Thriller en Longchamps

Camila Ojeda

Por Ana Navia- Ilustración : Camila Ojeda

Dicen que en la gresca hubo de todo, adoquinazo, balazo y machetazo. ¿El problema? Ajustes de dealer familia.

Al del adoquín, estilo menhir, de los fabricados por los presos picapedreros, la policía lo dio por muerto y le tiró una frazada encima. Unos quejidos de resucitado lo destaparon. Ese mismo cristiano había ligado un balazo en la boca y un machetazo en el hombro… No se podía entubar, de su tráquea salían huesos y astillas. Finalmente murió acá mismo, de bala o adoquín, qué más da. La mujer tuvo mejor suerte, el balazo entró y salió por el hombro, y seguirá ardiendo su trayectoria por el barrio.

Otro cómplice y víctima del ajuste fue quemado por un disparo abdominal que también siguió su curso, y no lo mató, no en esta batalla.

Como con una carga de extras de una peli de zombis llegó la cana a toda luz y furia. Quejidos, sangre, lágrimas, bronca, cueros cabelludos arrancados. Hordas de parientes enfurecidos, la sala de espera en vilo, testigos, partícipes y rehenes del estallido.

Al mismo tiempo, en algún Village se proyecta una  de acción, y otra de zombis.