La herencia cultural (segunda parte)

Seguimos con la mirada retro sobre el legado cultural de la gestión Marizul-Centorbi-Martínez

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Fabricio Centorbi y Marizul Ibánez – Foto: MDZ

Entonces… no es nuestra obligación pasar el peine fino a tooodos los desmanejos de la gestión político cultural de Paco Pérez, pero, de lo sabido de la alegre ministra Marizul, el oscuro y recluido Centorbi y la pobre Julieta, se pueden extraer enseñanzas ético políticas que hoy están de moda en el lenguaje de los políticos. A saber:

Cuasicorrupción, o discutibles contratos (lo siguiente no tiene carácter de denuncia, sólo pretende ser un humilde aporte al aprendizaje)

Cuando una banda musical estaba probando sonido en alguna de las salas del Le Parc, podía suceder que necesitaran, por ejemplo, una consola adicional a la solicitada. Los músicos suelen tener también sus propios equipos de sonido, o partes de ellos. Pues bien, si a la banda que estaba probando sonido para la función de la noche, se le ocurría enchufar su propia consolita para agregarla a lo que el Le Parc les ofrecía…, no podía. Tenía que alquilarla a la empresa prestataria del servicio. Tenía la exclusividad. Nadie podía entrar allí con un cable que no fuera de ellos. Y había que pagar por ello.

Lo interesante es que la mencionada empresa resultaba ser la misma que, en tiempos en que Centorbi era Director de Cultura de Rivadavia, prestaba servicios allí. Y la misma que, en tiempos de empresario particular rivadaviense, Centorbi contrataba para sus espectáculos. Una suerte de vieja sociedad.

Otra. Nuevas empresas. Desde aquellos viejos tiempos de dueño del cine Ducal – el viejo y querido cine teatro Ducal, en el que mientras veíamos una de James Bond, esperábamos que nos aceptara la invitación a un helado ella, la prima del flaco – Centorbi conocía a quien vendía maní con chocolate: el Camote, laburante incansable que siempre se las rebuscó para salir de la pobreza y nunca se quejó. Ya subsecretario, y a favor de lo bien que queda servir sanguchitos y café a los artistas en sus camarines y a los empleados en los pasillos, al Fabri se le ocurrió contratar a… Camote Cáterin, la empresa que le sirve los mejores sanguchitos y el café calentito. Y así apareció el Camote de traje y en tremenda camioneta dirigiendo a sus empleadas vestidas con camisa blanca y delantal de moza, negro. Repartiendo caterines en cuanto “evento” se haga en las salas del Estado. Y le seguirán llamando eventos, aunque no sean eventuales, como la Fiesta de la Vendimia. La redacción de ZEPA no ha podido acceder al dato de a cómo el sanguche.

Ñoquismo (neologismo por la función de ocupar un cargo por el cual se cobra y en el que no se trabaja).
De arriba para abajo, respetando las jerarquías, la ministra Marizul sólo firmó resoluciones que nunca aprendió a redactar, pero, hay que decirlo, siempre se hizo cargo diciendo a los periodistas que hable el Fabri. Ante cualquier petición o asunto a resolver, los empleados contestaban, siempre, hay que ver qué dice el Fabri. Una ministra firmadora.

Siguiendo. En la soledad de su oficina, Centorbi resolvía qué se hacía y que no, con la plata que llegaba del gobierno nacional cuando se acabó la de aquí. Trabajaba, al fin. Los resultados son objeto de otro estudio.

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Fabricio Centorbi y Julieta Martínez

Julieta, la joven directora “a cargo de la dirección del Teatro Independencia”, llegaba a media mañana, a veces, llamaba por teléfono a la guardia privada para que le abrieran las puertas del frente del Teatro – las que sólo se abren para el público durante las funciones – y así, nadie sabía a ciencia cierta si estaba en su oficina o no, ya que ninguno la veía entrar por donde todos los trabajadores y artistas ingresan, que es la puerta lateral de calle Espejo.

Es así que el Teatro funcionaba solo, a puro pulmón de los técnicos y administrativos, sin más orientación que las necesidades que iban surgiendo. En sus cuatro años de labor, ordenó suspender las actividades varias veces para comenzar tareas de mantenimiento… pero nunca le dieron la plata, parece, pues nunca se hizo nada. Excepto cuando se le alquilaba el Teatro a Gabriel Canci, para alguna de sus exhibiciones de bombachas, a cambio de pintar algunos camarines rosados o importancias por el estilo.

Fabricio Centorbi habrá vuelto a su Rivadavia, a ser peronista los viernes a la noche. Suponemos. Veremos.

Marizul Ibáñez habrá vuelto a su cargo de empleada administrativa o ¿se habrá jubilado con el sueldo de ministra? Veremos.

¿Y Julieta?


Derecho a réplica:

A raíz de la nota “La herencia cultural (primera parte)” publicada por nuestro diario la semana pasada, la Srta. Julieta Martínez nos envió un correo electrónico que transcribimos textualmente a continuación:

Motiva este mail la nota que publicaron recientemente en su sitio. Me gustaría aclarar algunos temas que se relacionan directamente a mi persona. En primer lugar, es real que trabaje como acomodadora. Comencé en el Ángel Bustelo y luego pase al Teatro Independencia (realizando la misma función). En esos años mi papá sufría cáncer de colon y con mi familia decidimos salir todos a trabajar para poder sostenernos. El trabajo de acomodadora fue lo que conseguí y lo que me permitió seguir estudiando debido a los horarios. Sería bueno destacar, además, que todas las acomodadoras que hasta el día de hoy tiene el Teatro Independencia son mujeres universitarias, la mayoría ya recibidas.

Una vez en el Teatro Independencia (trabajando para una empresa ajena al Estado), me ofrecieron ingresar a la boleteria, propuesta que por supuesto acepte debido a la situación antes comentada. Yo no ingresé a trabajar por ser amiga de alguien, mi familia no está relacionada a la política. Antes de ser directora estuve trabajando en prácticamente todos los puestos de la Sala Mayor. Estas tareas las desarrolle con CLASE 3 ADMINISTRATIVA (Clase que mantengo hasta el día de hoy). No se quién o de donde salió la información de que me premiaron con clase 10, de todas maneras pueden averiguarlo en el Área de Personal de la Secretaría de Cultura. Ni antes ni durante, ni finalizada la gestión tuve un movimiento en mi clase.

Quise aclarar todo esto porque no me gusta que se digan cosas que no son ciertas, ni tampoco quería subirlo a las redes sin antes poder conversar con ustedes. Respeto el trabajo de todos los periodistas y admiro lo que hacen.

Un afectuoso saludo a todos, Julieta Martínez.


Fe de erratas:

En la nota «La herencia cultural (primera parte)«, dijimos que Julieta Martínez -ex Directora del Teatro Independencia- revista en clase 10. Pues no, cometimos un error, revista en clase 3 administrativa. También nuestras informaciones decían que es amiga de Fabricio Centorbi. También nos equivocamos, no es su amiga.