Imágenes de una bomba a punto de explotar

El libro Motín de Gabriel Jiménez vio la luz hace un par de semanas. Sus páginas recogen poemas y retratos crudos sobre las cárceles de mendocinas. Vibraciones de un docente en contexto de encierro.

Gabriel Jiménez – Foto: Coco Yañez

El escritor mendocino Gabriel Jiménez presentó Motín, un poemario sobre la realidad carcelaria alejado de la antropología y sin pretensiones de embellecer el mundo por amor al orden. El libro ganó el certamen literario Vendimia 2015, organizado por el gobierno de Mendoza.

En una charla que tuvo lugar en los alrededores del penal de Boulogne Sur Mer, el escritor nos dio precisiones sobre la producción de su obra y sus vivencias -a lo largo de un lustro de docencia en contexto de encierro-, que nos llevó a la génesis del libro.

Jiménez actualmente es docente en las cárceles del Borbollón y Boulogne Sur Mer pero también trabajó en Cacheuta. “Motín es el resultado de cuatro años de observación, en sus páginas se cuenta un proceso personal de mi tiempo en los penales”, explica el autor y agrega que “también es un concepto de ir en contra de lo establecido, yo venía escribiendo otras cosas, con tonos más humorístico y esto es otra cosa, tiene un tono bajo, serio, pero no buscando una postura”, remarca.

“Todos los días esto está a punto de podrirse, no explota o no nos enteramos que explota porque las paredes son altas pero acá todos los días se acuchilla a alguien”

La cárcel está presente desde la infancia en la vida del autor, su primer barrio fue la Sexta Sección de Ciudad, el Contry Club, como lo denomina en uno de sus poemas. La “Casita de Piedra” se extiende como una nube de humo sobre las cuadras, hoy revestida por “alarmas fuertes”, “dueños armados” y “castillos inviolables”.

De la necesidad de contar historias hasta la poesía hay un camino de búsqueda sin corsé ni fingimientos. “Es complicado contar estas cosas sin caer en un lugar de víctimas y victimarios y en ese sentido la narrativa te ata a la estructura, por el contrario la poesía te permite ciertas licencias”. “Además me permite encontrar una voz auténtica sin que sea una pose”, nos explica.

Los poemas de Motín describen la ebullición que se vive en el interior de las cárceles, un caldo tóxico hecho de abusos y maltratos. “Todos los días esto -por el penal- está a punto de podrirse, no explota o no nos enteramos que explota porque las paredes son altas pero acá todos los días se acuchilla a alguien”, relata con la agudeza de quien se asomó por la mirilla del infierno.

También en sus páginas hay extractos del lunfardo carcelario, esa máquina rebelde e inagotable que honra la lengua, “faca y punta parecen similares” arranca un poema del capítulo Vigilar y callar. Motín no es una suma de expresiones, es una recopilación ordenada que describe ese vasto mundo en donde “todos se acomodan” menos los que pagaron con su libertad y “siguen ahí, en el mismo lugar pero más condenados”.

Hijo de Petri, en honor al tristemente célebre legislador radical, Guchero, Anticoncha, son algunos de los títulos de los poemas que han surgido de muchas horas de charla con las mujeres y hombres que estudian en las sórdidas cárceles mendocinas. “La escuela sobre todo ofrece un espacio de pertenencia, donde las personas tienen la posibilidad de hablar de igual a igual y poder expresar sus opiniones en libertad, sin recibir ningún castigo”, dimensiona y pone en valor a ese hilo de esperanza.

Motín es un documental del observador que participa, letra caliente sobre una realidad que quema, detonación en un concurso con fondos estatales. Gabriel Jiménez abre las puertas del penal y nos muestra las marcas de los pobres que invariablemente siguen en el mismo lugar, pero más condenados.

Poemario de las casas de piedra

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El premio mayor del Certamen Literario Vendimia consiste en la publicación de la obra a través de Ediciones Culturales Mendoza. En 2015 el Ministerio de Cultura de Mendoza entregó 300 copias a Gabriel Jiménez por obtener el primer lugar de la categoría Poesía.

Compartimos uno de sus textos:

Poema