La censura llegó a Mendo…

Dos periodistas de importantes medios de la Provincia apretadas por funcionarios públicos. La práctica del amedrentamiento en un clima nacional de cierre de diarios, radios y persecución a voces no alineadas. Cuando el trabajo de prensa se convierte en variable de ajuste y miedo

Foto 2“Por lo que veo te pasaron el parte de novedades de anoche. Estoy haciendo mis averiguaciones y ya casi sé quién fue” disparó un funcionario del Ministerio de Seguridad a la periodista Soledad Segade del diario Uno.

La advertencia llegó como respuesta ante la decisión de la comunicadora de, nada más y nada menos, hacer su trabajo: dar a conocer una serie de “entraderas” que se suscitaron en la Provincia entre la noche del martes 1 y la madrugada del miércoles 2 de marzo. La voluntad del Ministerio era el ocultamiento.

El hecho, denunciado por el Sindicato de Prensa de Mendoza en un comunicado público, no se trató, sin embargo, de una reacción aislada. El afán de edulcorar los acontecimientos que se transmiten por los medios provinciales al gusto y parecer de las necesidades del gobierno de turno parecen mucho más una decisión política de manejo de la información que la reacción trasnochada de funcionarios nerviosos, desbordados por una vorágine que se les impone inexorablemente.

En las primeras horas de la mañana del viernes 18 de marzo, otra periodista de una de las radios que no se caracteriza, precisamente, por tener problemas de alineamiento, salía al aire, desde la Legislatura Provincial, cubriendo lo que sería la noticia del día. La decisión del gobierno de Cornejo de militarizar la sesión de senadores que debía pronunciarse sobre el decreto de aumento de salarios docentes había llamado la atención de cronistas y vecinos/as por su inusualidad. Los vallados, las decenas de agentes adentro y afuera del edificio y hasta la presencia de policía montada custodiando la zona fueron advertidos por todos los trabajadores y trabajadoras de prensa de los medios con cobertura en el lugar.

Luego de su salida al aire, el agente de prensa de la vicegobernadora Laura Montero, Julio Paz, se mostró interesado en discutir con la cronista algunos aspectos de su cobertura. Luego de recriminarle en duros términos el énfasis puesto en aquello que saltaba a la vista, la cantidad desproporcionada de efectivos policiales desplegados en el lugar, el funcionario sentenció:

“ojo, te sigo por las redes y sé lo que opinás de este gobierno”

La expresión, claramente amedrentadora, no hace más que reforzar el clima de persecución y apriete que se instaló en la Argentina desde hace algunos meses.

Legislatura vallada el día del tratamiento del ítem Aula Foto: Coco Yáñez
Legislatura vallada el día del tratamiento del ítem aula
Foto: Coco Yañez

 

Es que el contexto nacional evidencia una peligrosa seguidilla de hechos que embisten de lleno contra la calidad informativa. La pluralidad de voces y la libertad de expresión, consagrados como puntos nodales de la vida democrática por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la borrada por decreto Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, son atacados sistemáticamente por procesos estructurales de cierres de medios de comunicación (Tiempo Argentino), fusiones (CN23 adquirido por Indalo Media) y problemas financieros (Radio del Plata, 360 TV, Radio América) que responden, entre otros factores, al retiro de pauta oficial a algunas empresas que crecieron y se desarrollaron únicamente bajo su cobijo. En ese escenario, los despidos se multiplican en relación inversamente proporcional a la cantidad de puntos de vista presentes sobre el acontecer social.

A esto se le suman innumerables hechos como los acontecidos en la Provincia, que no hacen más que diseminar un clima de temor y autocensura entre los trabajadores/as de prensa, quienes se han convertido en la única variable de ajuste de los desmanejos empresariales y las embestidas oficiales. El resultado es la vuelta a un relato único digitado por el poder oficial con la complicidad de medios ávidos de pauta. En esa narración con pretensiones hegemónicas, el delito y la militarización del espacio público no existen. Los problemas económicos que acucian a la sociedad no existen. Y la censura, claro, tampoco existe.