Escrito en el viento

Lauri Fernández presentó en Moebius, Tupamaros. La fuga. 1971, la última novela gráfica en la que participó. Simultáneamente prepara con Roberto Barreiro una historieta de terror a publicar  en España y profundiza sus reflexiones teóricas en trabajos con el grupo Estudios y Crítica de la Historieta de la Universidad de Córdoba.

tapa Tupamaros

Por Mario Maure

 

Comenzar un relato,

Entregar una historia para generar sueños…

Los hay populares, teñidos de lo callejero.

Otros que explotan una tragedia cosmopolita..

Hay historias que nos hunden en mundos oníricos.

Que nos angustian.Y fascinan

Al confirmarnos lo imposible.

Y existen otras que nos queman con su realidad.

A todos esos que pintan su aldea

Y pintan el mundo

Gracias por persistir.

El texto pertenece a Escrito en el viento una de las historietas inaugurales del blog de Lauri, en realidad un “saludo en forma de historieta para todos los que escribiendo se convierten en amigos”. Quizás intuía- allá por el 2010- que el dibujo-como el sueño- es una de las formas de la escritura.

lauri

El currículum vitae de esta artista es contundente. Además de historietista e ilustradora es doctora en Ciencias Sociales, Magister en Arte Latinoamericano y Licenciada en Artes. Fue columnista y conductora en la Rock&Pop y, para despuntar el vicio, de vez en cuando toca el piano. Sin embargo la mención de todo esto le pasa por al lado o directamente la incomoda: es inmune al elogio. Vive en Buenos Aires desde hace cuatro años y combina su condición de “bicho de taller”, en el que pasa gran parte del día experimentando técnicas y materiales con la de viajera incansable a cuanto evento tenga que ver con el comic, por el que tiene un interés temprano.

“Desde que tengo memoria” dice “en casa hubo historietas para leer. No eran precisamente nuevas: en general eran las El Tony, las Fantasía, las Nippur, las Intervalo que mi abuelo o mi tía traían. En San Rafael -donde viví hasta los 18- era bastante difícil conseguir las Fierro o las Humor Registrado, entonces leía lo que podía. Por suerte, no sé bien cómo, en casa habían varias Asterix y Lucky Luke y gracias a eso me copé con la historieta francesa.” En su libro Historieta y Resistencia. Arte y Política en Oesterheld  hay una mención especial a quién inspiró su arte. “Mi abuelo Virgilio, a quién dediqué el libro, era un verdadero fan de la lectura, incluida la historieta: cosía las revistas de Columba en bloques de a 5 o 6, como para que no te perdieras las continuaciones de las historias.”

-¿Cuándo empezaste a producirlas vos?

-Profesionalmente, con la historieta Ani, en el 2011, pero empecé a hacerlas de chica. En la facultad estudié artes pensando-inocentemente- que me iban a enseñar a dibujarlas. En el 2003 armamos con varios ilustradores, dibujantes e historietistas lo que se llamó El Círculo del Cuadrito que, lamentablemente, duró pocos años pero gracias al cual conocí a muchos amigos que duran hasta hoy. Entre el 2007 y 2010 me dediqué al grabado y a la ilustración, más por una imposibilidad de editar o de visibilizar historietas que por un desinterés en hacerlo. Después, por suerte, conocí a Roberto Von Sprecher, guionista de Ani, y a Diego Cortés, de la editorial Llanto de Mudo y las cosas cambiaron bastante.

-Recuerdo  una suerte de defensa, de militancia de la historieta en tus participaciones académicas. Y  algo que citabas de Said: “Si elaboramos teoría a partir de un objeto que no nos entusiasma y en el cual, básicamente, no creemos (aunque nos resulte “instrumental”), entonces estamos construyendo y promoviendo criterios de verdad sin sentido real, esencialmente falsos.”

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-Bueno, una tiene que asumir quién es, con la heterodoxia que eso implique. Cuando se viene de una formación de taller, más pragmática, más orientada al oficio, tiende a considerar otras variables que por ahí no son ni mejores ni peores que las de un investigador formado estrictamente desde la teoría, pero sí diferentes, Y justamente ahí pienso que está lo distintivo del aporte que pueda hacer. No sé si es una «militancia»: es una defensa al rol del historietista y de la historieta como lenguaje que requiere de conocimientos específicos para investigarla. Eso que escribí entonces, lo sigo pensando, pero no es necesariamente el motor para «conseguir títulos» sino una preocupación que me surge cuando leo o escucho barbaridades en algunos ámbitos que se suponen especializados, y que son producto de cierto desinterés o de cierta fiebre académica por «hacer papers no importa sobre qué». En especial cuando escucho «mandadas de fruta» relativas a la historieta -o al cine, que me gusta mucho y lo consumo bastante-  y me pone de bastante mal humor y creo que se nota. Creo que hay que enamorarse un poco más de lo que uno investiga, involucrarse, darse cuenta que se tiene tanto para aprender. Y abrir la cabeza, para no convertirse en un bucólico lector de ponencias.

-¿La historieta es lo que más te copa? ¿O tus otros laburos con el dibujo están al mismo nivel?

La historieta es genial, pero a veces muy cansadora y mal remunerada, para qué voy a mentir. La ilustración, es más lúdica, te da más aire, te deja experimentar más y por ahí dedicarle tiempo al detalle, al berretín del dibujante neurótico. A mí me gustan ambas cosas, siempre compensándolas entre sí.

(Continuará..)


Conocé más de la obra de Lauri Fernández aquí.