Trabajadores de la educación encararon a Cornejo en Buenos Aires

Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Diez y cuarto de la mañana. Alfredo y su niño mimado, Pablo, se sientan en un bar de Bolívar al 100, de la coqueta zona del Cabildo. Cerca del mundanal ruido de la urbe donde atiende dios, pero muy lejos de la Mendoza en la que miles de trabajadores inician una marcha masiva de protesta hacia una casa de gobierno sin gobernador.

Alfredo es Cornejo, titular del ejecutivo de Mendoza, Pablo es Sarale, Subsecretario de Comunicación. Ambos cafetean, lejísimos de la rutina del blindaje policial del cuarto piso de la sede de gobierno mendocina, separados por mil kilómetros de los cantos, bocinas y la música ensordecedora que en esos mismos momentos se acerca al palacio. Tranquilos los dos, en la soledad dulce que a veces regala el poder, mientras esperan la hora de una importante reunión.

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Alfredo sorbe un café y se acomoda el traje azul, Pablo un cortado sin soltar su celular que revisa todo el tiempo. Cornejo lee una carpeta, toma otro café y, justo cuando envía un mensaje de voz en su whatsapp, un transeúnte -con la ñata contra el vidrio- le saca una foto que logra incomodarlo. Segundos más tarde, una nueva instantánea de celular apunta contra el rostro visiblemente enojado del pequeño gobernador cuyano.

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Diez treinta. La misma ciudad. Un grupo de 12 trabajadores de la educación arriban al apacible cafetín de Buenos Aires donde Alfredo y Pablo intentan relajarse. Los laburantes son de Guaymallén y han viajado hasta la capital para participar de la movilización de CTERA en el marco del paro nacional de la educación. Piden hablar con el gobernador para “sacarse una foto”, Cornejo entusiasmado con el calor de la gente sale confiado a la vereda. Es allí, en una acera porteña, donde comienzan a hacerle las preguntas que en Mendoza se negó a contestarles.

Carina Sedano, Secretaria Gremial del SUTE de Guaymallén, formó parte del diálogo y relató a ZEPA el tenso intercambio de palabras.

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Carina Sedano, Secretaria Gremial del SUTE de Guaymallén, en diálogo con el gobernador.

“Un celador le preguntó si le parecía bien un aumento del 9%, si le parecía bien lo que dijo Garay (Dalmiro) de los celadores. Una docente le preguntó por qué usted me quita el ítem aula, si yo tenía un cambio de funciones”, cuenta Sedano y agrega que Cornejo siempre respondió con evasivas o imprecisiones que mostraron su ignorancia sobre el decreto del ítem aula que el mismo firmó. “Le contestó a la docente que lo que decía era mentira, que eso es lo que dice el SUTE y que a ella le han dado una indemnización. La compañera le replicó explicándole que salud laboral no da ninguna indemnización e insistió con su verdad”.

“El SUTE les ha metido el cantito y ustedes lo están repitiendo”, lanzó el gobernador molesto con las preguntas de los trabajadores, sin separar nunca sus manos del cuerpo en una actitud defensiva y con el rictus facial endurecido.

Cuenta Sedano que, a medida que los maestros y celadores le iban citando casos injustos de descuentos del ítem aula, “a Cornejo se le iba cayendo el discurso”.

– “Una docente de Guaymallén está yendo a la escuela a pesar de la pérdida de su embarazo porque no puede tomarse un artículo 40 (de la Ley 58.11)”, ilustró una docente.

– “Bueno lo tendría que analizar”, respondió el gobernador.

-“¿Y los que tienen una enfermedad oncológica?”, inquirió una delegada sindical.

-“Lo tendría que analizar”, repitió Cornejo.

-“¿Cómo lo va a analizar si ya está escrito?”, refutó Sedano.

-“Ustedes sigan creyendo lo que quieran creer, aparte no sé qué hacen acá, por qué no han ido a trabajar”, los reprendió el mandatario provincial, en su calidad de patrón.

-“Estamos en un paro, un paro nacional que se ha hecho para acompañar a la lucha de los docentes de Mendoza”, le recordó Sedano.

-“Ustedes tiene que entender que ustedes trabajan en una empresa estatal a la cual yo la tengo que coordinar, como una empresa privada”, argumentó Cornejo.

-“Usted tiene que entender que usted tiene a cargo una empresa estatal no una privada”, le aclaró la dirigente sindical.

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“Me tengo que ir a una reunión, no puedo suspender la reunión. A ustedes les han metido un casete en la cabeza”, fueron las últimas palabras que soltó ofuscado el gobernador ante los trabajadores.

Alfredo, con la sola compañía de Pablo, abandona por fin el interrumpido remanso porteño. Se aleja como buscando un rumbo que le haga olvidar el sabor amargo de los maestros de Mendoza y los acerque al poder real de Buenos Aires.