Atrapar a un ángel

La fotógrafa Lorena Mont está pensando una muestra individual que invierte lo que presentó hasta ahora en el Le Parc o en el Museo de Arte Moderno. Sólo adelanta que aborda de otra manera la temática de la deconstrucción del cuerpo femenino y que habrá más luz. “Sé lo que quiero hacer. Ya vi las fotos…me falta sacarlas.”

Lorena Mont

Por Mario Maure y Sebastián Landi

La urgencia de guardar el mundo imaginario -este mundo- en su memoria para poder escribirlo, llevó a Lorena Mont hasta una cámara de fotos, domar su técnica y salir a capturar instantes. El glaucoma que amenazaba dejarla ciega fue un catalizador de su proceso vital y se convirtió en artista. Desde entonces dedica muchas horas a pensar una toma. Incluso la dibuja. Con ese boceto sale a cazar lo que busca y no siempre encuentra. Hay algo que tiene que producirse entre ella y eso que la cámara media para que la satisfaga: “La edición no corrige los sentimientos. Lo buscado está en el momento del disparo, ese momento en que no sos vos”.

-¿Se puede decir que lo que hacés es minimalismo?

-Me gustaría que lo fuera. Mis fotos no son minimalistas, pero tampoco ruidosas. En todo caso lo que uso como equipamiento lo es. Cuando uso lo menos posible siento que he creado algo. Por supuesto, es lo que pienso yo y no creo que todo el mundo tenga que hacerlo.

El trabajo de composición, el manejo de los ritmos y las tensiones le da a su fotografía una atmósfera que inquieta. “Busco con mis fotos sugerir poéticamente algo que no se ve a simple vista”.

-¿Y qué es eso que no se ve?

Mientras piensa,  sirve -entre risas- lo que llama “café contemporáneo”, resultado de desfuncionalizar una pava eléctrica y convertirla en cafetera.

– Por mis lecturas tengo un enrosque filosófico con la realidad, quizá no muy original. Yo creo que la foto jamás es realista. Cuando te dicen que es un recorte de la realidad…  si yo la recorté y la edité, entonces no es real. Lo mismo con nosotros. La gente es irreal igual que la imagen. Creo que estamos editados. ¿Hasta qué punto vivimos la misma realidad? Lo que digo, tiene que ver con el cuerpo, que te influye pero no te determina. Yo no soy un cuerpo. Soy otra cosa, además, que no sé cómo llamar. No soy mis manos, mis piernas, mis ojos…

Deconstruidas al nacer

-¿Entonces?

– No quiero decir energía. Diría alma, pero no me gusta cómo suena. Habrá que crear otra palabra. Y esto no significa que ignore otras realidades que me atormentan cotidianamente como el precio del bondi, de la comida, el alquiler. Que me cuesta adaptarme a los cambios de luz porque siempre tengo la pupila dilatada y hay dolor, que el verano es heavy, que amo la luna y sólo veo un chorro de luz. Pero veo las estrellas más grandes porque mis ojos son un telescopio- dice- y se ríe.

Además de seguir deconstruyendo cuerpos y miradas, Lorena Mont se propone el mismo trabajo sobre sus fotografías. Desestructurar el encuadre es uno de los aspectos. “Lo hago con dobles exposiciones; con las máquinas analógicas componer y después recortar y pegar; a veces uso la gradosol, con la que podés avanzar y retroceder el rollo; también me gusta romper, pegar y luego digitalizar. Además mezclo analógica y digital para terminar con el aura de lo analógico, que para mí no lo tiene”. También quiere profundizar el aprendizaje que realiza con el colectivo La mirada del Otro, al que pertenece.

– Con la fotografía voy adonde quiero. No tengo maestro. No tengo quién sea cruelmente sincero. Busco guías, no de imagen, más bien de otros caminos. Busco a alguien que me de otro rumbo. No lo encuentro no porque no haya buenos fotógrafos, sino porque yo busco un camino filosófico…tal vez será un poeta, un músico.

-Y a tus alumnos ¿qué les enseñás?

– Amor y respeto a la fotografía. A ir más allá de la mirada descartable, a captar sensibilidades o el relato que subyace a las cosas y la gente. Me ha pasado que, a algunas personas, no las puedo ayudar y entonces terminamos ahí las clases. Yo las libero cuando no le puedo enseñar nada.

Lorena Mont 1

Hay que irse. Flota una pregunta que no se hizo acerca de la etimología de la palabra fotografía, pero que Lorena responde- sin saberlo- en el diálogo final.

-A mí no me importa perder una foto…yo ya la vi. La puedo escribir. Y no necesito compartirla. ¿Cuántas cosas no compartimos? A mí lo que me importa es el placer de percibir…simplemente.