Trabajo de pintor

El pintor Alexis Yebra está participando en la exposición colectiva Le Contemporain dessiné, en el Museo de Artes Decorativas de Paris, inaugurada en el marco de la feria especializada en dibujo más importante de Europa: Drawing Now.

Alexis Yebra

Por Mario Maure

“Yo sé que el tiempo que pase me cambiará/ pero todo lo que fui siempre vuelve a dar en mí”, cantaba Emilio del Guercio en Trabajo de pintor. Treinta años de conversaciones sobre “lo que pinte”, en una fonda de madera colgada en el Zanjón de los Ciruelos o en  este contacto por videollamada nos siguen diciendo que esos versos podrían pertenecerle.

Alexis Yebra vive actualmente en Angoulême, una pequeña ciudad medieval en el sud-oeste de Francia, junto a su esposa, Nathalie Lacoste. Desde que abandonó el oficio del sociólogo con una tesis brillante sobre Hanna Arendt, que validó la Federación Latinoamericana de Ciencias Sociales, continua sus búsquedas en un arte que, algunos, quisieron enterrado en el siglo XXI. Esas búsquedas, ya lejanas, se originaron en una apuesta por vincular la irremediable distancia entre lo icónico y lo verbal. Y de una manera distinta a la ilustración de un texto o al anclaje de sentidos que éste produce sobre una imagen. “Una apuesta dirigida a indagar en el borde de ambas series, en ese espacio que las une separándolas o las separa uniéndolas, pues es ahí, según creo, en la proximidad desajustada entre texto e imagen donde quizás puede acontecer un relampagueo poético” decía entonces.

Actualmente no piensa que su pintura sea necesariamente imagen. “La pintura no es imagen porque la excede por déficit o exceso. El problema de la pintura contemporánea, creo, es que se la reduce a imagen mental o conceptual. Pensar esto lo pone a uno en un camino solitario. O, al menos, no siento que este camino esté muy transitado”

-¿En qué proyecto estás trabajando?

-Estoy trabajando en una serie o intentando conformar una serie de pinturas bajo el título A la sombra lunar de las palabras. Pinturas en las que hay una importante incidencia del grafismo. Lo que hago tiene que ver con el dibujo enmarcado en una problemática del grafo, es decir la escritura como dibujo y viceversa. Me siento vinculado a esa cuestión, aunque  no puedo dar una respuesta sobre la manera en que eso me toca y toca mi manera de trabajar.

Una de las obras que Alexis Yebra expone en el Museo de Artes Decorativas de París. (foto: gentileza Alexis Yebra)

-Alguna vez hablaste de la amplitud de la cuestión de la caligrafía.

-Tiene que ver con lo caligráfico, pero esta caligrafía -que no es un sistema- ¿De qué habla? ¿De mi identidad? No sé. Yo no tengo el control absoluto y soberano de lo que hago ni impongo los sentidos. Por ejemplo, los materiales trabajan por sí mismos y hay  un espectador que también va a trabajar esa superficie significante. Es la conjunción de todo lo que produce algo.

-¿Qué creés que le ocurre a un espectador -lector francés, por ejemplo- con tu pintura?

–  Creo que el lector compone su lectura echando mano a una multiplicidad de fuentes. A ese camino de lectura mi trabajo escapa. Uno como artista propone esa superficie donde el espectador incrusta fragmentos de sentidos. Entiendo que los espectadores franceses encuentran algo de lo argentino, aunque yo no me haya propuesto explícitamente eso. Esa superficie es un claro en el bosque …una apertura  al sentido. Lo interesante de la pintura no es el “significado” sino la apertura a pensar cosas.

-¿Cómo recordás a tu maestro, Orlando Pardo?

Pardo no estaba interesado en tener discípulos, ni siquiera alumnos. Lo que hacía que en el diálogo que establecías con él, en el aprendizaje, no había ningún interés de su parte en transformarte en un “pardito” con un tesoro a cuidar y a transmitir. Con el maestro Pardo aprendí el oficio y a interrogarme acerca del arte y de la pintura en particular, desde la práctica de la pintura, que es una manera muy distinta de poser la question, pero igualmente filosa y conceptual que desde la estética o la historia del arte. Creo que este es uno de los aspectos por los cuales Pardo fue considerado por muchos como un “intuitivo” y no un “teórico”, lo que supone una total incomprensión del tipo de interrogantes que se planteaba y de su búsqueda pictórica.

¿Qué harás con tus herencias?

Quisiera una pintura que, en tanto huella, retenga el gesto de su trazo y difiera el sentido de lo trazado, que relea y reescriba una tradición, que se apropia de ella, asumiendo que heredar una tradición no es lo mismo que conmemorarla sino, más bien, lo contrario. En donde el acto de heredar resulte entonces mucho más una decisión y la elección de una estrategia, que la recepción pasiva de una herencia. Una herencia que he elegido tejerla con las hebras de lo local y lo global, y esto es los argentinos Alfredo Hlito, Kenneth Kemble y el instituto Di Tella, la caligrafía oriental, Tàpies, Clavé, Motherwell y Manolo Valdez.