.

En la medida que se tome conciencia de cómo se alteraron las esencias y los contextos en los últimos seis meses, cabe pensar que es imperioso asumir más temprano que tarde esa probabilidad nefasta.

¿Por qué advertirlo a tiempo? ¿Acaso para declinar ideas y proyectos por mera claudicación derrotista?

Obviamente, no. Todo lo contrario.

Si se debate con el máximo rigor analítico que lo realizado en esos tres períodos pudo y debió hacerse mucho mejor, y si esa praxis se encara con honestidad y valentía, será menos improbable generar las condiciones que alumbren otra nueva oportunidad.

ZEPA exige que las colaboraciones periodísticas no sean demasiado extensas, por lo tanto aprovecharé para reiterar una necesariamente breve columna que hice para el programa “Línea editorial” de Radio Nacional Mendoza, tras conocerse el resultado electoral del 22 de noviembre. Es como volver a empezar, desde el borde del precipicio o el fondo abismal de la derrota. Aquí va:

“No fue suficiente desendeudar el país para sacarlo de la cesación de pagos y adquirir autonomía de disponibilidad de recursos presupuestarios. No fue suficiente darle continuidad efectiva a los juicios por crímenes contra la humanidad. No fue suficiente regenerar millones de puestos de trabajo, hasta reducir a la mínima expresión el inaudito desempleo heredado. No fue suficiente duplicar la población jubilada, para darle cobertura social a todo el universo de adultos mayores y recuperar los recursos en manos privadas que pasaron a constituir el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (A valores de marzo de 2016 totaliza 720.000 millones de pesos.)

“No fue suficiente crear un tercio más de universidades públicas nacionales gratuitas e irrestrictas, ni repatriar más de 1.000 investigadores y científicos expulsados del país que los formó. No fue suficiente atender la población infantil y adolescente cuyos padres carecían de medios laborales y económicos necesarios. No fue suficiente empoderar a la mujer y a minorías diversas con el reconocimiento legal, social y cultural de sus derechos. No fue suficiente integrar la Patagonia y lugares remotos del Norte argentino al Sistema Interconectado Nacional de energía eléctrica. No fue suficiente construir y reparar escuelas, hospitales y viviendas más que en cualquier otro período de la historia.

“No fue suficiente agrandar en millones de personas la llamada ‘clase media’, no sólo por su mayor capacidad de consumo sino para darle legítimo acceso a un mejor bienestar general. No fue suficiente disminuir ostensiblemente la indigencia y la pobreza. No fue suficiente la transformación social y cultural operada como consecuencia de esas políticas, para que la concientización de defenderlas se anteponga siempre al constante reclamo de querer cada vez más y se dé por hecho lo conseguido. No fue suficiente la tarea realizada para sacar al pueblo argentino del infierno heredado y con la autoestima por el piso.

“No fue suficiente. Fue incomparable, titánico, paradigmático… Pero no fue suficiente. Porque se perdió la hegemonía política y también el Gobierno. Se perdió el desafío autoimpuesto de levantar la vara de la transformación hasta una altura insuperable. Por eso y por muchas cosas más, no fue suficiente todo lo que se hizo.”

Queda, pues, la responsabilidad de explicar ahora lo que no se hizo, lo que ni siquiera empezó a hacerse y, peor aún, lo que se hizo mal. Serán nada más que opiniones, por supuesto, que como tales pueden ser rebatidas con otros argumentos. El propósito es poner en crisis la simplificación de la realidad que porta el encendido voluntarismo militante. Esa espontánea reacción que desde el 10 de diciembre pregona en los espacios públicos una estrofa que no parece surgida del arduo examen político por comprender las causas y las consecuencias de lo que está pasando; estrofa que sencillamente se corea así: “Vamos a volver… oh oh oh… vamos a volver”.