Regatas filma a sus socios desnudos

La seguridad es la razón que todo lo justifica. Un circuito cerrado de videovigilancia graba durante las 24 hs. todo lo que sucede en el vestuario masculino del selecto club de la Ciudad de Mendoza. Las autoridades admiten que las imágenes se archivan por 15 días. 

Te estamos filmando2

La fotografía fue tomada por un lector de ZEPA y socio de Club Mendoza de Regatas. La imagen, fuera de foco, muestra el pasillo de uno de los vestuarios de hombres, niños y adolescentes que están en el subsuelo de la Sede Central del Club, ubicada en el Parque Gral. San Martín.

En la viga de la pared del fondo pueden observarse tres cámaras de video que filman permanentemente lo que ocurre en el interior de este recinto, donde los socios se visten, desvisten y guardan sus pertenencias.

Cámaras Regatas

Pero éste no es el único lugar en el que son vigilados. En las instalaciones del subsuelo están ubicadas estratégicamente 14 cámaras de video, de un circuito cerrado de seguridad, que graban todo lo que ocurre las 24 hs. del día, los 365 días del año.

Salvo en las duchas y baños, en el resto de los camarines y vestuarios, todo lo que pasa queda registrado en imágenes de video. Miles de escenas de gente caminando sin ropa, niños secándose a la salida de la ducha, adolescentes haciéndose bromas desnudos y hombres cambiando sus calzoncillos, remeras y pantalones, son partes de un banco de información del cual disponen, libremente, las autoridades del club, sin consentimiento expreso de los socios. Las imágenes de los cuerpos de empresarios, jueces, políticos, deportistas, trabajadores y sus hijos son acumuladas diariamente en un archivo que forma parte del patrimonio inmaterial del club centenario.

Seguridad, ante todo

regatas

14 «ojos» que todo lo ven

La seguridad es la razón que todo lo justifica, incluso la vía libre a la vulneración de los derechos a la intimidad y la imagen personal. En una entrevista para un medio colega -de septiembre de 2008- el presidente del Club Mendoza de Regatas, Elías Nazar, se jactó de que la sede central tiene “visores en todas las instalaciones del club, menos en el vestuario de las damas, y las imágenes quedan grabadas por quince días”. Esas manifestaciones del presidente fueron ofrecidas a mdzol.com para aclarar un caso judicial que implicó a un socio del club, quien tenía escondido 24 kg. de marihuana en uno de los armarios (iguales a los que pueden verse en la foto que encabeza nuestra nota).

Para confirmar la identidad del delincuente que tenía la droga se utilizaron los registros fílmicos del club. Según MDZ, Nazar, quien “destacó el valor de la seguridad en el club del lago a la hora de aportar pruebas concretas”, ofreció las grabaciones de las cámaras de vigilancia a los pesquisas para individualizar al socio-narco.

Nadie se preguntó entonces (ni siquiera la prensa, ni la justicia que ordenó las medidas) si junto con las imágenes del buscado se pusieron a disposición los retratos de desnudez cotidiana que registran, día a día, las 14 filmadoras incansables del subsuelo masculino; si el club estaba utilizando un método legal al filmar permanentemente a sus socios desnudos; si se violaban las normas elementales de protección de los derechos de niños y adolescentes irrazonablemente vulnerados en sus integridades; o si hubiese bastado con otros medios de prueba para esclarecer el caso, sin necesidad de exponer los cuerpos sin ropa de los asiduos concurrentes a los camarines y vestuarios.

Las preguntas aún subsisten. Las dudas permanecen. Pero lo importante era, y es, la seguridad de los más de 18 mil socios de una institución emblema de la clase media mendocina, y para lograrla las autoridades no descartaron -ni descartan- método alguno.

Ocho años después del lejano suceso de la marihuana, la mayoría de los socios se sienten muy seguros y tranquilos sabiendo que si un delincuente amenaza la integridad de las instalaciones o de sus bienes, una o varias cámaras de seguridad tomarán registro minucioso del hecho, permitiendo a la justicia el esclarecimiento de la ilegalidad y la determinación de los responsables.

Son esos mismos socios quienes, en el subsuelo húmedo del selecto club, renuncian diariamente a ser los únicos dueños de la intimidad de sus propios cuerpos.