La nueva derecha, la naturaleza y la historia

Para la nueva derecha no existe la historia. No existe ni como el pasado de la experiencia, con sus luchas y contradicciones, ni como el futuro posible. La nueva derecha vive en “estado de naturaleza”. A continuación presentamos un análisis en torno de los CEOs, el gran capital y la nueva derecha en la Argentina de hoy.

Por Nicolás Lobos *

Por Nicolás Lobos *

 

Para la nueva derecha no existe la historia. No existe ni para atrás ni para adelante. No existe la historia como pasado o memoria, esa materia que constituye lo real, ese entramado de fuerzas a las que a veces llamamos “los pueblos” y que con sus luchas y contradicciones, avances y retrocesos -es decir con la política- han tejido a las sociedades con densidad y significado. La historia como aquello que hay que conocer para hilar el futuro posible y para deshilar -cuando necesario- el pasado que lastra. La historia como ese lugar para habitar y trabajar, ese entramado de cuerpos y territorios, injusticias y esperanzas que somos y que podríamos llamar –también- cultura.

Para los CEOs la historia tampoco existe para adelante, la historia como juez, como esa posibilidad remota de un dictamen finalmente justo, esperable, aunque sea en un futuro. “La historia me absolverá” dijo Fidel Castro hace 63 años al formular su defensa en el juicio de la Moncada. De hecho no sólo lo absolvió sino que ya lo respeta, lo valora y hasta –frecuentemente- lo venera.

Para la nueva derecha, para el gran capital, para las multinacionales, para los CEOs, la historia no existe. Ellos viven en un permanente “estado de naturaleza”. Se trata de un presente continuo, un estado sin tiempo: es el estado de “normalidad” y de “inserción en el mundo”, es habitar en el Dorado, territorio selvático y paradisíaco que flota en alguna comarca bajo las nubes. Cualquier modificación de ese estado produce un país caricaturesco, fantoche y bufón. El país “normal” para el gobierno de los CEOs y sus amigos es el país al natural, es decir, desnudo como una ofrenda, un país donde nada obstruye el libre fluir de las ganancias hacia los poderosos. Si las riquezas no manan naturalmente hacia los ricos, si existe algún atisbo de desvío hacia los que menos tienen, estamos frente a una sobreactuación y una impostura… y se hace necesario un sinceramiento.

Un país normal es un país donde no existe la política, esa cosa tan fea que hace aún más fea a la gente pobre que ya bastante tiene con ser pobre. La política es ese pus que infecta el alma y hace ver el hecho de que existan depredadores y depredados como una injusticia y no como la lisa y franca normalidad.

Frente a la política tan oscura y triste se nos ofrece un abanico de tres alternativas superadoras: el glamour luminoso que embellece la pantalla de nuestro televisor (y nos muestra a nuestros representantes como sacados de la Revista Hola), la caridad que nos llena el alma y nos enternece frente a Margarita Barrientos que es tan humilde y ubicada (no como la desafiante y desagradable Milagro Sala) y–por último- la lucha contra la corrupción que nos vuelve héroes de una novela interminable. Así ya está dibujado el paisaje -digamos, la naturaleza muerta- donde habitamos. Ya hemos “ingresado al mundo”, ya nos hemos sincerado: “la verdad… siempre fuimos un país de cuarta, lo aceptaremos y viviremos como pobres”. Ya somos un país “normal”, hemos reencontrado nuestro destino manifiesto: ser presa de los depredadores. Y así, mientras los medios de comunicación nos saturan de glamour y nos convierten en “normalizados”, “sincerados”, “caritativos” e “indignados” a botonera, los poderosos se abalanzan sobre las presas, se disputan los pedazos y se alejan con el hocico ensangrentado mientras nos enseñan que eso se llama “meritocracia”.

A los CEOs no les interesa la historia como pasado porque sienten que no le deben nada a nadie, ni a la educación pública, ni al país, ni a su gente. No les interesa la historia como futuro porque tienen sus vidas y las de sus hijos e hijas aseguradas en tierras de ultramar, es decir, off-shore. A la nueva derecha le interesa la naturaleza y no la historia. ¿Será por eso que los nuevos billetes tendrán animales en lugar de próceres?

*El autor es filósofo, docente e investigador universitario, titular de la cátedra Filosofía Social y Política de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCUYO