Violencia de género y femicidios en los medios: ¿quiénes son noticia cuando son noticia?

Conversamos con Ana Soledad Gil, especialista en comunicación y género, acerca de violencia de género, femicidios y coberturas periodísticas. Para empezar a desandar los silencios y visibilizar a las que nos faltan.

La semana pasada se cumplieron 9 meses de la desaparición de Gisela Gutiérrez, la joven oriunda del Barrio La Favorita de Capital de la que no se sabe nada desde julio del año pasado. Como cada mes, sus familiares y algunas organizaciones feministas comprometidas con su búsqueda recordaron el caso ante la opinión pública en las redes sociales. Los medios de comunicación tradicionales ya no la nombran. No es noticia, no vende. Gisela no es esposa ni hermana de un político, no pertenece a la farándula, no viaja a Disney ni milita por causas sociales ligadas a la iglesia. Nadie organizó por ella una multitudinaria marcha con antorchas ni cadenas de oraciones.

Para conversar acerca de cuáles son los parámetros que tienen en cuenta los medios de comunicación para que los hechos de violencia de género y los femicidios ingresen a sus agendas y  cuáles para que salgan de ellas,  ZEPA entrevistó a Ana Soledad Gil, comunicóloga, especialista en comunicación y género y doctora en ciencias sociales, becaria posdoctoral del Conicet y miembro de la Red PAR (periodistas de Argentina en Red por una Comunicación no Sexista).

Ana Soledad Gil Su tesis doctoral se tituló Los sentidos de la "violencia de género" en la prensa argentina (2010-2013)
Ana Soledad Gil
Su tesis doctoral se tituló Los sentidos de la «violencia de género» en la prensa argentina (2010-2013)

Como dijimos, existe un tratamiento periodístico diferencial en función de la clase. Es decir, noticias sobre violencia de género o femicidios sucedidos a mujeres de clase media o media alta no tienen el mismo tipo de cobertura que noticias similares  de mujeres pertenecientes a las clases populares. Gil sostiene que la diferencia está dada, primero, por la visibilidad o invisibilidad de los casos. “Los femicidios de clase media o clase media alta, rápidamente adquieren un lugar importante en los medios y los femicidios de sectores populares, en general, son invisibilizados, y cuando aparecen lo hacen rodeados de prejuicios, con una mirada más estigmatizante, criminalizadora. Si bien en ambos casos, está girando la cuestión de las mujeres como culpables de su propio femicidio, esto se refuerza mucho más cuando se trata de una mujer, niña, adolescente de sectores populares”, explica.

ZEPA: ¿Cuáles son básicamente esas formas de estigmatizarlas?

ASG: En primer lugar por la clase social. De algún modo, las pobres serían unas víctimas incompletas, víctimas malas en el par víctimas malas/víctimas buenas que aparecen en las distintas maneras de abordar los femicidios en los medios. Mientras que por un lado existe el estereotipo de la chica buena, de clase media, que estudia, que no tenía novio, que se portaba bien… todas esas ideas-fuerza giran alrededor en las coberturas de un femicidio de clase media, media alta; por el otro lado aparece aquella que había dejado la escuela, que le gustaba el boliche, que tenía muchos novios, relaciones promiscuas o engañaba al marido, esposo, pareja o andaba sola por la calle de noche… básicamente hay un “se lo buscó” mucho más profundizado que en el otro tipo de coberturas, donde aparece un “se lo buscó” pero en otros términos: porque no cumplió con los mandatos, porque se le ocurrió desobedecer al marido.

Angeles Rawson. Ícono del tratamiento periodístico para femicidios en los medios hegemónicos Foto: Gentileza Diario UNO
Angeles Rawson. Ícono del tratamiento periodístico para femicidios en los medios hegemónicos
Foto: Gentileza Diario UNO

Un segundo núcleo que aparece en las coberturas de noticias relacionadas con violencia de género es la problemática de la seguridad/inseguridad en tanto los medios suelen utilizar la problemática de la violencia de género para argumentar en relación a sus propios intereses (económicos, políticos, de clase).

Gil indica que usar los femicidios para pedir mayor seguridad, más mano dura, presencia policial, es una estrategia más usual en las coberturas de los femicidios de clase media, media alta. “Al contrario, en los femicidios de clases populares lo común es justamente demandar máximas penas y medidas de seguridad sobre las clases populares. Tenés el ejemplo en el caso de Angeles Rawson. Fue muy notorio el pedido a nivel discursivo, de mayor seguridad, de que somos todos los “ciudadanos”, y en masculino, los que estamos en peligro, y quienes nos matan son los de los sectores populares. En los otros casos, en cambio, se trata de criminalizar en primer lugar a las mujeres y asociado a esto, a las clases populares en general, logrando así un disciplinamiento dirigido a esos sectores”.

ZEPA: Hay un cierto atractivo en la cobertura de los casos de violencia de género/femicidios de clase media/media alta, mayor despliegue, más atención, espacio, minutos. ¿Cómo se explica? ¿Cuál es la razón?

ASG: Sí, como femicidios, como casos excepcionales desde los cuales se puede apelar a una reacción emotiva muy fuerte. Los femicidios de mujeres de sectores populares aparecen pero de otra manera, aparecen como homicidios, más cercanos a la crónica roja, mayormente invisibilizados. En cambio, los casos sucedidos en las clases medias y media alta presentan atractivo, también, a los fines políticos e ideológicos de los medios tradicionales y hegemónicos concentrados porque justamente les sirven para objetivos que no tienen que ver con una mirada de género, sino con otras cosas como la problemática de la seguridad/inseguridad y el refuerzo de la mirada de clase.

Foto: Gentileza Diario Vox
Foto: Gentileza Diario Vox

ZEPA: En este sentido, ¿qué evaluación te mereció la cobertura del doble femicidio de las jóvenes mendocinas en Ecuador?

ASG: fue un claro ejemplo de lo que venimos conversando. Es importante recordar que en el mismo momento se produjo el femicidio de una mujer de sectores populares en Las Heras que tuvo escasísima repercusión comparado con la altísima presencia y visibilidad que tuvo el doble femicidio en Ecuador. Debemos saber que el caso de estas jóvenes movilizó a 10 mil personas en Mendoza cuando en otras ocasiones, o con la desaparición de chicas de sectores populares, eso no ha sucedido ni sucede. También se aprovechó para un uso político. Si bien sucedió en otro país, hubo en las crónicas preguntas respecto a cómo funcionaba la justicia, dudas sobre el accionar policial, editoriales en relación a la inseguridad en Montañita, opiniones sobre las “mochileras que iban solas”, sobre qué hacían viajando y cómo. Apareció, solapadamente, un “se la buscaron” por haber estado “solas”. Sin embargo, es diferente al “se la buscó” de Gisela Gutiérrez. También es diferencial la reacción emotiva. No se busca la misma respuesta de las audiencias frente a las muertes en Montañita que ante la desaparición de Gisela. Esto se logra con los grados diferenciales de visibilidad alcanzada, llegando a una hipervisibilidad en ciertas ocasiones, y al silencio total en otras, y con este tratamiento que estamos desarmando.

Las vidas de las mujeres no valen lo mismo para los medios de comunicación y, en consecuencia, la noticia que se construye cuenta sobre algo que no dice, no relata, no muestra, lo mismo en unos casos y en otros.